Cazarabet conversa con Enrique Murillo, de Los Libros del Lince

Cazarabet conversa con Enrique Murillo, de Los Libros del Lince

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cazarabet.com

-Enrique, ¿cómo es que te lanzas a fundar y trabajar en una editorial pequeña como Los Libros del Lince ?. Por cierto, ¿por qué  Los Libros del Lince?, ¿qué significa  para ti el nombre “Lince”  para haberle dado el nombre a la editorial?

-Tras haber malvivido más de doce años en puestos de alta dirección de grandes multinacionales de la edición,  decidí que no lo soportaba más ni quería repetir la experiencia. No me quedaban laboralmente por delante muchos años, y quería aprovecharlos haciendo exactamente lo que me gusta: publicar libros con riesgo, muy críticos, muy diferentes. Y eso en una gran estructura es imposible. No tenía dinero, pero metí mis escasos ahorros en esta empresa, y busqué amigos y conocidos a los que pudiera gustarles la idea. Con altas y bajas a lo largo de estos siete años, somos ahora una docena de amigos que pusimos esto en marcha sin más proyecto que el de hacer las cosas todo lo bien que fuéramos capaces de hacerlas, y sin más propósito que recuperar algún día ese dinero. Cosa que, por desgracia, no ha sido posible. Pero seguimos adelante.

Fuente original: http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/libroslince.htm

Los libros del lince  es un nombre que pensé hace muchísimos años. Lince porque  es una especie en extinción, y un animal bellísimo. También los libros son bellos y a veces muy bellos, y también son una especie en peligro de extinción.

Además, un editor debe ser un lince y tener mucho ojo, mucho oído, una buena dosis de astucia, y un coraje rayano en la temeridad.

-¿Con qué medios partes para hacerlo porque no debe ser nada fácil?

-En la actualidad sólo contamos con nuestras ventas. Dependemos de vender lo que vamos publicando para poder pagar la imprenta de los siguientes libros. Si algún día no vendemos, tendremos que cerrar. Por fortuna, nuestros gastos generales son ridículos. Y, además, cada año vamos teniendo un par de libros que van bastante bien, y financian a los que no venden apenas… Por no tener, no tenemos ni siquiera una oficina.

-¿Cuál es el equipo humano de Los Libros del Lince?

-Trabajo solo, con un diminuto grupo de colaboradores externos. Yo estoy jubilado, así que no cobro. No soy un gasto. Tenemos un contable asalariado que le pone buenísima voluntad y hace tareas varias, con un total de 8 horas semanales. Y luego cuento sobre todo con Ana Domínguez, ex alumna mía y buenísima editora. Como no puedo contratarla, cobra por cada libro que coordina, corrige, etc. Hay una persona que se encarga del diseño gráfico, portadas.  Todo el mundo cobra a niveles profesionales, con tarifas superiores en muchos casos a las que pagan los grandes grupos editoriales. Y hay algunos correctores de pruebas y de estilo que nos echan una mano para cada libro que publicamos. Lo paradójico es que trabajamos los libros muchísimo, con enorme esfuerzo y cuidado por el detalle, para que salga todo bien y sin erratas.  Llegamos al extremo de hacer hasta cuatro correcciones de pruebas en un solo libro.

-¿Desde qué filosofía surge Los Libros del Lince? O sea: ¿cuál es vuestra idiosincrasia, vuestra razón de ser?

-Hay un vacío de atrevimiento editorial en nuestro país, y ese vacío tratamos de llenarlo nosotros, como otras editoriales generalmente pequeñas. Existimos porque hay libros que no encuentran editor y son buenos o buenísimos. Y merecen ser publicados aunque no sea claro que se puedan vender bien. Nosotros no tenemos dinero, pero arriesgamos porque esa es nuestra razón de ser. El autor de “Medicamentos que matan y crimen organizado”, Peter Gotzsche, me dijo que había enviado su libro al Grupo Planeta, y que no quisieron publicarlo. Era, evidentemente, muy arriesgado porque solo la traducción y su corrección de estilo costó más de 10.000 euros, y la imprenta otro tanto. Lo publicamos porque era un buenísimo libro-denuncia de las trampas y fraudes de las grandes multinacionales de la industria farmacéutica. Y resulta que llevamos más de 5.000 ejemplares vendidos, y no hemos perdido dinero con él.

-¿Bajo qué ilusiones salisteis a la calle? 

-Era antes de la crisis. Creíamos que nos iría bien. Luego nuestra historia es una montaña rusa, vamos bien un tiempo, estamos a punto de cerrar, remontamos, y así sin parar.

-¿Con qué perspectivas?

-La de publicar unos 15 libros al año que justificaran nuestra existencia. Ahora solo sacamos unos 7 u 8 al año…  Y no sabemos cuánto vamos a durar.

-Enrique, ¿se miró en alguna otra editorial,  Los Libros del Lince, a la hora de recoger este testigo?

-No hizo falta. Yo aporté un poco de dinero y muchísima experiencia en editoriales literarias a industriales.

-Cuéntanos, Enrique, ¿cómo ha sido (desde vuestra fundación) vuestro camino como editores y cómo está siendo, en estos tiempos en que esto del libro y el oficio de ser editor está siendo “harto difícil”?

-Mantenemos siempre la idea de publicar libros “que hagan daño”, que no acepten las cosas como están, que socaven los fundamentos de un mundo que es cada día más pérfido, cada día menos capaz de cuidar de la gente porque sólo se preocupa del poder y del dinero. Esta crisis desnuda todo eso. Y hay que decirlo. Por fortuna, nos van llegando originales de autores que conocen la editorial porque compran nuestros libros. Tanto en ficción como en no ficción. Y yo me asombro cada vez que leo un mail de alguien que dice que cree que su obra encaja en nuestra editorial y resulta que sí, que aciertan plenamente. Lo que me apena es no poder publicar más. Siento el deber de al menos considerar lo que nos ofrecen, porque hay una obligación moral del editor: estar del lado de los escritores, y del lado de los lectores. Pero no damos abasto. A veces pasan seis, ocho, diez meses en los que trabajando doce horas diarias no tengo tiempo para leer. Y para mí eso es horrible. Los autores saben que les escribo a casi todos, les pido paciencia. Pero incluso desviviéndome, no llego a casi nada…

-¿Qué temáticas quiere y/o acaricia, Los Libros del Lince?

-En literatura, buscamos escritores con una visión heterodoxa de las cosas, gente que se atreva a escribir sobre asuntos prohibidos. Por ejemplo, en mayo salió una novela muy buena, intensa, sobre pornografía infantil en internet: “El niño que se desnudó delante de una webcam”, de Jose Serralvo. Literariamente de gran altura, y además una denuncia de ese mundillo. Ha tenido buenas y muy buenas críticas en los blogs y las publicaciones digitales. Los diarios de papel nos han ignorado.  Por suerte, tiene muchas ventas y lectores… A finales de octubre publicaremos “Yoro”, una novela de un dramatismo casi insoportable en algunas de sus páginas. No es vano a su autora la han seleccionado como una de las “escritoras feroces” que publican en español. Se llama Marina Perezagua, y su novela es extraordinaria, diferente, atrevida y en especial muy crítica contra este mundo infame. En no ficción publicamos ensayos que denuncien todo lo que es horrible de este mundo nuestro, sobre todo las tendencias perversas de la economía, los horrores de las multinacionales en la industria, en la agricultura, en la alimentación, la sanidad…

-Desde el compromiso, Enrique, ¿se puede hacer buena literatura?

-Naturalmente. No se puede hacer literatura, ni buena ni mala, si no se piensa ante todo en literatura. Las novelas que no son sobre todo visión singular del mundo, por mucho que sean bien intencionadas, de nada valen porque una mala novela nunca servirá para nada, por mucho que critique lo que hay que criticar. Los tiempos del realismo social, fueron espantosos. Solo produjeron malos libros.

-¿Qué tirada tenéis, más o menos, por cada título?

-La tirada mínima son 1000 ejemplares. De algunos títulos llego a hacer primeras ediciones de 7.000 o por ahí, pero esto ocurra en pocas ocasiones.

-Ya sabemos cómo los peces grandes se van comiendo a los chicos y en esto del mercado editorial y de los medios de comunicación, con los grandes grupos y demás, es bestial…aquí la prensa y los medios deberían, deberíamos, jugar un papel más que importante. Dime,  Enrique ¿cómo os trata la prensa?

-No me quejo apenas, aunque en algún caso como el arriba mencionado el silencio ha sido flagrante y doloroso. Pero yo llevé cosas de prensa desde mis comienzos en Anagrama, y soy periodista. Incluso llevé Babelia en su primer año. Así que entiendo bastante de su trabajo y peleando mucho y dedicándole horas interminables, logro unos resultados espectaculares en relación con nuestra pequeñez.

-¿Cómo escogéis lo que vais editando? y ¿Cómo os planteáis el tratamiento del material?

-Yo leo y valoro y decido según lo que me ha gustado y lo que encaja en nuestro catálogo y el dinero que hay en cada momento.

A partir de la decisión de publicar, yo dedico meses a trabajar con el autor el texto, sobre todo cuando se trata de ficción. Para no ficción, solemos utilizar los servicios de personas expertas en cada campo. Luego vienen las correcciones de estilo, que dirige Ana Domínguez, como las de pruebas… También me ocupo yo de trabajar con diseño gráfico la portada, hago los textos de contraportada, los dossieres de prensa, los de los vendedores y libreros…

-¿Cómo te vas acercando a las obras que vas publicando: más bien como editor o más como lector?

-Yo soy editor porque soy lector. Para mí es lo mismo.  No hay una ciencia de la edición. Hay un arte, y te tienes que mover por intuiciones. Pero son intuiciones basadas en mucha lectura. Mi padre me decía: “Quique, no leas tanto. Aprovecha el tiempo”…

Yo no sé nada de nada, quizá tengo bastante conocimiento de lo literario. Nada más. Pero soy un ciudadano. Y me preocupa cómo va el mundo, de manera que para la no ficción me tengo que valer con mi curiosidad universal de periodista. Y a partir de ahí me van llegando cosas de autores que ven lo que he publicado. Cuando una editorial lleva siete años de coherencia, es sencillo para un autor entender de qué vas. Los libros del lince tiene ya ese pasado: los escritores saben qué pie calzamos.

-¿Cómo los vas descubriendo, tanto a los escritos como a algunas pluma(sobre todo a las que no son para nada conocidas o de primera plana) ¿ ¿ Y después, querido amigo , cómo haces la selección?

-En ocasiones me duele decir que no, pero nuestros recursos son limitadísimos. Por suerte, hay otras editoriales que también juegan en este campo de lo crítico.

-¿Qué es lo que te motiva de ellos ( me refiero tanto de los escritos como de los escritores, porque, a veces te puede motivar más un escritor (por lo que sea) que un escrito o al revés?.  En todo caso: ¿qué prima la pluma o el escrito o de qué depende?

-Depende de que el escritor tenga una visión propia de las cosas, sea ensayista o novelista. Creo que el mundo es durísimo, que la vida es complicadísima. Pero que lo peor de todo es no entender lo que pasa. Hay escritores que, por tener una visión muy personal, ven los que los demás no alcanzamos a percibir. Yo quiero publicar a esa clase de escritores. Cuando al leer hay algo que trastoca mis puntos de vista anteriores, cuando me dicen cosas que no sé y me hacen comprender que las cosas no son como yo pensaba, ya me están ganando. No publico novelitas decorativas. No publico cositas de autoayuda. Prefiero dedicar todas esas horas y esfuerzo y sacrificio a algo que me cambie la manera de pensar, de vivir.

-¿Qué te motivó, en el caso que nos ocupa hoy, por ejemplo el libro NO VAMOS A TRAGAR? ¿Cómo ha sido trabajar con Gustavo Duc ?

 -Gustavo sabía que yo publiqué “Obesos y famélicos” de Raj Patel, el libro que inauguró los estudios sobre alimentación, industria agroalimentaria, y el doble fenómeno simultáneo de la hambruna y la obesidad. Su primer libro me sedujo por su capacidad de divulgar todo eso de una forma sencilla e impactante. Con él hemos hecho ya cuatro libros… Y seguiremos.

-¿A quién van destinados, querido editor, los libros de Los Libros del Lince?

-A los lectores que no quieren tener una digestión pacífica, que prefieran que se les revuelvan las tripas al descubrir cosas que no sabían. Lectores que quieren que el mundo no siga empeorando cada día más.

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