El libro que viene

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Javier Celaya / El libro que viene | CCCB LAB. 31 ENERO 2017

En un mundo de coches y trenes sin conductores, aspiradoras y neveras inteligentes, sensores que rastrean el sueño y el ejercicio, ¿podemos suponer que el libro seguirá siendo igual? La eclosión de la inteligencia artificial o el big data auguran una transformación radical de la forma en que consumimos todo tipo de contenidos culturales. En este momento de cambios e incertidumbres, hacemos un ejercicio de prospectiva y nos aventuramos a predecir el futuro del libro.

Hablar de inteligencia artificial no es nada nuevo, es un concepto que lleva analizándose hace más de cincuenta años. Sin embargo, en los últimos tiempos, el ilimitado acceso a datos masivos del comportamiento de las personas en tiempo real, más conocido como big data, y la aceleración de la capacidad de computación han generado una explosión de posibles usos de la inteligencia artificial, haciendo que pase de ser un mero concepto científico a una realidad social que ya está transformando el acceso y consumo de todo tipo de contenidos culturales.

Al igual que ocurrió con la electricidad a finales del siglo XIX, la inteligencia artificial transformará la mayoría de las actividades económicas, así como los modelos de negocio de las empresas de todos los sectores, al convertirse en una commodity transversal. Es decir, todos los sectores, incluidas las industrias culturales, utilizarán la IA como base de sus negocios. Casi todo lo que hacemos en pantallas, así como la mayor parte de las aplicaciones con las que interactuamos a través de nuestros móviles, recopilan todo tipo de datos que luego son reutilizados para darnos un mejor servicio personalizado: cookies para monitorizar la navegación web con el fin de calcular nuestro grado de interés en una determinada compra online; GPS que determinan nuestra ubicación exacta en un mapa para encontrar una tienda física o pedir un taxi; relojes con sensores que registran nuestros movimientos y hasta la temperatura del cuerpo… Ante esta nueva realidad, los profesionales de los sectores culturales y creativos deberían empezar a analizar cómo afectará la inteligencia artificial a sus actividades para determinar qué acciones deben tomar a corto y medio plazo, pues la transformación se hará mucho más rápidamente de lo que pensamos. Sin lugar a dudas, en los próximos años veremos cómo las tecnologías de recomendación basadas en inteligencia artificial y en el big data se convertirán en los principales prescriptores de contenidos culturales. Esto no quiere decir que los libreros, críticos literarios o de cine desaparezcan, sino que tendrán que aportar otro valor añadido a los consumidores de contenidos culturales.

En apenas unos años hemos visto cómo la inteligencia artificial forma ya parte de nuestras vidas. SIRI de Apple o Google Now son ejemplo de ello. Si bien aún no son perfectas, su evolución es impresionante. También hemos visto las primeras incursiones del big data en la creación de contenidos culturales con sorprendentes resultados. La plataforma Netflix analizó el comportamiento y gustos de sus suscriptores para determinar el enfoque y ritmo de la trama de la serie House of Cards. Durante meses, los promotores de esta plataforma analizaron el comportamiento y las decisiones de sus usuarios: las películas que fueron seleccionadas, las que terminaron de ver, las votaciones y los comentarios que realizaron sobre cada una de ellas, qué personajes les gustaban más, las relaciones entre ellos, etc. El objetivo de este análisis del big data de los usuarios era conocer sus afinidades para tenerlas en cuenta a la hora de producir los nuevos capítulos. En esta misma línea, la productora Marvel también lleva a cabo de forma regular un análisis de sus contenidos con tecnologías que rastrean e interpretan el big data de sus usuarios para detectar qué personajes y relaciones maximizarían el interés de la audiencia de sus películas, así como para generar ideas sobre tramas y arquetipos para sus personajes a la hora de hacer una nueva película.

Recomendaciones de libros más «inteligentes»

Ya es una realidad que la prescripción del librero o bibliotecario se está complementando con nuevos sistemas de recomendación que producen herramientas tecnológicas como Tekstum y Komilibro. Estas tecnologías facilitan a los lectores recomendaciones personalizadas no solo analizando nuestros hábitos de compra, tal y como hace hoy en día Amazon, sino estudiando en profundidad nuestros comportamientos de consumo cultural. Estos datos del comportamiento real de los lectores, así como su estado anímico, se convertirán en el principal activo y ventaja competitiva de las editoriales, librerías y bibliotecas en la era digital.

Presentación del proyecto Tekstum | BCN Innovació

En la era analógica, casi el único indicador del comportamiento de un libro en el mercado era principalmente su índice de ventas en librerías. Tras la irrupción de los libros electrónicos y los audiolibros, el sector editorial cuenta ahora con grandes cantidades de datos sobre el comportamiento de los lectores. El rastreo de los nuevos algoritmos basados en inteligencia artificial va más allá de simples listas de los más vendidos, metadatos editoriales o puntuaciones con estrellas que no contemplan los matices que pudieran existir entre ellos. Algoritmos basados en el big data y la inteligencia artificial, como el de Tekstum, ayudan a editores, libreros y bibliotecarios a descubrir las emociones, sentimientos y sensaciones que una obra transmite a sus lectores, proporcionando un análisis científico en tiempo real de las opiniones, comentarios y reseñas que los lectores realizan en plataformas literarias, blogs y redes sociales. Gracias a estos nuevos algoritmos, los profesionales del mundo del libro pueden saber en tiempo real, por ejemplo, el tiempo promedio de lectura de un libro, si el libro ha sido terminado o no, los días y horas de mayor lectura, qué párrafos han sido más subrayados o cómo los lectores interactúan con libros de ciertos géneros.

Este tipo de datos permite a los editores, libreros y bibliotecarios conocer y comprender mejor el comportamiento de los lectores, lo que, por un lado, promueve la publicación de libros que atraen más íntimamente a los lectores, mientras que, por otro, se pueden identificar y sugerir recomendaciones más personalizadas de libros ya existentes que reflejen mejor lo que quiere y lo que espera un lector. Los beneficios de estos datos son realmente positivos tanto para los lectores como para los profesionales del mundo del libro. Los lectores descubren más libros que satisfacen y responden con mayor exactitud a sus afinidades lectoras, mientras que los editores reducen el riesgo a la hora de apostar por nuevos autores y obras, puesto que tienen más información sobre las supuestas demandas del mercado. Estos datos, en combinación con la información que aportan las redes sociales, proporcionan a los profesionales del mundo del libro una visión más clara del mercado. Con esta valiosa información, los profesionales pueden moldear la creación artística para atender las diferentes afinidades culturales, así como elaborar estrategias de marketing y comercialización con más altas probabilidades de éxito al haberse tenido en cuenta el historial de los usuarios.

No obstante, uno de los principales riesgos de un uso abusivo del rastreo de datos es que toda la creación cultural se limite a atender exclusivamente las supuestas demandas del mercado. Aunque muchos pensamos que gran parte de la actual creación artística se rige atendiendo a estos intereses, creo que debemos buscar un mayor equilibro entre el uso de estas nuevas tecnologías y la creación artística para garantizar la mayor bibliodiversidad de voces, historias, puntos de vista, etc.

Los robots también escribirán historias

Cada día estamos más cerca de ver cómo las inteligencias artificiales, robots y algoritmos escriben sus propias historias, libros o relatos. Si ya existen tecnologías que pueden elaborar historias basándose en el estilo de escritura de determinados autores, y también algoritmos que buscan relaciones e influencia de escritura entre autores, no sería nada raro que en un futuro próximo la inteligencia artificial fuera capaz de generar su propia creación literaria. De hecho, ya hay plataformas de noticias de nicho que usan bots que, a partir de varias noticias, pueden crear su propia redacción de la información, si bien luego esta es revisada por redactores humanos.

La inteligencia artificial está encontrando un hueco muy fértil en el terreno de la creación literaria. El año pasado leíamos cómo un «manuscrito» redactado por un ordenador pasaba la primera fase de un premio literario en Japón (aunque haya críticos severos a quienes esta noticia no sorprenda tanto). Ironías aparte, la «creatividad artificial» avanza más rápido de lo que sospechábamos. En un futuro próximo veremos escritores que usen tecnologías interactivas para escribir partes de su obra. Cada día surgen todo tipo de nuevas narrativas nativas digitales en las que el curso de la historia varía en función de la interactividad y decisiones del lector. Obras como AdrenaLivreBlackbarAdela o Seen son excelentes ejemplos de esta nueva forma de contar historias. La interactuación con la obra es máxima gracias a la recopilación de datos sobre el comportamiento del usuario, llevando así la experiencia de lectura a un nivel de personalización hasta ahora desconocido. En este tipo de nuevas obras digitales, la parte que atañe a «lo artificial», ¿deberá cobrarla también el autor, el desarrollador o quizá restarlo al tratarse de una tecnología de libre acceso? ¿Deberán las editoriales adquirir los derechos de tales tecnologías para poder hacer el correspondiente reparto? ¿Cómo se dividirán los derechos entre desarrolladores y editores? Conviene tener presentes todos estos futuros escenarios de colaboración entre máquinas y humanos, ya que será un proceso creativo más común de lo que creemos.

Puede que haya algunos lectores que piensen que todo esto es aún pura ciencia ficción, pero parece ser que no somos los únicos que ya tenemos esta sensibilidad, pues el Parlamento europeo está estudiando la posibilidad de delimitar los derechos y las obligaciones de los robots dado lo rápido que está yendo la investigación y desarrollo de esta disciplina.

Silly Robot, Javier Arce

La realidad virtual formará parte de nuestras vidas «analógicas»

Cada civilización tiene su forma de expresarse. A lo largo de la historia de la humanidad hemos visto civilizaciones que se han expresado de forma oral, otras por escrito, otras a través de jeroglíficos, otras con textos impresos, etc. Todo indica que el lenguaje reinante de la era digital será inteligentemente visual.

Los expertos en esta materia indican que actualmente existen dos tipos de realidad virtual. Por un lado, tenemos la «realidad inmersiva», en la que el usuario forma parte de la historia y la vive en tiempo real. Ya no aprendes o lees en pasado, el estudiante o lector forma parte de la historia misma. Sin lugar a dudas, un nuevo mundo de oportunidades para el sector cultural, editorial y educativo. Por otro lado, la «realidad presencial» (RP) enriquecerá el proceso de descubrimiento y compra de cualquier producto o servicio, así como las relaciones laborales en el trabajo. Este tipo de RV hará que podamos «probarnos» un traje sin tener que cambiarnos de ropa, cambiar de corte de pelo antes de cortarlo, redecorar la casa sin gastarnos un céntimo, seleccionar un hotel simulando que ya estamos dentro de la propia habitación, etc. Todas estas «experiencias» serán cotidianas antes de lo que pensamos. Antes del año 2025 no vamos a saber distinguir entre la realidad analógica y la virtual. Conviviremos con ambas realidades de manera simultánea y será algo tan «normal» como nuestras actuales interacciones en las redes sociales. Cada día está más claro que la realidad virtual transformará la manera en que descubrimos, compramos y consumimos todo tipo de productos, incluidos los culturales.

Librerías y bibliotecas serán aún más «inteligentes»

La inteligencia artificial, la realidad virtual, el big data, etc., tendrán también un gran impacto en la forma en que descubrimos libros de papel en espacios físicos. En la actualidad los usuarios de las librerías y bibliotecas conviven en dos mundos diferentes, el tradicional espacio físico y los nuevos servicios en línea a través de sus pantallas (venta y préstamo en línea de libros, audiolibros y prensa, servicio de atención al cliente por WhatsApp…). El reto en la actualidad es unir ambos mundos y, sobre todo, cómo enriquecer la visita al espacio físico de las librerías y bibliotecas cuando las necesidades del usuario se encuentran en gran parte satisfechas por medios virtuales. Como signo de los tiempos, el móvil será el principal protagonista de la unión de estos dos mundos. El nombre que lo define ‒móvil‒ es precisamente lo que favorece en gran parte esta complementariedad de lo físico y en línea en las librerías y bibliotecas.

Afortunadamente, el concepto de librería y biblioteca en el siglo XXI va más allá del propio espacio físico de estas entidades, puesto que las nuevas tecnologías les permitirán extender sus servicios y funciones desde cualquier lugar de una ciudad: una marquesina de autobús, un parque o una farola de la calle. Cualquiera de estos lugares servirá para que las librerías y bibliotecas puedan colocar sensores inteligentes que les permitan ofrecer a los lectores contenidos relevantes para ellos, ya que han sido geocontextualizados gracias a sus móviles. Cada vez hay más librerías y bibliotecas que están incorporando todo tipo de tecnologías de proximidad, como beacons o sensores NFC, para enriquecer la experiencia de descubrimiento y compra de libros de papel. Aquellas tiendas que no asuman el hecho de que su ventaja competitiva está en la «experiencia», más allá del libro, verán cómo su clientela se cambia de acera…

Ejemplo de uso de beacons por jnxyz.education | Jona Nalder

En este contexto de integración del mundo físico y en línia, los denominados botsnos ayudarán a mejorar nuestra relación con las librerías y bibliotecas. Nuestros móviles tendrán todo tipo de aplicaciones basadas en chatbot, que serán muy útiles para responder a todo tipo de preguntas, tanto de interés sobre determinados libros que estemos buscando como sobre aspectos concretos de una determinada obra o autor. La irrupción de estos chatbot no es en absoluto incompatible con la ayuda de un experto humano para temas que requieran una información más especializada, como es el caso del Museo de Brooklyn y su aplicación móvil, donde los usuarios hacen preguntas que son contestadas por conservadores y expertos del propio museo.

Yendo un poco más hacia el futuro inteligente que se nos avecina en las librerías y bibliotecas, veremos que la evolución tecnológica de estos bots será la implementación de programas de procesamiento del lenguaje natural, que incluye aspectos tales como las emociones, nuestro estado anímico, el doble sentido del lenguaje, etc. También será muy común ver en las librerías y bibliotecas robots que asumirán todo tipo de tareas. Existen ya robots de aspecto humanoide, como Pepper, dispuestos a resolver dudas y facilitar las compras a los clientes en una librería o tienda de un museo. En esto de los robots, las bibliotecas, una vez más, andan a la vanguardia de la experimentación incorporando los mismos para ayudar a los jóvenes usuarios a aprender código y a programar de manera práctica y divertida. Los robots van dotados de dos cámaras, cuatro micrófonos, sensores de movimiento, reconocimiento de sonido y facial, sentido del tacto y un sonar para detectar paredes. En un futuro próximo veremos robots que entablarán conversaciones hasta en 19 idiomas con sus usuarios, contarán cuentos y recitarán poemas. El objetivo de implementar estas iniciativas en las librerías y bibliotecas es llevar la interrelación con este tipo de inteligencia artificial a un terreno más humanístico.

La carrera por ser el más inteligente del mundo 

La inteligencia artificial se está convirtiendo en una de las principales apuestas digitales de las grandes compañías. Esta nueva frontera se ha convertido en el «Gran Dorado» para empresas como Google, Amazon, Facebook y Apple, y donde parece que van a ir destinados sus desarrollos tecnológicos de los próximos años. Facebook quiere ayudar a las personas ciegas a «ver» a través de la inteligencia artificial, junto al desarrollo de bots y sistemas de aprendizaje profundo entre máquinas, así como programas de reconocimiento facial. Por su parte, Apple ha adquirido la tecnología Emotient, que detecta emociones a través del reconocimiento facial, y también investiga en el desarrollo tecnológico de su ya conocido SIRI. Por otro lado, Google, como era de esperar, sigue invirtiendo en todo lo que sea mejorar su algoritmo, que intenta que cada vez sea más inteligente. Su último invento, y de los más creativos, es la herramienta Deep Dream, capaz de crear imágenes basándose en otras imágenes.

Cualquier actividad que pueda ser rastreada será rastreada en tiempo real

Absolutamente todo lo que hagamos en nuestras vidas analógicas y digitales será objeto de ser rastreado en tiempo real. Sin lugar a dudas, la IA, RV, big datagenerarán un montón de beneficios derivados, pero también nos adentran en un nuevo escenario muy preocupante. Empresas como Google, Amazon, Facebook y Apple analizarán los datos rastreados para supuestamente darnos un servicio más personalizado y preciso. El hecho de que cualquier actividad que pueda ser rastreada lo será en tiempo real es una realidad inevitable con la que tenemos que convivir en la era digital, pero ello no significa que tengamos que ceder todos nuestros derechos como ciudadanos y consumidores.

La mayoría de los modelos de negocio en la red (buscadores, redes sociales, plataformas de comercio electrónico, sistemas de recomendación, etc.) se nutren de los datos personales que comparten los usuarios. Los datos sobre el comportamiento y grado de satisfacción reales del consumidor, que en el mundo analógico eran imposibles de obtener, se convertirán en el principal activo de la inteligencia artificial.

Trailer del documental interactivo «Do not track» sobre la privacidad y la economía web

En el mundo analógico, las leyes impiden que las empresas hagan un uso comercial de los datos personales; en cambio, las nuevas plataformas de comercio electrónico, así como las redes sociales, tienen una inmensa cantidad de datos sobre nuestros comportamientos en línea (qué hojeamos, qué compramos, qué leemos, qué no leemos ‒que también es importante‒, qué recomendamos, etc.). Esta información sobre el perfil de los usuarios posee un enorme valor comercial que compañías como Amazon, Apple, Facebook y Google utilizan para afinar sus algoritmos de recomendación y ventas.

Curiosamente, las empresas que nos animan a compartir cada minuto de nuestra vida son consideradas las menos transparentes del mundo. La organización sin ánimo de lucro International Transparency puntúa a Facebook, Google, Amazon y Apple peor que a muchos bancos. El secretismo de estas empresas es totalmente incoherente con su apuesta por fomentar que todo sea público. Por ejemplo, Amazon no detalla los resultados de sus operaciones en los países donde opera, incluida España.

Las autoridades públicas deberían plantearse legislar sobre qué pueden hacer o no estas empresas con nuestros datos, con el fin de proteger nuestros derechos como consumidores y ciudadanos. Debemos garantizar que los intereses públicos de la futura sociedad digital estén por encima de los intereses económicos de las empresas, por muy legítimos que supuestamente sean.

Conclusión: Convertir los datos en un servicio público

¿No deberíamos obligar a las empresas de la economía digital a compartir los datos rastreados por sus algoritmos con el fin de convertir los mismos en un servicio público para garantizar su acceso? Si los datos agregados son de dominio público, ninguna entidad podrá alcanzar una posición dominante, puesto que el acceso público de los datos equilibrará las ventajas competitivas.

Plantear un debate sobre este tema no significa que sea un «disidente digital». Como evangelista empedernido de la era digital, esta proclamación por un debate crítico sobre el impacto de la inteligencia artificial no quiere decir que reste importancia ni valor a los beneficios derivados de la misma en la sociedad; tan solo aspiro a abrir un debate para reflexionar sobre si el futuro que estamos creando es mejor que el precario presente.

No debemos olvidar que nos encontramos en la primera fase de definición del futuro modelo de sociedad digital. Qué hagamos y cómo lo hagamos en esta primera fase de definición de la sociedad digital tendrán una amplia repercusión en el futuro.

kosmopolis
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