Ebook, el muerto útil (o como el sector editorial encontró su excusa)

Ebook, el muerto útil (o como el sector editorial encontró su excusa)

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Aharon Quincoces Lorén / razonamientodeuneditor.wordpress.com

Siendo ya un veterano, el libro electrónico sigue siendo un desconocido. Todos, de forma profunda o aproximada, saben que un libro impreso tiene sus cubiertas, sus lomos cosidos o pegados y es capaz de reconocerlos. Con el libro electrónico no sucede lo mismo.

Fuente original: Ebook, el muerto útil (o como el sector editorial encontró su excusa) – razonamiento de un editor.

El libro electrónico es un constructo inmaterial, formado por líneas de código capaces de transmitirnos información en modos muy variados: texto, imágenes, sonidos. Realizar un libro electrónico supone tener un bagaje de conocimientos técnicos diferentes. Supone respetar unos estándares. El problema es que no ocurre así. Afirmo la constatación del escaso interés, por no decir nulo, del sector editorial hacia la implementación de estándares o del desarrollo formal del libro electrónico en este país. El índice de esta despreocupación lo hallo en:

  • la no pertenencia de ningún gran grupo editorial español al IDPF,
  • la no participación a de ningún gran grupo editorial español a los grupos del BISG
  • la no pertenecía de de ningún gran (o pequeño) grupo editorial español a la oficina española del W3C

O lo que es lo mismo la desvinculación del sector editorial, de sus grupos más potentes sin excusa y con excusa para los pequeños editores, de los organismos internacionales y por tanto de las tendencias de desarrollo del libro electrónico. Es difícil imaginar una “industria” que decida no decidir sobre el futuro de su desarrollo, sobre que base desarrollará sus presentes y futuras formas y tecnologías; ¿podemos imaginar a la industria del automóvil dejando en manos de los constructores de neumáticos o de las gasolineras decidir sobre la base de desarrollo de los coches? Personalmente no. Este parece ser el caso del sector editorial.

La calidad del libro electrónico resiente de estas (im)pertenencias.

Esto no es exclusivo del mundillo peninsular: desde los albores de la irrupción de la digitalización en el mundo editorial, la iniciativa del desarrollo editorial ya no está en manos de los editores.

Un resumen de una encuesta a editores realizada en la edición de 2015 de la feria del Libro de Frankfurt y publicado por Smartbook ofrece una imagen de la situación.

120 editores de un variado universo de pertenencia de los casi 1000 presentes, respondieron a un cuestionario de esta forma:

  • 16% no dedica ningún recurso a la I+D
  • 18% tiene un departamento I+D
  • 41% cubre la I+D en la propia sede aunque la desarrollan departamentos como el de ventas o business development (es decir, está en mano de un departamento comercial, no de decisión, no de producción)
  • 8% confía en servicios externos (es decir, externaliza sus funciones naturales)

No hay desarrollo del libro electrónico dentro de las empresas que realizan el libro electrónico. Y esto se refleja en la tendencia a externalizar la realización del libro electrónico, cuya consecuencia inmediata es la imposibilidad de comprender, por parte del editor y las editoriales que así hacen, qué es y cómo es un libro electrónico. Y es que en muchos casos no poseen personal competente y no invierten en formación, resultado de la política de externalización iniciada en los años ochenta. La consecuencia es por un lado la precarización del personal y por otro la pérdida de competencias internas sobre las cuales desarrollar nuevos formatos, nuevas metodologías, nuevas formas. El desastroso resultado final es que las editoriales pierden iniciativa, capacidad de innovar y autonomía. Es inevitable que este modo de hacer conduzca a la externalización creciente de las tareas editoriales, con consecuente depauperación de los profesionales del campo y alcance su ápice con el libro electrónico. Editoriales deprofesionalizadas aumentan quizá la rentabilidad, seguro aumentan los errores (que alcanzan el rango de sistémicos) y el desconocimiento general del libro electrónico (o producto), del medio en que se mueve y sus posibilidades de promoción (entre las cuales está la comercial).

Es comprensible pues que en ámbito digital el desapego por el producto, el desprecio por la obra, sean una constante porque no existe posibilidad de realizar un trabajo digno sin tener los conocimientos ni los instrumentos para ello.

Es comprensible que el resultado final sea el que es: un libro electrónico depotenciado.

Me refiero a la posibilidad real que los editores de libros electrónicos tienen de adaptar sus obras a lectores con problemas como dislexia o daltonismo.

El libro impreso está en este aspecto muy por debajo del libro electrónico en cuanto a potencialidad. Una vez editado y elegido el tipo en que se publicará, la fijeza del libro impreso no deja espacio alguno a su modificación y su adaptabilidad a diferentes lectores, especialmente los que tienen problemas de lectura, es nulo. Es ahí donde el libro electrónico puede desarrollar todas sus virtudes, ensanchando el horizonte del libro.

El libro electrónico tiene capacidad de adaptación de la tipografía, lo cual es destacable y sobre todo útil para los disléxicos. Hay tipografías (y hablo solo de alfabetos latinos, porque desconozco el estado de la cuestión en otros alfabetos) especialmente diseñadas para disléxicos, cuya percepción de la grafía va desde la dificultad de lectura a la barrera de compresión y aprendizaje (por tanto de desarrollo personal). No es una cuestión baladí. Si las futuras generaciones harán uso de instrumentos de lectura electrónicos sería especialmente triste que les pusiésemos a disposición para su lectura textos que reproducen los mismos límites y errores de sus parientes impresos.

Todo estupendo hasta que no nos acercamos demasiado al muro de la realidad. Los límites a los lectores de libros electrónicos representan una seria cortapisa al desarrollo de todos los potenciales del ebook. Una vez más las limitaciones que los fabricantes de ereaders imponen con la proyectación y construcción de sus aparatos desvirtúan el crecimiento potencial del libro electrónico, sobre todo del formato ePUB, un formato abierto que reclama el estatuto de estándar de publicación del ebook: ¿por qué debemos contentarnos de aparatos cercenados en sus capacidades y libros electrónicos que dan menos de los podrían dar a los lectores en términos de calidad de lectura?

Los resultados de esta estrategia constructiva son dos, ninguno bueno: frena el desarrollo de una formato, el ePUB, que está ya ahora por debajo de sus potencialidades y de la capacidad de éste de ofrecer a los lectores, incluidos los que tienen problemas de lectura, una experiencia más rica y plena en su afición favorita; frena el impulso al libro electrónico imponiendo medidas que de hecho tienden a dar al libro electrónico la misma dimensionalidad del libro impreso.

Ante esta situación me permito sugerir que editores, asociaciones de editores (y también el gremio, claro), desarrolladores, maquetadores, lectores y autores se sumen a un campaña en que se solicite a los constructores de ereaders (y a los distribuidores también en algunos casos) la inclusión de una serie de medidas algunas de la cuales son:

  • inclusión tipografías alternativas a las que usan como estándar interno;
  • aceptación plena de CSS en la hoja de estilo y de HTML, especialmente en las etiquetas.

En mi opinión merece la pena perder algo de control para ganar lectores, a menos que el libro electrónico de hecho no le interese a nadie. Y es posible que sea eso lo que sucede. Tanto desapego y desidia pueden explicarse con dos consideraciones iniciales:

  • la rentabilidad del ebook es menor que la del libro impreso y en un sector en crisis conceptual y estructural una mayor rentabilidad inmediata supera cualquier calculo de supervivencia futura;
  • la nula exploración de la revolución digital en el sector y también entre todos nosotros, ciudadanos de a pie, ha dado sin embargo con un culpable: la piratería. Siempre ha sido más fácil hallar un enemigo que una solución.

Luego toda profecía incumplida es fácil presa, toda previsión cumplida es de rigor ignorarla; y en cada uno de los casos se cruzan intereses que nada tiene que ver ni con el libro, ni con la cultura, ni con la edición ni mucho menos con los lectores.

Si todo esto no dibuja un futuro halagüeño, la convergencia entre web y libro electrónico, que se vislumbra en el horizonte temporal próximo, representa un reto conceptual y práctico para el cual muchos editores no parecen estar preparados, especialmente los que han decidido anclar sus posiciones en la negación de la realidad de la edición, escritura y lectura hoy y mañana.

Personalmente creo que a pesar de la desidia generalizada existe una porción de editores que han comprendido la necesidad de apostar por la calidad de edición no solo como signo distintivo, sino también como ejercicio de responsabilidad y de compromiso ético con el lector. No me cabe duda de que la dimensión general de este tipo de editor no sobrepasa la de pequeño y rara avis si alcanza la de mediano. Se argumentará que los costes de la propuesta que se lee entrelíneas son inasumibles; de hecho son inasumibles por la erosión que han sufrido en su capital a través de las externalizaciones de décadas. Pues bien, editores , consórciense. No solo porque puede ayudar a reducir costes sino porque ayuda a encontrar soluciones comunes, aprender y colaborar. Pongan a trabajar su imaginación, acepten riesgos, piensen en medio y no en corto plazo, aúnen fuerzas, consideren ganar menos para ganar más tiempo.

Mientras tanto el sector editorial es eso, un sector, nada de industria porque como tal no se comporta salvo para pedir subvenciones.

Claro que todo esto no es solo patrimonio de las editoriales. Como ya he apuntado los constructores y fabricantes de dispositivos de lectura también se desentienden de estándares y potencialidades pues ni siguen estándares, ni innovan, ni incluyen muchas de las potencialidades del libro electrónico entre las capacidades reales de sus dispositivos; la lentitud en la inclusión de carácteres, la lentitud de aceptación de los ePub recientes, la inclusión de sistemas de control a través de DRM o la colaboración a la creación de “jardines vallados” o mercados protegidos. Es difícil establecer si los fabricantes de dispositivos no se actualizan porque los editores no lo hacen o viceversa, o si es solo la suma de desidias grupales diferentes pero coincidentes.

(A modo de) Conclusiones

El libro electrónico es la forma más evidente en que cristaliza la edición digital. En su mayor parte la edición digital no ha sido comprendida por los editores y en el caso más optimista empieza a serlo ahora. Es consecuencia de ello la escasa compresión de qué es el libro electrónico, cuales sus formas y dinámicas, cual su construcción. La escasa calidad no es casual, sino una realidad por voluntaria omisión de acción.

Ignorando todo esto el producto final, el libro electrónico, no ha sido desarrollado como producto óptimo, sino como sucedáneo. La diversa naturaleza de la codificación del texto, las posibilidades de extensión del libro electrónico, todo ha quedado relegado al subdesarrollo tecnológico, creativo, conceptual y mercantil. Los editores han sido, son y serán los primeros responsables y a ellos corresponde tomar el timón. La situación actual deja poco espacio al optimismo porque la infravaloración del libro electrónico consecuente a la escasa calidad, hija de la escasa atención y comprensión, ha contagiado a todos los miembros de la red en la que se apoya el libro. No es algo casual sino el reflejo de una cultura de rechazo e ignorancia interesada en mantener un sistema productivo conocido en vez de adaptarse y desarrollar un sistema nuevo y diverso.

El libro electrónico hoy es un infralibro, un producto de mínimos, en términos de calidad, proyectación, creatividad y políticas comerciales. El por qué de este arrinconamiento que va desde su origen, el editor, al lector, pasando por todos los demás sujetos estriba en que solo mediante su ostracismo factual puede seguir defendiéndose un sistema inadecuado, ineficiente e ineficaz; se ha creado un sistema combinado en el que cada sujeto implicado colabora en mantener un escudo artificial y justamente por artificial acabará cediendo incrementando la potencia del impacto.

El libro electrónico hoy necesita una revolución.

Como colofón dejo estas otras reflexiones conectadas en un modo u otro a cuanto expuesto:

de José Antonio Millán “Calidades en eBooks

de Jiminy Panoz “Lets talk about ebook performance”

de Guillermo Schavelzon “Seis problemas del mundo del libro”

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