El fin de una editorial histórica: Alfaguara Infantil

El fin de una editorial histórica: Alfaguara Infantil

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Patricia Kolesnicov / clarin.com

Todo empezó en España en 1977 y todo terminó a principos de septiembre, cuando la colección Alfaguara infantil distribuyó sus últimos ejemplares: libros de Laura Devetach, Ricardo Mariño y Ana María Shúa. Con ellos se termina Alfaguara Infantil, una editorial que fue líder en la literatura para chicos.

El fin de una editorial histórica: Alfaguara Infantil.

Pero en realidad esto era sólo un efecto de algo que había pasado un año atrás, cuando Alfaguara -una editorial central para la literatura de la segunda mitad del siglo XX en lengua castellana- fue vendida al gigante Penguin Random House, en un hito de la concentración editorial. El Grupo Santillana, al que pertenecía Alfaguara se quedó con los libros de texto y con las ediciones para chicos. Y podía usar el nombre de su rama infantil hasta junio de 2017. Antes de eso, ahora, decidieron discontinuarla y relanzar sus colecciones con un nombre nuevo: loqueleo. Esto se anunciará hoy en todas las sedes de Santillana en España y América. Y el viernes desembarcarán en las librerías los nuevos ejemplares.

Para marcar la continuidad, entre los primeros libros del nuevo sello habrá algunos de los mismos autores que cerraron Alfaguara Infantil: Ricardo Mariño (con El hombre sin cabeza) y Ana María Shúa (con Guerra de serpientes y otras leyendas americanas). Además, habrá un libro de Elsa Bornemann (Un día, una brújula, selección de poemas y canciones) y uno de Luis María Pescetti (Cartas al rey de la cabina).

Los libros de Alfaguara Infantil seguirán vendiéndose hasta que se acaben pero de acá a junio del año que viene la editorial reeditará todo su catálogo con el nuevo sello. Serán cuatrocientos libros de noventa autores: un total de un millón seiscientos mil ejemplares nuevos, con nuevas tapas y nuevos formatos: los libros de loqueleo son un centímetro más anchos que los de Alfaguara Infantil.

El nuevo sello registra también el fenómeno de la literatura juvenil, cuyas cifras de ventas no paran de crecer y que se ve multiplicado por la actividad de los jóvenes en las redes sociales y la aparición de los “booktubers”, chicos -entre los 10 y los veintipico de años- que se filman comentando lo que leen, lo suben a Internet y tienen miles de seguidores. “El formato de los libros infantiles hasta ahora era una limitación para la colección juvenil, porque el best seller juvenil cruzó la línea de las edades”, dice Cecilia Criscuolo, de Santillana. Así que ahora los libros juveniles tendrán un aspecto más parecido a los de adultos, alcanzando a un sector definido como de “adultos jóvenes”. En ese segmento, uno de los autores estrella de la editorial es Pablo de Santis, quien lleva vendidos unos 100.000 ejemplares de El juego del laberinto, cuya continuación El juego de la nieve, está al salir.

El Grupo Santillana, que depende del Grupo Prisa, vendió la prestigiosa Alfaguara -donde publicaron, entre otros, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes y Julio Cortázar- pero se quedó con una parte muy redituable del mercado: la de los libros de texto, atada a la demanda escolar y la de los libros para chicos y jóvenes, en franco crecimiento.

Alfaguara Infantil nació de la mano de una editora alemana, Michi Strausfeld, que en los años 70 estaba haciendo una tesis sobre Gabriel García Márquez, tenía una hija de cuatro años y sostenía que faltaba un lugar donde publicar literatura infantil de calidad en castellano. Cuando la editorial pensó en abrir una colección para este público, la llamaron. Los primeros libros fueron El superzorro, de Roald Dahl, Dragón dragón, de John Gardner, Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr y Donde viven los monstruos de Maurice Sendak.

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