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Mesa redonda: Los desafíos de los profesionales frente al libro digital (I,II)

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Mesa redonda: Los desafíos de los profesionales frente al libro digital « La mar de libros.

23/05/2012

Antonio Agustín Gómez Gómez (Biblioteca Pública del Estado – Biblioteca Provincial de Huelva)

El pasado jueves 17 de mayo tuve el placer de participar en una Mesa Redonda que con el título de “Los desafíos de los profesionales frente al libro digital” se celebró dentro de las Jornadas franco-españolas sobre el libro digital en el marco de la Feria del Libro de Sevilla. En esta Mesa intervinieron Antonio Mª Ávila (FGEE), Michéle Chevalier (CEGAL), Juan Manuel Cruz (Librería Rayuela, Málaga), y Bertrand Calenge (Director Bibliotecas de Lyon). Por mi parte, intenté transmitir la visión de los profesionales de bibliotecas públicas sobre este interesante tema que sin lugar a dudas afectará al futuro de los servicios que podemos llegar a prestar (presentación en Prezi).

Las bibliotecas públicas españolas ante el libro electrónico:

La situación de partida de las bibliotecas públicas difiere del caso de las académicas y universitarias, que ya cuentan con una dilatada experiencia en la provisión de contenidos digitales especializados enfocados para el aprendizaje y la investigación. Otro caso aparte son los proyectos de digitalización que se han puesto en marcha en aquellas bibliotecas que cuentan con una gran colección patrimonial. Nuestra trayectoria es mucho más reciente y, exceptuando unas primeras iniciativas aisladas, podemos situar la generalización de este reciente proceso que estamos experimentando las bibliotecas públicas españolas con la aprobación, el 25 de noviembre de 2009 por el Congreso de los Diputados, de la Proposición no de Ley sobre apoyo al libro electrónico en las bibliotecas públicas.

En una 1ª fase, y como experiencia piloto, lo que se pudo hacer fue el suministro por parte de la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria de eReaders (aparatos de lectura de libros electrónicos) a un primer grupo de Bibliotecas Públicas del Estado, entre las cuales se encontraba la de Huelva. El objetivo de esta iniciativa era testar la experiencia de lectura de nuestros usuarios con este nuevo tipo de dispositivos y formatos (Ver caso de Huelva). En la actualidad se ha extendido este programa a la totalidad de las bibliotecas públicas de titularidad estatal y, a fecha de hoy, el préstamo de ereaders es ya un servicio habitual en un buen número de municipales. Y si bien hay quien no entiende el préstamo de estos aparatos, por nuestra parte lo consideramos plenamente justificado en tanto que las bibliotecas públicas:

  • pueden considerarse como centros de recursos tecnológicos al servicio de la comunidad, especialmente cuando hablamos de dispositivos tecnológicos específicamente diseñados para la intermediación con los registros culturales de carácter literario.
  • buscan adiestrar y familiarizar a sus usuarios con el uso de estos nuevos dispositivos y formatos. En el caso de nuestra biblioteca se han ofrecido una serie de acompañamientos digitales para formar a nuestros usuarios en su manejo, y aprovechando esta oportunidad se les instruyó también en cuestiones más amplias de acceso a los contenidos, plataformas de acceso a libros electrónicos, y bibliotecas virtuales (alfabetización en el buen uso de la información)

Aunque sí tenemos que reconocer que en el fondo, con estas medidas de inversión, estamos ayudando a los fabricantes a popularizar su producto, y no hubiera sido descabellado exigirles que nos lo hubieran regalado, ya que a la postre les hemos proporcionado una publicidad extraordinaria.

2ª fase: El acceso a los contenidos digitales.

Lo que ahora se encuentra en el centro del debate es el préstamo de libros en formato electrónico para usuarios de la Red de Lectura Pública. En la última reunión del Consejo de Cooperación Bibliotecaria se lanzó la posibilidad de destinar, por parte del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, una nada despreciable partida económica que permita la puesta en marcha de un servicio de préstamo de libros electrónicos para usuarios de bibliotecas públicas. El Grupo de Trabajo del Libro Electrónico del CCB tiene la encomienda de analizar cuál es la situación actual del mercado español en cuanto a las plataformas disponibles y los contenidos digitales en distribución. Libranda con iBiblio, Biblio 3000 con Odilo TK (implantado ya en la Red de Bibliotecas de Cartagena) y Xercode con su desarrollo en Galicia eBooks, son las soluciones tecnológicas disponibles por el momento en el mercado español. El catálogo de Libranda es el que ofrece los mejores contenidos digitales, ya que agrupa a los principales grupos editoriales del sector. Los otras dos opciones te ofrecen la herramienta tecnológica y el bibliotecario tiene libertad absoluta para subir cualquier contenido y tiene que negociar los términos de compra de los ebooks con las editoriales. Libranda también permite subir contenidos de otras plataformas de distribución o editoriales que no trabajan con ella, pero dichas distribuidoras y editoriales deberán llegar previamente a un acuerdo comercial y económico con Libranda, con el objetivo de que la biblioteca no asuma ningún coste adicional por la incorporación de dichos contenidos a la plataforma. Éste, reconozcámoslo, puede ser un punto complicado en el que Libranda actúa como un monopolio obligando a unos o a otros a pasar por caja. Habrá que esperar la llegada a este mercado de gigantes como Google, Amazon, etc. para ver cómo evoluciona el modelo.

Postura de las bibliotecas

Las bibliotecas públicas estamos deseosas de prestar este servicio, pero no a cualquier precio, y además estamos preparadas para ello. Somos una de las instituciones culturales con mayor capacidad probada de adaptación al cambio. Así ha sido desde los años 80 cuando empezaron las primeras experiencias de automatización bibliotecaria y luego con la masiva introducción de las nuevas tecnologías en nuestros procesos de trabajo, y todo ello porque esencialmente nuestra materia prima es la información.

La biblioteca que se dibuja para el futuro, ya viene siendo una realidad en el presente. No somos unos meros almacenes del libro donde se sacraliza la virtud del silencio como método para la adquisición del conocimiento. Las bibliotecas de hoy en día son ante todo espacios de socialización y debate en torno al libro y a la lectura, en los que el componente tecnológico cada vez tiene una mayor presencia. Pero a pesar de todo seguimos defendiendo nuestra razón de ser, y el eje en torno al cual gira nuestra actividad, que no es otro que el libro, sea cual sea el soporte, como fuente de transmisión del conocimiento. Vamos a seguir desempeñando nuestro papel de garantes de la cultura material escrita durante mucho tiempo, pero somos conscientes de esta nueva realidad emergente que en un futuro va a ocupar una posición de privilegio en el campo de la lectura como ocio, y que ya lo viene haciendo en el terreno de la investigación científica (las revistas en formato electrónico hace tiempo que han desplazado a la versión en papel).

Esos son nuestros valores y nuestras señas de identidad, que queremos seguir desempeñando en el nuevo horizonte que supone los cambios de formato.

Las bibliotecas públicas somos unos aliados del sector editorial

Se equivocan aquellos que nos ven como unos posibles competidores y piensan que un préstamo es una venta perdida. Las bibliotecas públicas incrementan la venta de libros ya que, en definitiva creamos potenciales clientes para el sector editorial. Y no en vano podríamos definir a las bibliotecas públicas como auténticas fábricas de lectores, ya que en combinación con la escuela y la familia, ayudamos a elevar los índices de lectura en nuestra sociedad. Fomentamos el hábito de la lectura entre los más pequeños con un sin fin de actividades de animación lectora. Qué biblioteca no cuenta ya con uno o varios clubes de lectura; una auténtica legión de lectores que se reúnen siguiendo una liturgia semanal en la que comparten sus sensaciones en torno a los libros y sus autores favoritos. Somos un cliente fiel y estratégico para el sector editorial. Muchos de los libros que compramos los ponemos en valor desplegando un gran esfuerzo de transmisión viral; los exponemos en nuestras salas para que entren por los ojos, elaboramos boletines de novedades, recomendamos títulos y autores tanto a pie de mostrador como a través de nuestras páginas web y plataformas de la web social en las que estamos presentes. Ponemos en valor sus productos y, por consiguiente, deberían ser deudores del retorno de inversión que les proporcionamos. (Ver “9 Razones de peso para que la industria editorial deje de considerar las bibliotecas como enemigos y comience a agradecerles su labor” por Bobbi Newman, en su blog Librarian by Day).

Un posible éxito del préstamo gratuito de ebooks por parte de las bibliotecas no tendría por qué perjudicar los intereses comerciales de editores, distribuidores y libreros, al igual que no lo ha hecho el préstamo tradicional de libros en papel. Estamos de acuerdo con las afirmaciones recogidas por Jonathan Chambers en su informe sobre la rentabilidad de los préstamos de libros electrónicos de que “el préstamo de libros electrónicos no debería ser diferente al impacto económico que en la industria editorial supone el préstamo de libros impresos“.

Según Antonio Quirós, Consejero Delegado de Luarna, hay tres claves para que los ebooks se difundan y de alguna manera reconducir el llamado problema de la “piratería”, o de lo que otros llaman contenidos culturales compartidos: precios adecuados, sistemas de protección no intrusivos y amplia oferta de contenidos. Y nosotros podríamos añadir que facilitándolos en préstamo público desde las bibliotecas. Tal como apunta el informe “Situación actual y perspectivas del libro digital en España II“ el avance de la penetración del libro digital en nuestro país dependerá del fomento del acceso a dicho soporte entre los lectores y en esa labor las bibliotecas podemos desarrollar un gran trabajo. Nosotros tenemos claro que las bibliotecas públicas pueden contribuir a la expansión del libro electrónico, poniendo a disposición del público en general tanto dispositivos de lectura como contenidos digitales.

¿Es ahora el momento?

La penetración del libro electrónico en nuestro país, aunque lenta, cada vez es mayor (un 18% de los libros editados en 2011 eran en formato electrónico). Sin embargo está llegando en un mal momento para las bibliotecas, debido a los severos recortes que está sufriendo nuestro sector. Si ya nos encontramos con verdaderos problemas para poder actualizar nuestras colecciones en papel, ¿cómo podemos llegar a plantearnos el introducir en nuestras bibliotecas este nuevo tipo de soporte?. El desdoblar esfuerzos se nos revela en la actual coyuntura como imposible para una biblioteca a título individual, por lo que habría que acudir a dotaciones presupuestarias extraordinarias que se enmarquen dentro de planes cooperativos de ámbito superior. Así pues, la propuesta que intenta poner en marcha el Ministerio, con el objetivo de conseguir un desarrollo paralelo y que no se produzcan desequilibrios territoriales en el acceso de los ciudadanos a los contenidos culturales en formato digital, es una oportunidad que merece la pena no desaprovechar.

Nos encontramos ante una tesitura y hay que tomar decisiones. ¿Hay que esperar a que la situación cambie, o aprovechamos la oportunidad que se nos brinda pero actuando con cautela y exigiendo mejores condiciones? En este momento de la reflexión podríamos traer los planteamientos de la bibliotecaria norteamericana Bobbi Newman sobre si deberían salirse las bibliotecas del mercado del libro electrónico. Lo que nos propone es mantenerse un poco a la espera hasta que todo ser normalice y aparezca un sistema mejor de gestionar los servicios de préstamos de obras electrónicas. No siempre podemos responder a las demandas y peticiones de nuestros usuarios, especialmente si nos anticipamos a ellas (nuestro gremio es muy proclive a esta tendencia) y si el mercado del consumo del libro electrónico en nuestro país aun se encuentra a una gran distancia de nuestro referente norteamericano, y más en un momento en el que los recortes presupuestarios nos obligan a ser muy cautos con los dineros procedentes de los impuestos. Y tiene razón en una cosa, que los bibliotecarios dedicamos más tiempo a todo lo relacionado con los eBooks que la mayoría de la población. Su opinión es que las bibliotecas deberían dejar de comprar libros electrónicos hasta que se haya asentado el mercado y destinar ese dinero a iniciativas más tangibles, aunque sí haya que seguir trabajando en buscar una solución.

En nuestro caso, muy diferente del de las bibliotecas norteamericanas, tenemos nuestras propias guerras. La opción que se nos plantea puede ser una gran oportunidad con la que experimentar, de manera práctica, la puesta en marcha de un servicio que queremos llegar a prestar, y del que tenemos la seguridad que su mercado, por el tema de la competencia, va a verse sacudido con nuevas ofertas a la baja.

Las siguientes reflexiones son la continuación a la anterior entrada publicada en nuestro blog (Mesa redonda: Los desafíos de los profesionales frente al libro digital) y vienen a constituirse como una especie de propuesta sobre cuál debe ser nuestra postura respecto al modelo de gestión del préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas que nos quiere imponer el sector editorial. Son opiniones a título particular, como profesional interesado en este tema y no como representante de ninguna estructura administrativa, pero pienso que muchos o algunos de los argumentos que aquí se exponen pueden ser asumidos por nuestro colectivo. Es clave que fijemos públicamente nuestra posición en este tema tan importante que incide en el futuro de los servicios que podamos llegar a prestar. Las bibliotecas públicas estamos deseosas de prestar este servicio, pero no a cualquier precio.

Esta especie de manifiesto incluiría los siguientes puntos:

La realidad y el deseo en el uso de las plataformas de préstamo de ebooks en bibliotecas

Ninguna de las plataformas de préstamo de libros electrónicos para bibliotecas existentes en nuestro país se adapta a nuestras necesidades, y no nos referimos a las soluciones tecnológicas implementadas. Nos referimos esencialmente a los aspectos económicos, cómo se ha diseñado el modelo de negocio y el tema de las licencias, y a la situación de casi monopolio que ha creado el lobby empresarial al que representa Libranda, ya que el acceso a sus contenidos tiene que pasar, de una manera u otra, por la plataforma recién creada iBiblio. El catálogo de Libranda alcanza en la actualidad una oferta que supera los 9.000 títulos electrónicos publicados por parte de los sellos editoriales más grandes del país . Sobre este punto hay que hacer notar que no todas las editoriales quieren estar en Libranda por las condiciones que imponen. Esto podría motivar que si una biblioteca quisiera incluir en su oferta de contenidos digitales a aquellas editoriales no representadas por Libranda, éstas se verán obligadas, sí o sí, a llegar a un acuerdo con Libranda, ya que su plataforma iBiblio es paso obligado para todos y no es gestionada por la biblioteca.

Además creo que los bibliotecarios que trabajamos en públicas nos deberíamos negar de entrada a aceptar las nuevas reglas del juego que nos quieren imponer y es que en el modelo ofertado no somos propietarios del contenido, sino que por el contrario se contratan licencias anuales de acceso. Nos convierten en prisioneros de un régimen de alquiler en el que cada año tendríamos que volver a comprar de nuevo los libros.

Nos presentan como una ventaja el que cada año podamos cambiar los títulos contenidos en el paquete de la licencia y así rentabilizar el uso de la colección (p.e. dar de baja los que no hayan salido en préstamo). Desde mi punto de vista, esas supuestas ventajas no harían otra cosa que afianzar un modelo basado en best-sellers, en detrimento de la bibliodiversidad y calidad de la colección fruto del trabajo de selección bibliográfica, que es el que en definitiva siempre hemos practicado desde las bibliotecas. No somos un escaparate de una librería, ni un supermercado del libro, aunque sea bueno adoptar puntualmente técnicas similares de marketing.

Está claro que el modelo de gestión de licencias que nos ofrecen es un régimen de alquiler de las colecciones. ¿Qué diríamos si la propuesta que nos ha puesto Libranda encima de la mesa, se trasladara a la venta de libros en papel y el año que viene tuviéramos que volver a pagar por ellos o devolverlos a la editorial porque nos han cortado el presupuesto?

Hagámoslo fácil

Yo personalmente creo que se debería analizar la cuestión del acceso a los contenidos digitales en el ámbito de las bibliotecas públicas de la forma más simple posible. Somos conscientes de la existencia de nuevos modelos de negocio, que son los que propone la industria y ya ampliamente ensayados en el ámbito de las bibliotecas universitarias (tal como se comenta en el estudio de José Antonio Cordón y Julio Alonso Arévalo “Las políticas de adquisición de libros electrónicos en bibliotecas: licencias, usos y derechos de autor“. V Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. Gijón, 2010). En este controvertido tema nos alineamos con la postura y las conclusiones que se plantean los responsables de la toma de decisiones de dos importantes redes bibliotecarias del país en el siguiente artículo: “Desarrollo del servicio de préstamo en línea de libros electrónicos en las bibliotecas públicas de Cataluña y de la Comunidad de Madrid“, cuando analizan los posibles modelos de negocio. Y es que los modelos que tienen sentido en bibliotecas universitarias para acceso a revistas, bases de datos y colecciones especializadas, no pueden aplicarse al caso de las colecciones generalistas de las públicas.

El modelo a implementar en nuestro caso no debe alterar el equilibrio actual: 1º seguir considerando a las librerías como uno de los canales naturales de suministro y abastecimiento de las bibliotecas, y en 2º lugar, un libro electrónico, una licencia, con un nº x de descargas/préstamos que habría que convenir, pudiendo ser concurrentes o no; eso dependería de la política que adoptase la biblioteca. Algo así como lo que podríamos llamar el “modelo Harpers Collins” que en el fondo a mi me parece el más racional, porque en definitiva lo que viene a trasladar al entorno de lo digital es el grado de deterioro físico que sufre un libro en papel después de una cierta cantidad de préstamos. En todo caso, lo que habría que fijar o convenir es el umbral o límite de préstamos que nos obligaría a volver a comprar o renovar la licencia de acceso (nuestra experiencia nos dice que ese umbral de préstamos se sitúa entre los 50 y los 100 préstamos, dependiendo de si la edición es tapa dura o de bolsillo, aunque todo es discutible).

No obstante, este aspecto puede ser más complejo de lo que parece, puesto que el derecho que detentan las editoriales sobre los libros electrónicos de su catálogo es de comunicación pública y no de reproducción y distribución (compra, alquiler y préstamo). Esto quiere decir que la propiedad sobre la edición digital solo la gestionan para su distribución pública a través de redes telemáticas por un periodo de tiempo determinado, de ahí que las conversaciones y las ofertas siempre hablen de licencias temporales de acceso que una vez agotadas tienen que volver a renovarse. En todo caso, lo que sí nos parece descabellado es que se agote al primer año, y luego nos obliguen a comprar otra vez el título aunque sea al 50%. Mi pregunta es ¿hasta cuándo?.

En cualquier caso, este tema en la actualidad se encuentra totalmente abierto y todavía poco definido por la propia industria, y es ahí donde podríamos presionar para conseguir más ventajas (reducir precios o considerar ese umbral de préstamos “virtuales” tras el cual se expurgaría o se daría de baja el libro electrónico de nuestra colección). Para ellos hay una gran oportunidad de negocio en juego.

¿Por qué a los bibliotecarios no nos convence el modelo propuesto por Libranda?

La propuesta que tenemos sobre la mesa nos plantea serias dudas:

  1. Porque es insostenible económicamente y no nos encontramos en la coyuntura presupuestaria adecuada. Mucha gente vería esta inversión como un despilfarro que solo atiende por el momento a una minoría (¿cuántos de nuestros usuarios son lectores de ebooks?).
  2. Porque su plataforma tecnológica es exclusiva ya que obliga al resto de actores editoriales a integrarse de alguna manera, y puede darse el caso que las bibliotecas no tengamos la posibilidad de incluir sus publicaciones.
  3. Porque no nos gusta que se implante de manera definitiva el modelo de cobro por licencias anuales de acceso, y que no se plantee la cuestión de la propiedad de las colecciones.

Posiblemente todo este tema cambie muy rápidamente en los próximos años, y en cualquier caso creo que deberíamos buscar alianzas con los libreros o al menos pedir su opinión. Dichos establecimientos han sido y pueden seguir siendo nuestros aliados naturales, ya que tradicionalmente se han venido beneficiando de la venta a bibliotecas, y con los recortes, y el nuevo modelo que parece definirse, lo van a tener muy difícil.

Coincidimos con gran  parte de las opiniones vertidas por Manuel Gil en su blog Antinomias Libro (Houston tenemos un problema: Librerías, editores y bibliotecas en el mercado digital) cuando dice que la definición de un modelo de venta de libros electrónicos para las bibliotecas debería ser un consenso del sector y no venir impuesto por casi un monopolio, y que hubiera sido preferible copiar el modelo alemán que sí incluye a las librerías para la venta a las bibliotecas.

No obstante, también hay que tener en cuenta que la oportunidad que nos ofrece este año el Ministerio a las bibliotecas públicas, podría servirnos como una especie de periodo de prueba para testar el éxito o la necesidad de la iniciativa. Además, la puesta en marcha de este servicio de préstamos digitales financiado desde el Ministerio, en cierta medida, vendría a rellenar el hueco que está provocando la crisis en nuestras partidas presupuestarias para adquisición de fondos bibliográficos.

¿Qué pedimos las bibliotecas públicas en el nuevo ecosistema del libro digital?

Las bibliotecas públicas deberíamos abogar por:

  • Un modelo de negocio que nos beneficie a todos y que siga considerando a las bibliotecas públicas como aliados estratégicos para el incremento de los hábitos lectores y por ende en la creación de potenciales clientes. (No pondremos ninguna pega en que los contenidos digitales incorporados puedan tener vínculos a plataformas de compra para que los usuarios, si así lo desean, puedan adquirir la obra de su interés en el caso de que ésta tenga un exceso de reservas y no quieran esperar).
  • Somos un elemento clave de la cadena del libro y queremos ser aliados de los editores para la expansión y normalización del uso de los libros electrónicos. La biblioteca puede convertirse en un lugar seguro para los usuarios y los editores, donde se garantizará el respeto por la propiedad intelectual y se fomentará su buen uso.
  • Para nosotros es clave el tema de la propiedad de los ebooks y no acabamos de entender ni asimilar el que las licencias de acceso a los contenidos digitales se formalicen como si fuera una mera suscripción temporal. Abogamos por la propiedad de los contenidos, y pasado un límite de uso, se entendería que el libro digital se expurga del fondo y la biblioteca decidiría si vuelve a comprarlo o no. Las obras procedentes del Depósito Legal no podrían verse afectadas por esta medida ya que no pueden estar sometidas a ese sistema mercantilista, aunque en puridad no se podrían prestar porque se trata de ejemplares para la conservación, aunque sí consultar en redes telemáticas internas de la red bibliotecaria.
  • Negociar de forma cooperativa. No podemos actuar por separado. No se trata de una carrera para ver quién ofrece en primer lugar este servicio a sus usuarios. Necesitamos actuar unidos para tener más fuerza. Somos muchas las bibliotecas públicas de este país que podrían convertirse en potenciales clientes a través de sus  respectivas redes de lectura pública en cada una de las Comunidades Autónomas.

Acercar posturas

Hay opiniones que nos dicen que este asunto debe ser abordado con talante cooperativo y con disposición para hacer algunas renuncias, pero tenemos que tener claro que no podemos limitar o menoscabar el derecho de todos a la lectura y el acceso libre y gratuito a los libros que siempre han representado y defendido las bibliotecas públicas.

Creemos que hay que acercar posturas y hacer algunos esfuerzos por parte de todos, pero al mismo tiempo debemos ser muy críticos con lo que nos presentan.

Por estrategia y oportunidad no estaría mal experimentar con esta posibilidad, pero teniendo muy claro que trabajaremos por mejorar nuestras condiciones tanto en soluciones tecnológicas como en acceso a los contenidos. Las decisiones que tomemos ahora sobre este asunto son clave para el futuro de las bibliotecas públicas.

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