Dos visiones sobre piratería

Dos visiones sobre piratería

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Manuel Gil / antinomiaslibro.wordpress.com

En estas últimas semanas he leído dos libros muy interesantes, uno monográfico sobre el tema piratería, y otro que le dedica dos capítulos al tema, ambos absolutamente contrapuestos en las visiones sobre el asunto. Manuel Dávila, autor del libro “Los Territorios del libro: paradojas, aporías y desvelos“, Trama 2015, le dedica al tema los dos últimos capítulos de su libro, el resto del texto, cinco capítulos, están casi monográficamente dedicados al tema librería, tema que el autor conoce en profundidad por haber sido librero (off y online) en México durante muchos años, a pesar de su juventud. De esos cinco primeros capítulos los dos primeros alcanzan cotas de brillantez de análisis extremadamente inusuales y tratan sobre el devenir del libro y las librerías.

Fuete original: Dos visiones sobre piratería – Antinomía libro.

DAVILA

Pero me quiero centrar en los dos últimos capítulos de este libro, dedicados a la piratería y las descargas, para contraponer su análisis y visión al del otro libro al que hacía referencia en el comienzo de este post. Se trata el libro de Chris Ruen,”#gorrones: cómo nuestro insaciable apetito de contenidos gratis en internet empobrece la creatividad”. Quinto 20, 2016.
Para Dávila,” la piratería es la competencia desleal de una industria desleal”, o como la definió hace unos años en un evento al que asistí y en el que este chico estaba como ponente, “la piratería es una demanda cultural alternativa”. Dicho esto, hay que matizar que no es una apología de la piratería, sino una aproximación seria y rigurosa a un fenómeno universal y que guarda relación con unas políticas editoriales no siempre comprensivas con el entorno que representa Internet, de hecho llega a afirmar que “la piratería es una aberración que nunca debió haber surgido en un mercado comprometido con la innovación y el consumidor”. Dávila defiende que compartir es legal (entre amigos) y solo es crítico cuando se trata de páginas que ingresan dinero, distinguiendo en las descargas entre contenido libre de derechos y otros sujetos a derechos. No mete todo en el mismo saco cualquier tipo de descarga.
Chris Ruen, cuyo libro viene auspiciado por la Coalición de Creadores, representa una visión más dura del tema, lo que ya hace pensar en lo que te vas a encontrar. Su tesis es que el consumo gratuito de contenidos amenaza la creatividad y el futuro de los autores. El libro, extraordinariamente bien documentado a partir de la música, a mi juicio tiene un problema: no distingue entre el contenido gratuito legal que los usuarios pueden descargar de otro ilegal, y esto lleva al autor a unas tesis manifiestamente opinables, en donde la punición y el castigo se convierten en un elemento nuclear. Asociar los fenómenos de piratería con pérdida de creatividad en las industrias culturales es manifiestamente discutible.

RUEN

Veamos un párrafo de este libro:
“En tanto a piratería sea fácil y las penas raras, está claro que la gente continuará practicándola”. Obviamente se trata de un punto de vista absolutamente contrapuesto al de Dávila.

En resumen, dos libros muy interesantes y con dos corpus de reflexiones distintas, a mi juicio de obligada lectura, puntos de vista diferentes de un tema obviamente candente y de actualidad, y que incorporaré como referencia al tema en mis clases. Reproduzco aquí una diapositiva de varios libros que recomiendo a mis alumnos/as de lecturas con distintos enfoques para acercarse al problema, y que puedan así conformar una opinión personal sobre el tema.

Libros pirateria

A mi modo de ver, y como planteamiento de principios, creo que el derecho del autor a decidir la distribución y puesta a disposición de su creación debe ser protegido, de igual manera creo que cuando alguien obtiene un beneficio económico a partir de la propiedad de un tercero debe ser penalizado, para lo cual ya existían en España mecanismo de control penal y judicial más que suficientes, pero una vez dicho esto, comencemos a matizar.

Una buena parte de la industria del libro ha hecho del discurso de la pésimamente llamada “piratería” un mantra que explica todo, discurso que observo se está enconando hasta un punto ya cansino, un discurso en cierto modo involucionista y reiterativo convertido en mantra para gran parte de la industria, la situación de la cadena de valor actual no se puede explicar a partir de este fenómeno, sino de inconsistencias estructurales del sistema.

La irrupción de datos absolutamente apocalípticos sobre los niveles de piratería plantean un problema en España ciertamente complejo, se impone un estudio realizado por una entidad neutral e independiente que arroje datos fehacientes sobre el tema, es la única forma que parece razonable para acercarse al asunto, en este sentido, la acumulación empírica de datos acerca de que ciertos niveles de piratería incluso favorecen las ventas no puede ser obviada. La industria comete un error de bulto importante, desde hacer recaer en la punición el eje de trabajo y el endurecimiento del código penal, hasta el concepto de “ventanas de explotación” en contenidos culturales, piensen por ejemplo en el eslogan “solo en cines” , o en libros disponibles para canales B2C pero no bibliotecas, este intento de generar una “escasez artificial” en el tema digital es una auténtica invitación a la piratería. Con unos esquemas comerciales y de servicios en numerosos casos muy anticuados y una dialéctica criminalizadora, convertir las descargas en el recurso de exculpación de los males de la industria parece un error. No siempre, y en realidad casi nunca, una descarga es una venta perdida, e incluso puede ser una oportunidad, como así demuestran también otros estudios.

Las descargas no desaparecerán, siempre habrá gente que descargue para acumular, que no leer, y por supuesto que no pagarán bajo ninguna de las formas, insistiendo recurrentemente en formas irregulares de apropiación, partir de este hecho es a mi modo de ver comenzar a enfocar bien el problema, el problema es cuantificar bien el daño colateral que pueden producir, he hablado alguna vez con ciertos editores que dicen exactamente lo contrario, “si no me descargan es que algo hago mal, soy invisible”.
Asistir a foros en los que se escucha a editores de prestigio repetir machaconamente frases como “la piratería hunde el libro”, “España a la cabeza de la piratería en el mundo”, “las descargas acaban con el libro”, “la música se extingue”, “el cine desaparece”, “el 90% del consumo digital es pirata”, etc… están bien como titulares de prensa y blogs, pero no dejan de ser mantras discutibles muchas veces manifiestamente alejados de la realidad, cuando no falacias que no conducen a ninguna parte. ¿En qué datos objetivos y estadísticamente demostrables se sustentan esas frases rotundas? SI es en los datos que con periodicidad muestra la Coalición de Creadores se comete un error, esos datos vienen enormemente sesgados, por no decir que son abiertamente irreales, hasta el punto que incluso el Ministerio los ha matizado en alguna ocasión. Si la fuente es juez y parte la desviación es evidente.

Criminalizar los enlaces, desnaturalizar el compartir y el derecho a la copia privada, incrementar la punición al infractor sin intervención judicial e intentar convertir a los proveedores de tecnología en policías del copyright no es el camino, en este sentido intentar convertir al Ministerio de Cultura en agente comercial de unas industrias convertidas en lobbys de presión política, no es lo más sensato, es por ello que considero que una tarea urgente del Ministerio debe ser la de poner en marcha un estudio independiente y en profundidad sobre el tema.

Creo por tanto que la industria no es ajena al fenómeno de la piratería, de hecho tiene un cierto nivel de responsabilidad en la misma. Soy de la opinión que las matemáticas no son opinión, pero como también considero que se puede mentir con estadísticas, creo llegado el momento de abordar un estudio serio del problema, y aquí los poderes públicos tienen mucho que clarificar y que aportar. Cuando una industria en pleno proceso de reconversión vive de repetir mantras elevados a categoría kantiana, es obvio que se equivoca y, en gran medida, finiquita su futuro. Me gustaría cambiar de opinión respecto a las “descargas”, no todas ilegales, muy al contrario, mayormente legales, pero imploro y demando un estudio serio del tema. Recurrir a trampantojos no vale.

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