Cristina Gómez Álvarez, Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España (1750-1820)

Cristina Gómez Álvarez, Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España (1750-1820)

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Marcela Zúñiga / nuevomundo.revues.org

Fruto de una investigación integral que empezó en Sevilla la Dra Cristina Gómez Álvarez en 2003 es esta publicación de edición exquisita. No podía estar mejor encausada que por una economista especializada en historia, lo cual se refleja claramente a través de los métodos (teórico-práctico) empleados, como son el de historia cuantitativa y serial que compagina con el de historia cultural más clásico. Nos muestra la manera en que se llevó acabo el comercio de libros entre España y la Nueva España durante 70 años, a partir de mediados del siglo XVIII hasta el momento en que se consuma la Independencia de México.

Fuente original: Cristina Gómez Álvarez, Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España (1750-1820), Madrid : UNAM/Trama, 2011, 173 p..

  • 1 Entre algunos de los trabajos precedentes que ha realizado Gómez Álvarez podemos destacar primerame (…)

2Interesada básicamente en los estudios de la independencia novohispana la autora se fue adentrando en la problemática de la circulación, apropiación y recepción del libro como instrumento en los procesos revolucionarios, por lo que en esta investigación plantea la relación entre la conquista del libro, el pensamiento ilustrado y la emancipación mexicana. Uno de sus postulados más relevantes lo plantea al asegurar que « no existe una conexión directa entre Ilustración y Revolución » ya que considera que para que exista una correlación directa entre este binomio se necesitan otros factores de orden político y social, no obstante, alude que « los libros no hacen revoluciones, pero sí las acompañan ». Para ello se dio a la tarea de localizar las fuentes necesarias para determinar los libros que circulaban en la época, con lo cual logró constatar a su vez otra de las hipótesis que ya venía desarrollando en trabajos precedentes, aquella que se refiere al fenómeno de secularización de la lectura a partir de la segunda mitad del siglo XVIII en cuanto al libro extranjero que circulaba en la Nueva España.1

  • 2 Lucien Lefevre y Henri-Jean Martin, La aparición del libro, México: Ed. Del Castor/ Universidad de (…)
  • 3 Entiéndase los pioneros trabajos de Roger Chartier, Henrie-Jean Martin, Daniel Roche, Robert Darton (…)

3Las investigaciones que se venían realizando para el ámbito europeo, tanto en cuestiones teóricas como en estudios específicos sobre fuentes españolas y francesas fueron determinantes para encausar la suya propia ; se propuso confrontar prudentemente los aspectos más relevantes de estos estudios sobre el caso novohispano y así poder responder las cuestiones que a ella más le habían inquietado. Partiendo desde lo que Lucien Lefevre y Henri-Jean Martin señalaron en cuanto a que « los nuevos libros estaban llamados a producir profundos cambios, no solo en las costumbres, sino también en las condiciones del trabajo intelectual de los grandes lectores de la época, tanto religiosos como laicos »,2 así mismo, retomando las más relevantes tendencias entre los principales estudios en historia de la edición y de la lectura en Francia.3.

4Gómez Álvarez se ha interesado básicamente en relacionar la cultura letrada con la política en momentos que circundan la independencia mexicana. En una primera instancia se abocó a estudiar bibliotecas particulares de religiosos del clero mayor de la época independentista con la intensión de encontrar la relación entre sus lecturas y la acción política, así como las que dejaban los lectores al morir ; de estos estudios surgieron aseveraciones tales como la debilitación del dominio eclesiástico en la posesión de libros. Esto la llevó a no conformarse en estudiar solo su función una vez introducidos en el reino novohispano sino a querer conocer más de los mecanismos que se seguían en la circulación de los libros y la manera en que llegaban a su destino lector. Así fue como se planteó tres directrices principales a seguir en su nueva investigación : el volumen de libros que se importaban, los comerciantes que se ocupaban de introducirlos y los contenidos temáticos.

  • 4 En adelante AGI.

5Como resultado de las reflexiones que hasta el momento había llevado a cabo y el conjunto de fuentes reunidas –tanto en Sevilla como en México-, en 2007 logró lanzar el proyecto titulado « Una visión sobre la Independencia : el comercio de libros España-Nueva España, 1750-1820 », periodo que va a manejar en adelante, el cual divide a su vez en uno inicial que va de 1750 a 1778 determinado por el tipo de fuentes, recopiladas en la Archivo General de Indias,4 los conocidos « Registros de Ida ». Y un segundo periodo que va de 1779 a 1820 correspondiente a las licencias o pases de libros emitidos (mejor dicho avalados) del otro lado del Atlántico en México por la Inquisición local.

  • 5 El 65% de las embarcaciones estudiadas corresponde a navíos sueltos, mientras que el resto de los v (…)

6La importancia que Gómez Álvarez concede a las fuentes se explica en el hecho de que el tipo de éstas determinan a su vez el tipo de comercio que España llevaba a cabo con sus colonias y las reglamentaciones que se establecieron para ello. Fue precisamente a partir de 1750 en que se evidencia un considerable aumento en el flujo del comercio español con América, lo que coincide con el cambio de sistema de navegación, el que consistió en la sustitución de navíos por flotas, aunque no hayan desaparecido completamente estas últimas durante el periodo estudiado, se podrá ver que a raíz de este cambio predominaron los registros sueltos, caracterizados por la posibilidad de que los navíos realizaran diferentes viajes al año.5 Así pues, ésta será la periodización que aparecerá a lo largo de todo el libro, el cual divide en cuatro partes : Fuentes documentales, Comercio de libros, Comerciantes de libros, y Lecturas. Por lo tanto, cada una subdividida en 1) La Carrera de Indias, 1750-1778 y 2) El comercio libre, 1779-1820. La información proporcionada estará debidamente respaldada por numerosos cuadros, gráficas y estadísticas que resultan de suma ayuda para visualizar y entender mejor todo lo referente a cuestiones cuantitativas (con Índice, pp. 162-164), sin contar los cuatro anexos en los que incluye las listas de los individuos que participaron en el comercio del libro en los diferentes periodos establecidos (pp. 137-161).

  • 6 Se determinó en éste que las mercancías españolas pagaban el 3% de su valor y las extranjeras el 7%
  • 7 Cabe mencionar que el reglamento de 1778 incluye Campeche para comerciar con la Península excluyend (…)

7Adentrémonos ahora un poco más en la descripción de las fuentes, de las que cuales las primeras hacen llamar el subtítulo en cada una de las partes del libro « La Carrera de Indias, 1750-1778 ». Se trata de los « Registros de navíos de Ida a la Nueva España » ; elaborados éstos por la Casa de Contratación de Cádiz, por lo tanto resguardados en el AGI en la sección de Contratación, de los cuales se consultaron en total 135. Se refiere a los registros de navíos que salían de Cádiz rumbo a San Juan de Ulúa en Veracruz, con el propósito de llevar el control del cobro de los impuestos de las mercancías, que en el caso de los libros eran más que nada aranceles aduaneros o derechos, por lo tanto estos documentos gozaban de un carácter fiscal. Fue precisamente en este periodo que se elaboraron de manera más minuciosa, pues a partir de 1779, año en que entra en vigor el Reglamento para el comercio libre (1778),6 pasarán a ser una relación muy escueta, llevadas a cabo por las Aduanas de cada puerto peninsular ; quedarán registrados como « Salidas y presupuestos de las embarcaciones para América », que constituyen precisamente el segundo grupo de fuentes consultado en esta investigación. Integrado por 36 legajos de la sección Indiferente del AGI, archivado en orden cronológico, justamente del periodo de 1779-1820. Los datos que se registran son : el puerto y fecha de salida del navío, nombre del maestre, valor y volumen de las mercancías. La documentación que se encontró de este tipo se interrumpe en 1818, no obstante fueron de suma importancia para determinar los volúmenes y el ritmo de las exportaciones de libros realizadas de Cádiz a Veracruz y Campeche en ese periodo.7

  • 8 En adelante AGN.

8El tercer grupo de fuentes estudiadas se refiere a las « Licencias o pases de libros solicitados a la Inquisición de México, 1779-1820 », esta fuente no tiene un caracter fiscal como las primeras sino de control de censura, ya que la Aduana Real requería se le presentaran para poder dejar entrar los libros en territorio novohispano ; correspondía a la Inquisición de México volver a revisar las listas y elaborar el pase correspondiente. Estos documentos se encuentran en el Archivo General de la Nación en México,8 mayoritariamente en el ramo Inquisición y en menor medida en el de Indiferente virreinal. Debido a que la elaboración individual de éstos fue hecha por particulares (ya fueran mercaderes, libreros, tripulantes o cualquier persona que se hiciera responsable de los libros en tránsito) su estructura resulta muy heterogénea, por lo que pueden aparecer como « Memorias y listas de libros venidos de Cádiz, remitidos en la Real Aduana », o bien, como « Expedientes formados para que se pongan en él todas las listas de libros que se presenten este año… ». Así pues, a estos documentos se les denominaba de manera indiferente como listas, memorias, memoriales o facturas ; en total fueron consultadas 380, básicamente útiles para determinar lo que respecta a mercaderes y libreros durante el « Comercio libre, 1779-1820 ».

  • 9 Para establecer una idea de lo que representaba el « ½ porte » se presenta el cálculo con libros in (…)

9En el contenido de los registros de Ida o de navíos (del primer tipo de fuentes utilizadas) se encuentra la « Guía expedida para el embarque », constituida por la solicitud del maestre del navío al Contador Principal de la Real Casa de Contratación de Cádiz, para que éste mandara « formar despacho ». En dicha solicitud se debía anotar : el nombre de la persona que cargaba la mercancía, en el caso de los libros se debía especificar el número de cajones y su porte (dimensión), la denominación del navío y el puerto de destino. Como parte del proceso a seguir un funcionario de la Contaduría determinaba los derechos a pagar (documento también conocido como póliza), respecto al tamaño de los cajones, de los cuales predominada el de « ½ porte ».9

10En segundo lugar se encuentra en los documentos de este tipo el « Registro individual » que se generaba una vez que se habían pagado los derechos (por el cargador). Éste resulta el documento más rico del conjunto de las fuentes, porque en él (que podía constar de uno o dos folios de formato impreso) se debía anotar el nombre de la persona o compañía (necesariamente matriculadas) que registraba la mercancía, los nombres de tres personas que recogerían la mercancía en Veracruz, y el nombre de la persona o compañía propietaria de la mercancía registrada, detallando el lugar de residencia (cuando se trataba de residentes en la Nueva España). En este documento se mencionaba también el número de cajones embarcados y su tamaño, nombre del navío y su maestre, así como el puerto de destino, la notificación del pago de los derechos a la Contaduría, señalando también la marca que llevaban los cajones, la cual normalmente correspondía a las iniciales del nombre del propietario de la mercancía. Al final de este registro se anotaba lo que correspondía a la licencia o pase otorgado por el Comisario de la Inquisición de Cádiz, al que debía incluirse las memorias o listas de los títulos de los libros. Estas últimas resultan con frecuencia una información muy deficiente, debido a errores y omisiones ; invariablemente se omitía el número de volúmenes y la lengua de los libros, solo pocas veces se anota el año y lugar de su impresión. No obstante, a partir de 1767 se dio por anotar si se trataba de una obra editada en España o en el extranjero, pero sin especificar ciudades. Otro aspecto lamentable es que no se definía el número de ejemplares de cada obra que se enviaban, para lo cual se calcula más bien el número de registros en que se anotó un título. A partir de esto la autora divide los documentos que se refieren a embarques de aquellos registros individuales. Los primeros destinados a la comercialización y los segundos de uso personal que se registraban en el equipaje (declaración que muchas veces resulta cuestionable).

11La tercera parte de la que constaba un registro de navíos era la « Razón de los derechos expedidos por el Ilustrísimo Señor Presidente », se trataba de un listado expedido por la Contaduría Real de Contratación de las Indias en la que se anotaban las mercancías que se embarcaban, el nombre de quien las registraba, así como el monto de los derechos pagados. En este documento se describía el contenido del equipaje de los pasajeros y la tripulación, en el que aparecen con frecuencia libros.

  • 10 De los 244 navíos 202 eran barcos mercantes de los cuales 121 registraron libros, aunque el resto d (…)
  • 11 Este formato podía corresponde a una medida de 23 a 30 cm., el cual estaba clasificado en : in 4to(…)
  • 12 Corresponde a una medida de 14 a 22 cm., clasificado en : in 8vo menor(14-17 cm.), in 8vo (18 cm.) (…)

12Se logró contabilizar la llegada de 202 navíos a Veracruz en el primer periodo (1750-1779), mientras que en el segundo (1779-1820) se localizaron 1205, lo cual muestra claramente el incremento del tránsito marítimo entre España y la Nueva España, y por lo tanto, el flujo comercial. Estas cifras corresponden a navíos españoles y extranjeros, así como oficiales, ya fueran de azogues y avisos.10 Estos últimos también estaban autorizados para transportar mercancías ; eran barcos pequeños que se encargaban de transportar la correspondencia tanto oficial como entre particulares de España y América. Se enumeran también (en el cuadro 5, p. 43) los veinte puertos españoles de los que zarparon los navíos (oficialmente habilitados para comerciar con América) con el número de embarcaciones de cada uno. Así mismo, se puede ver que este incremento comercial corresponde al cálculo de las cajas de libros que se introdujeron en el reino novohispano ; en el periodo de 1750-1778 se calcularon 4378 cajas, mientras que en 1779-1818 fueron 8334 las cajas contabilizadas. Tomando en cuenta si en una caja se podían transportar alrededor de 108 libros in 4to,11 se podría decir que eran aproximadamente 900,180 libros los que llegaban a la Nueva España de puertos españoles (23,000 si el cálculo se hace con libros in 8vo)12 a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Por lo tanto, se llegó a una cifra cercana al millón y medio de libros exportados de España a la Nueva España en el periodo de 1750-1818, lo que quiere decir que la Nueva España recibía al rededor de 200,000 libros cada año para ser ubicados en librerías y demás comercios.

  • 13 Aunque cinco años más tarde se permitiría la entrada de algunos con licencias correspondientes.

13Un hecho importante correspondiente a la reglamentación editorial fue que mediante la intensión de favorecer la edición española se decretó en 1752 la prohibición de introducir en la península libros extranjeros impresos en español.13 Lo cual también se manifestó en la aceleración de las prensas españolas de manera más evidente a partir de los años 70’s. Así se pudo llegar al dato sobre el alcance de la producción española de un 89 % en cuanto a sus exportaciones a la Nueva España en el periodo del comercio libre, y aunque ya eran trece puertos españoles (de los veinte habilitados para comerciar con América) los que exportaban libros, siempre siguió siendo Cádiz el más relevante en esta actividad.

14En cuanto a los comerciantes que realizaban esta actividad de manera oficial durante este primer periodo se puede anotar que eran españoles –o extranjeros naturalizados- llamados también « cargadores de Indias », quienes se hacían matricular por medio del Consulado y la Casa de Contratación de Cádiz. Eran los únicos que estaban autorizados para llevar el comercio (de cualquier mercancía) en la Carrera de Indias, por ello es que cualquier otro comerciante –español, extranjero e incluso novohispano- que no estuviera matriculado debía contratar sus servicios, adquiriendo así un carácter de intermediarios o comisionistas. Se pudieron identificar los nombres de los cargadores que registraban las mercancías (428) y de sus propietarios (500). De estos últimos la autora establece su clasificación en : mercaderes (70 %), instituciones religiosas (14 %), libreros (10 %) y particulares (6 %), lo cual evidencia la dominación de los mercaderes en la práctica de la exportación del libro. Destaca los casos del consignatario sevillano Juan Justo de Vera, quien exportó 141 cajones, la mayor cantidad registrada en el periodo estudiado. Y el del prolífico comerciante de México Juan Castañiza, quien registró 90 cajones de libros. El sistema de flotas favorecía el comercio que realizaban los mercaderes, ya que se presentaba una escasez de productos debido al largo tiempo que separaba el arribo de éstas, provocando así un alza de precios.

15De esta manera, la autora trata algunos casos relevantes de las personas encargadas de la importación de libros en la Nueva España, para así reconstruir los mecanismos y redes que se establecían para tal. En los anexos se incluyen 1.- « Individuos e instituciones que cargaron libros, Cádiz-Veracruz (1750-1778) », a doble columna y por orden alfabético se anota el nombre y el año o periodo del registro ; 2.- « Cargadores gaditanos que durante diez años o más exportaron un mínimo de 20 cajones de libros, Cádiz-Veracruz (1750-1778) », en la que se anota el nombre, el número de cajones, el número de registros y los años ; 3.- « Individuos e instituciones que por cuenta y riesgo registraron libros, Cádiz-Veracruz (1750-1778) », detallando el nombre y el año o periodo del registro, a doble columna. Y lo que complementará la explicación del segundo grupo de fuentes estudiadas (las mexicanas y que trataremos a continuación) será el anexo 4.- « Mercaderes y libreros novohispanos que importaron libros, España-Nueva España (1779-1820) », anotando el nombre y el año o periodo.

  • 14 Tratándose solo una diferenciación de perspectiva geográfica : exportaciones de España e importacio (…)

16A pesar de que el fin del monopolio español en 1778 podía marcar un incremento considerable en la participación de los libreros novohispanos en el mercado del libro extranjero en realidad éste fue muy tenue. No obstante, el incremento que se registra en las importaciones (a las que la autora se refiere siempre más bien como exportaciones)14 en la Nueva España se ve también reflejado en el incremento de las librerías, especialmente en la ciudad de México, no obstante, el comercio del libro siempre estará dominado por los mercaderes.

  • 15 Sin embargo, la autora asegura que circularon alrededor de 1500 títulos, deduciendo que la razón de (…)

17El cuarto capítulo está reservado a las Lecturas, es decir, las temáticas que trataban los libros que se importaron, el cual nos remonta a una de las premisas más importantes de la investigación y una de las aportaciones más interesantes en el estudio general del libro en la Nueva España. Me refiero a que Gómez Álvarez demuestra –mediante el manejo de su conjunto de fuentes- en qué momento se revierte la preponderancia del libro religioso ante el seglar, y esto fue posible gracias a la manera en que se trabajaron las fuentes, esto es, guardar los periodos que caracterizaron el comercio español, tanto monopólico como libre, aunque aparentemente esto pudiera parecer repetitivo y confuso en algunas ocasiones. Se pudo identificar pues que la lectura se inclinó hacia el libro civil en la década de los 80’s, aunque sigue siendo una ventaja muy ligera (58 % de los libros seculares frente al 42 % de los religiosos) es relevante que se pueda aseverar este hecho. En el primer periodo (1750-1778) se consultaron 120 memorias que agruparon 8,563 registros de libros que presentaron los comerciantes y libreros españoles (AGI) para que el Comisario de Cádiz le otorgara la licencia, aquí no se tomaron en cuenta los libros destinados a instituciones religiosas. En el segundo periodo (1779-1820) se tomaron en cuenta 120 expedientes que agruparon 11,296 registros de libros, referentes a las licencias o pases que los comerciantes o libreros solicitaban a la Inquisición de México (AGN). Ya que no se especifica el número de ejemplares (especialmente en las fuentes del AGI) se ha tomado en cuenta el número de registros en que aparece un mismo título.15 No obstante, el criterio principal al momento de registrar los libros era realmente su tamaño.

18La autora determinó clasificar ambos conjuntos de registros de libros en once grupos temáticos, de los cuales se podrá notar su predominio en los dos diferentes periodos por sus porcentajes entre paréntesis : Religión (57-42 %), Derecho (12-6 %), Literatura (10-21 %), Historia (7-8 %), Ciencia (5-7 %), Diccionarios (3-4 %), Filosofía (2-3 %), Técnicas y Artes (1-3 %), Educación (1-3 %), Política y Economía (.80-2 %), y Publicaciones periódicas (.002-1 %). De esta manera nos muestra la evolución de cada rubro temático de libros de un periodo a otro, así como los títulos y autores más registrados (Cuadros 11 y 12, pp. 94-95), de los cuales solo mencionaremos el primero en cada caso ; Luz de la fe y de la ley de Jaime Barón y Arín (con 48 registros) y Jean Croiset (con 112 registros) para el primer periodo y el Año Cristiano de Jean Croiset (con 71 registros) mismo que aparece en segundo lugar en la lista del periodo anterior, y Theodoro de Almeida (con 164 registros). Efectivamente estos títulos y nombres saltan en las listas de libros de la Inquisición del siglo XVIII novohispano como chispas reverberantes.

  • 16 Igualmente los porcentajes corresponden a cada uno de los periodos.

19La simplicidad y certeza con las que se optó por la subdivisión de las materias resulta muy alusiva, calculando así de la misma manera la proporción de sus importaciones en cada uno de los periodos. Encontramos pues que Religión aparece subdividida en : Devoción y Espiritualidad (37-45 %),16 Teología (18-11 %), Homilética (12-6 %), Catequesis (10-11 %), Liturgia (8-10 %), Hagiografía (6-5 %), Biblia y Patrística (5-10 %), Sacramentos (4-3 %). En cuanto al Derecho, solo encontramos su diferenciación entre Civil y Canónico, y aunque en esta época se constituyera una mayor población de estudiantes de este último resultó que el primero rebasó por mucho -en ambos periodos- al segundo, que se caracterizaba por su uso exclusivo en las cátedras universitarias, mientras que los libros de derecho civil eran de uso práctico, como la Curia Philipica de Hevia Bolaños (el mayor título registrado en este rubro), aunque también era de uso académico trataba básicamente sobre juicios civiles, criminales y seculares, y el Compendio de contratos de Pedro Melgarejo o la Librería de escribanos de José Febrero. En cuanto a la Literatura, ésta se divide en Española (58-60 %), Técnicas y Artes (27-15 %), Greco-latina (9-8 %), y Moderna (6-17 %). La literatura española, la cual tiene una ventaja contundente, se divide así misma en prosa, verso, teatro, y prosa y verso (por aquellos registros que solo mencionan « obras » para autores que corresponden a estos géneros). En la prosa destacan las novelas y –como es de esperar- la cervantina queda como preponderante en ambos periodos, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. En cuanto a Historia, evidentemente la de España es la más socorrida, con la Historia General de España de Juan Mariana, por otra parte, las obras sobre historia de América crecieron para el segundo periodo. En cuanto a la historia eclesiástica destaca el Catecismo histórico o compendio de la historia sagrada y la doctrina cristiana de Claude Fleury. La divulgación científica que se hace relevante durante el siglo XVIII en Europa la vemos reflejada de manera muy sutil en la Nueva España, no obstante, se recurrió a la división de la Ciencia en tres rubros para facilitar su clasificación : 1.- Historia natural (botánica y zoología), Medicina, Farmacia y Cirugía ; 2.-Ciencias exactas (matemáticas, física y química) ; y 3.- Geografía y Cartografía.

20En cuanto a los Diccionarios se presenta el mismo efecto que los libros de ciencias, mientras en Europa representaban un verdadero fenómeno de divulgación y manifestaciones directas de la Ilustración, en la Nueva España tuvieron una recepción muy frágil. Destacando así la Prompta bibliotheca canonica, juridica, moralis, theologica de Lucio Ferraris para el primer periodo mientras en el segundo se verá un incremento de traducciones castellanas de obras francesas como el Diccionario Universal de Física de Jacques Brisson. Los libros de Filosofía eran básicamente utilizados en los cursos de la Facultad de Artes de la Universidad, en los cuales predomina la corriente escolástica, como la Philosophia juxta inconcussa tutissimo que divi Thomae dogmata de Antoine Goudin sustituido para el segundo periodo por las Instituciones filosóficas de FranÇ ois Jacquier. Los libros de Técnicas y Artes agrupaban las siguientes materias : Agricultura, mineralogía, arquitectura, artillería, música, juegos de mesa, y cocina. De los cuales sobresalen los dos últimos, como el Libro nuevo. Juego de damas de Garcés y de la Sierra el Arte de Cocina de Francisco Martínez, respectivamente. Para el segundo periodo destacarán también los de agricultura, artillería y mineralogía. Entre los libros de Educación destacan las cartillas y catones, textos de alta divulgación por su empleo en la alfabetización infantil, para el segundo periodo destacarán los destinados a la educación de jóvenes y mujeres, como los Rudimentos Históricos de Maximilian Dufréne y el Tratado de la educación de las hijas de FranÇ ois Fénélon. Entre los libros de Política y Economíadestacan los de Pedro Rodríguez de Campomanes, como su Discurso sobre el fenómeno de la industria popular y Apéndice de la educación popular o para el segundo periodo el de Campillo y Cosío Nuevo Sistema del gobierno económico. Y referente a las Publicaciones periódicas corresponden básicamente Gazetas y Mercurios, como el Correo General de España o para el segundo periodo las editadas por Nifo y Cagigal, el Cajón de sastre y la Estafeta de Londres, así como el Extracto general del correo de Europa.

21Al final del libro se incluye un CD –en formato PDF- que contiene 2,953 títulos recopilados, en 313 páginas ordenas alfabéticamente por el apellido del autor. Evidentemente, la información que arrojan los expedientes sobre los libros es incompleta, escueta o errónea, para completarla y así poder armar las fichas bibliográficas Gómez Álvarez se apoyó en el catálogo internacional Karlsruher Virtueller Katalog (KVK), su página web es : http://www.ubka.uni.karlsruhe.de/​kvk.span.html. Ella misma advierte que en algunas ocasiones fue imposible encontrar la referencia del libro a partir de las memorias. Se puede notar que en algunas ocasiones se proporciona en el catálogo del CD el formato del libro y en otras la dimensión en centímetros, es comprensible lo difícil que resulta determinar un criterio en los formatos de los libros cuando en algunos catálogos se muestran respecto a la medida del folio (in 4to, in 8vo, etc.) sin determinar los criterios precisos tomados en cuenta, a diferencia de algunos que proporcionan ambas (formato respecto al folio y en centímetros), lo que resulta ideal, no obstante, en cualquiera de los casos la uniformidad en este aspecto es recomendable.

22Navegar con libros fue una edición de la Universidad Autónoma de México junto con Trama Editorial, impresa en Madrid en un fino papel (Nácar 2) aperlado que deleita hojear, con guardas –o bien las llamadas hojas de respeto o cortesía- de un elegante azul (¿índigo ?) que combina con la bella ilustración que decora la sobria portada, un barco de la época, reproducción de una obra que se encuentra en el Museo Naval de Madrid, misma que aparece en más pequeño en la contraportada del libro. Así como el detalle de ésta que muestra sobre todo las velas decora el CD adjunto al final del libro. Detalles en la edición tanto estéticos como técnicos fueron escrupulosamente cuidados Teresa Ortuño.

23Así pues concluye esta aventura trasatlántica que nos invita a zarpar Cristina Gómez Álvarez dejándola abierta a otras rutas (de investigación) como complemento de este viaje, una de éstas sería el estudio de la apropiación de la lectura para así poder definir cómo los libros contribuyen a la construcción de las identidades individuales y colectivas, y una otra que estuviera encaminada al estudio específico de la transformación de las ideas en la acción política. Se puede encontrar parcialmente esta publicación en línea en el siguiente link :

24http://books.google.com.mx/​books ?id =z7xbYqDDBOsC&pg =PA3&dq =cristina+g %C3 %B3mez+navegar+con+libros&hl =en&sa =X&ei =NMyhT7azOJTqggew5ciICQ&redir_esc =y#v =onepage&q =cristina %20g %C3 %B3mez %20navegar %20con %20libros&f =false.

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Notes

1 Entre algunos de los trabajos precedentes que ha realizado Gómez Álvarez podemos destacar primeramente los referentes a bibliotecas particulares como CGA y Francisco Téllez Guerrero, Una biblioteca obispal. Antonio Bergosa y Jordán, 1802, Puebla : Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 1997; CGA e Iván Escamilla, « La cultura ilustrada en una biblioteca de la élite eclesiástica novohispana : el marqués de Castañiza (1816), en Brian Connaugthon, Carlos Illades y Sonia Pérez Toledo (coords), Construcción de la legitimidad política en México, México : COLMICH/UAM/UNAM/COLMEX, 1999, pp. 57-88 ; en el ámbito de la censura : « Lecturas perseguidas : el caso del padre Mier », en Laura Suárez de la Torre, Empresa y cultura en tinta y papel (1800-1860), México : Instituto de Investigaciones Dr. José María Mora/UNAM, 2001, pp. 297-313 ; En cuanto la circulación y difusión: « Libros, circulación y lectores : de lo religioso a lo civil (1750-1719) » en Cristina Gómez Álvarez y Miguel Soto (coords), Transmisión y cultura política. De la colonia al México independiente, México : UNAM, 2004, pp. 15-42 ; « Notas para el estudio de la circulación del libro usado en la Nueva España, 1750-1819 », en J. Raúl Navarro García (coord.), Insurgencia y Republicanismo, Sevilla : CSIC/Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 2006; « La transición entre el siglo XVIII y XIX. La difusión de las obras francesas en Nueva España », en Lise Andries et Laura Suárez de la Torre (coords), Impressions du Mexique et France, Imprimés et tranferts culturels au XIXe siècle, Paris : Éditions de la Maison des Sciences de l’Homme/ Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 2009, pp. 45-65 ; y Guillermo Tovar de Teresa, Censura y revolución. Libros prohibidos por la Inquisición de México (1790-1819), Madrid : Trama/ Consejo de la Crónica de la Ciudad de México, 2009.

2 Lucien Lefevre y Henri-Jean Martin, La aparición del libro, México: Ed. Del Castor/ Universidad de Guadalajara-CIEPEL/Alejandro Valles Santo Tomás, 2000, p. 15.

3 Entiéndase los pioneros trabajos de Roger Chartier, Henrie-Jean Martin, Daniel Roche, Robert Darton y Guglielmo Cavallo entre otros.

4 En adelante AGI.

5 El 65% de las embarcaciones estudiadas corresponde a navíos sueltos, mientras que el resto de los viajes fueron realizados por seis flotas que zarparon en los años de 1757 con 13 navíos, 1760 (17), 1765 (16), 1768 (11), 1772 (16) y 1776 (17).

6 Se determinó en éste que las mercancías españolas pagaban el 3% de su valor y las extranjeras el 7%.

7 Cabe mencionar que el reglamento de 1778 incluye Campeche para comerciar con la Península excluyendo a Veracruz, no obstante, a partir de 1779 este puerto continuaba comerciando con varios puertos españoles, hasta que en 1789 se le incluye en el reglamento de manera oficial (de ahí que los expediente de Veracruz correspondientes al periodo de 1779-1781 se hayan encontrado más bien en la sección Contratación del AGI).

8 En adelante AGN.

9 Para establecer una idea de lo que representaba el « ½ porte » se presenta el cálculo con libros in 4to de los que se podrían contener aproximadamente 108 vols en cada cajón.

10 De los 244 navíos 202 eran barcos mercantes de los cuales 121 registraron libros, aunque el resto de los barcos no mercantes sus tripulantes y pasajeros mencionaron llevar libros en su equipaje. Se registraron en total 4896 cajones de libros, si se estandariza su tamaño en ½ porte resulta que cada uno podía contener aproximadamente 108 vols in 4to.

11 Este formato podía corresponde a una medida de 23 a 30 cm., el cual estaba clasificado en : in 4to menor (23-25 cm.), in 4to (26 cm.) e in 4to mayor (27-30 cm.).

12 Corresponde a una medida de 14 a 22 cm., clasificado en : in 8vo menor (14-17 cm.), in 8vo (18 cm.) e in 8vo mayor (19-22 cm.).

13 Aunque cinco años más tarde se permitiría la entrada de algunos con licencias correspondientes.

14 Tratándose solo una diferenciación de perspectiva geográfica : exportaciones de España e importaciones en la Nueva España.

15 Sin embargo, la autora asegura que circularon alrededor de 1500 títulos, deduciendo que la razón de la gran diferencia entre esta cifra y la que resulta del total del número de registros (8,331) es la frecuente repetición de algunos de los títulos, como serían los libros conocidos como « nuevo rezado » como los breviarios y misales.

16 Igualmente los porcentajes corresponden a cada uno de los periodos.

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Pour citer cet article

Référence électronique

Marcela Zúñiga, « Cristina Gómez Álvarez, Navegar con libros. El comercio de libros entre España y Nueva España (1750-1820), Madrid : UNAM/Trama, 2011, 173 p. », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Comptes rendus et essais historiographiques, mis en ligne le 11 juillet 2012, consulté le 30 septembre 2017. URL : http://nuevomundo.revues.org/63287