El arte de vender libros

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La industria editorial vive Sant Jordi como una burbuja de feliz anestesia, entre el optimismo por la recuperación económica, la adaptación a las nuevas formas de consumo digital y las dudas ante la inestabilidad política
Hay cierto consenso en el sector editorial respecto a la recuperación, aunque también existe unanimidad en que nada volverá a ser como antes, como en la época de la vacas gordas. En las oficinas de Penguin Random House la actividad es frenética y Claudio López Lamadrid, director editorial, nos recibe en su despacho repleto de libros: “Es un buen momento porque hemos superado una crisis muy profunda y muy sistémica que ha durado mucho tiempo y ha hecho que el mercado cayera un 40%. En los últimos dos años se ha recuperado y está creciendo, poquito pero está creciendo… Este ya será el tercer año que crece. Así que creo que la crisis se puede dar por superada”.

Para Maribel Luque, agente literaria de la mítica Agencia Balcells, “la situación es preocupante. Hay una brecha demasiado grande entre los dos grandes grupos que lideran el sector con cuotas de mercado cada vez mayores y las pequeñas editoriales independientes.  Los editores de los grandes grupos están muy presionados por sus directores financieros y  publican básicamente los libros con ciertas garantías comerciales, mientras que los pequeños independientes son más aventureros. Desgraciadamente en muchas ocasiones la infraestructura y medios de estos pequeños no les permiten llegar todo lo lejos que quisieran, pero los que lo consiguen desempeñan un papel importantísimo tanto a nivel cultural como de contribución a la diversidad editorial.  Este problema no es intrínseco del sector editorial español sino que afecta a todo el mundo. Y lo más lamentable es que estas circunstancias permiten que libros buenísimos se queden sin publicar… ¡o sin escribir!”.

“Los cambios tecnológicos, la velocidad a la que circula la información, la multiplicación de posibilidades para acceder al conocimiento y al entretenimiento, hay muchas cosas que están transformando nuestro sector y el trabajo del editor. Pero en esencia continua siendo el mismo: hacer accesible a los lectores la obra de autores necesarios”, afirma Silvia Sesé, de Anagrama. “El editor es un hombre orquesta”, prosigue Malcolm Otero Barral, de Malpaso, “antes se dedicaba a decidir y  seleccionar, ahora hay que hacer de todo: redes sociales, promoción, hay que estar muy en contacto con los medios, dedicar mucho más tiempo a los libreros para que te conozcan y den espacio a tus autores. Hay que hacerse un hueco. Tienes que hacer más cosas para que tus libros sobrevivan”.

El llamado “modelo Netflix” ha transformado los cimientos del consumo cultural en pantallas. Un modelo basado en la Triple A: accesible, asequible y atractivo. “Netflix es el gran editor del siglo XXI”, reflexiona Celaya

“El cabio fundamental”, para López Lamadrid, “es la proximidad con el lector final. Ahora te puedes dirigir a un sector muy concreto, al lector de thrillers, por ejemplo, antes lanzabas una campaña que llegaba a todo el mundo. Por eso la obsesión del marketing ahora es conseguir bases de datos fiables”. Sin embargo, para Malcolm, “la asignatura pendiente es el contacto con el lector, nosotros tenemos siempre un filtro, que es el librero, un intermediario de calidad”.

Las nuevas tecnologías y los cambios en los hábitos de lectura son sin duda factores que mantienen al sector muy despierto y en constante adaptación. Javier Celayamontó en 2004 la empresa Dosdoce con la intención de dotar al sector editorial de recursos para adaptarse al ecosistema digital. Y ahora ha abierto en Barcelona una sucursal de la empresa sueca Storytel, que ofrece audiolibros por suscripción.  El llamado “modelo Netflix” ha transformado los cimientos del consumo cultural en pantallas. Un modelo basado en la Triple A: accesible, asequible y atractivo. “Netflix es el gran editor del siglo XXI”, reflexiona Celaya. “Es una plataforma que te cuenta historias. La gente antes leía y ahora se conecta a Netflix… En España entre un 10 y 12% del total de las ventas de libros son digitales. Hay un crecimiento de 50% anual de año a año y 20% de audiolibros”.

“Barcelona no aprovecha su potencial. Para empezar, la gran feria en lengua española no está en España… Es muy triste”

En Amazon no revelan cifras ni datos de venta pero Betty Argilés, responsable de contenidos para Kindle en España, nos confiesa que “basta con entrar en un vagón de metro, en un tren o en un avión y ver que mientras hace unos años la gente iba con libros físicos; ahora puedes contar cuántos llevan dispositivos electrónicos o cuantos están leyendo con la app de Kindle en un dispositivo móvil, ya sea un smartphone o un tablet. Esto te da una medida de lo popular que se ha hecho la lectura digital en estos seis años y de lo que ha supuesto para la industria editorial española”.

Hasta hace poco nadie parecía discutir el protagonismo de Barcelona como capital de la edición en castellano. Ahora, entre la situación política y la falta de una apuesta clara y decidida por parte de las instituciones, la polémica está sobre la mesa. López Lamadrid no esconde su disgusto: “para empezar necesitaríamos un territorio común, ponernos de acuerdo entre las dos mitades… Y volver a ir todos a una, cosa que ahora parece imposible. Hay cosas que funcionan muy bien porque hay detrás iniciativa y voluntad privada (Sonar, Primavera Sound, Salón del Cómic, Manga) no porque las instituciones apoyen ni porque haya un gran consenso”. Algo parecido opina Mònica Martín, de la agencia literaria MB: “Barcelona no aprovecha su potencial. Para empezar, la gran feria en lengua española no está en España… Es muy triste”. Y la también agente Maribel Luque apostilla: “Creo que hay un déficit de atención cultural debido a la hiperactividad política y a la atención mediática que ésta genera. Hemos vivido durante muchos años en una Barcelona cultural, cosmopolita, abierta, diversa y plural que no deberíamos perder de vista ni poner en riesgo bajo ninguna circunstancia”.

Aunque Malcolm Otero Barral, nieto de uno de los grandes protagonistas de la época dorada de la Barcelona literaria, Carlos Barral, cree que tal vez no haya para tanto: “la comparación con los años 60 y la gauche divine es injusta. Aquello era más un grupo de amigos que el movimiento de un ciudad en sí misma. Ahora en Barcelona pasan cosas y hay un número muy importante de autores con un gran peso internacional”.

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