El otoño de los patriarcas: ¿Asia desafía a los monopolios del conocimiento?

El otoño de los patriarcas: ¿Asia desafía a los monopolios del conocimiento?

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Por Domenico Fiormonte

Departamento de Ciencia Política, Universidad de Roma Tre

La multinacional de medios de comunicación y de información Thomson Reuters anunció el 10 de julio que había vendido a dos fondos de inversión —Onex Corporation y Baring Private Equity Asia— todas las acciones bursátiles relacionadas con la publicación académica y científica, por $3,55 mil millones de dólares. La noticia, no es de aquellas que agitan el alma, especialmente en estos días, sin embargo, es un acontecimiento importante, capaz de desafiar a la estructura de la publicación global.[1] Pero para entender la dimensión del problema, es necesario dar un paso en retrospectiva.

Fuente original: El otoño de los patriarcas: ¿Asia desafía a los monopolios del conocimiento? | Humanidades Digitales.

Los cuatro grupos editoriales más importantes en el mundo son aquellos editores científicos y profesionales ya conocidos, los que venden el acceso, principalmente, a través de sus bases de datos, a saber: Pearson (Reino Unido), Thomson Reuters (Canadá), RELX Group (antes Elsevier, Reino Unido, Países Bajos y Estados Unidos), Wolters Kluwer (Países Bajos). El quinto en la clasificación es Penguin Random House, del gigante alemán Bertelsmann. Si echamos un vistazo a los ingresos de estos consorcios se podrá verificar que superan, por mucho, los de cualquier grupo editorial generalista. En el 2014, Pearson es el primero de todos con ventas que exceden los 7 mil millones de dólares (mmdd); después viene Thomson Reuters, con 5,7 mmdd, RELX con 5,3 mmdd, Wolters Kluwer, con un 4,4 y finalmente Penguin con 4 mil millones de dólares. Es evidente que sus utilidades son astronómicas (y de aquí surge el interés primordial en los fondos de inversión), lo cual se hace claro si quisiéramos comparar a Wal-Mart o Procter & Gamble con la tiendita de la esquina: Elsevier: 36.29%, Springer: 33.95%, Wiley-Blackwell: 41.85%, etc.[2]

Pero ¿por qué éstas editoriales son tan potentadas? Más allá de las cuestiones históricas, ampliamente discutidas en otros foros, las razones básicamente son dos: una intrínseca y otra extrínseca. La razón intrínseca radica en el hecho de que un investigador de cualquier universidad, en cualquier latitud, no puede dejar de leer las publicaciones periódicas actuales pertenecientes a  las principales editoriales de la modalidad paywall. Dos de estos grupos, RELX (Elsevier) y Thomson Reuters, son propietarios respectivamente de ScopusWeb of Science, las bases de datos que generan los índices de impacto de la producción científica, es decir, el Moloch que todas las instituciones de evaluación científica del mundo adoran. Las carreras de los investigadores y el acceso a fuentes de financiación dependen de la combinación revistas ↔ índice de impacto que, a su vez, como veremos en breve, tiene un impacto directo en el ranking de las universidades. Para manejar mejor este poder de vida o muerte en la investigación (y para los que la realizan), los grupos de las principales editoriales científicas se han conformado como un oligopolio. En 2011, George Monbiot denunció las prácticas comerciales escandalosas de los editores científicos que “hacen que Rupert Murdoch parezca un socialista”, esto es: un único artículo publicado por una de las revistas de Elsevier, Springer o Wiley-Blackwell cuesta de 30 a 40 euros. Una suscripción anual a una de estas “prestigiosas revistas”, tales como Biochimica et Biophysica Acta, cuesta lo mismo que el salario anual de un investigador italiano: 23,587€. Incluso, hay algunas que cuestan 40,000€. Ya que ésta es la situación, no es de extrañar que durante veinte años los bibliotecarios de todo el mundo (incluyendo los de Harvard) estén denunciando la llamada “crisis de las publicaciones periódicas”, es decir, la incapacidad para pagar el costo exorbitante de las suscripciones de muchas de las publicaciones periódicas de estos grupos.

No obstante, conocer la cantidad que realmente pagan las universidades e instituciones de investigación no es tan simple. Los costes varían mucho de un país a otro, y de una institución a otra, por lo que los editores imponen el llamado acuerdo de no divulgación (non-disclosure agreement). Dicen a los compradores: “si usted quiere comprar mis revistas y suscribirse a mi base de datos, y tal vez ahorrar unos centavos, no puede revelar detalles acerca de las negociaciones”. La falta de transparencia es tal que los investigadores tienen que compartir/filtrar información al estilo de Wikileaks. Sin embargo, algunas de estas “fugas” son suficientes para dar una idea de la magnitud del problema: una investigación en Inglaterra de 2016 reveló que las suscripciones de las bibliotecas en el Reino Unido realizadas con alguno de los 10 principales editores científicos ascienden a poco más de 94 millones de libras por año (cifras de 2014). En Francia, donde las negociaciones se llevan a cabo de forma centralizada a través el Ministerio de Investigación, el contrato original —puesto en línea de manera extraoficial— muestra que los franceses pagaron 172 millones de euros por el acceso a la versión electrónica de 2,000 publicaciones de Elsevier por más de cinco años (este es el paquete llamado, tal vez irónicamente, Complete Freedom Collection). Pero si París llora, Roma no está envuelta en carcajadas. Si únicamente Francia paga a la editorial Elsevier 30 de millones de euros al año, ¿cómo es que una sola universidad va a pagar por el acceso a una serie de revistas? Incluso en Italia las negociaciones se llevan a cabo de manera “confidencial” por la CRUI(Conferencia de Rectores de las Universidades Italianas). No hay cifras globales que estén disponibles (como en el caso francés), pero hurgando por aquí y por allá, es posible tener una idea de lo que pasa particularmente con cada escuela. La Universidad de Verona, por ejemplo, paga una suscripción por la Complete Freedom Collection de Elsevier por más de 300,000 euros al año, para un total de 1,577,783 de euros que se gastarán para el periodo 2013-2017 (licencia cinco años). Una universidad de tamaño medio como lo es Roma Tre, en 2015, pagó 1,000,558 euros para todos los impresos y suscripciones a revistas en línea, pero el sistema de bibliotecas de la Universidad de Pisa gasta alrededor de dos veces ese monto. En conclusión, ya que las universidades y centros de investigación para los cuales el CRUI continuará las negociaciones son al rededor de sesenta, es probable que Italia gaste más que Francia —y tal vez que el mismo Reino Unido— para acceder a esas colecciones con “completa libertad”.

Todos estos problemas, por supuesto, han provocado diversas reacciones por parte de los investigadores e instituciones, que se ven obligados a pagar por la investigación que ellos mismos producen. Muchos de los proyectos de repositorios libres o públicos, revistas de acceso abierto, declaraciones universales, etc., difundidos en los últimos años, no han logrado hacer mella en el poder de los oligopolios para mitigar sus políticas comerciales. De hecho, tal como se documenta en diversos foros, los precios de los paquetes siguen aumentando cada año en un promedio de 5.10%.

Un grupo de investigadores canadienses publicó el año pasado un estudio que da una panorámica y resume la situación: en las ciencias sociales, las tres principales editoriales (Reed-Elsevier, Taylor & Francis y Wiley-Blackwell) acumulan el 50% de todos los artículos publicados en 2013 a nivel global. La situación es más preocupante aún si añadimos a la concentración de las publicaciones los problemas lingüístico-culturales. Geographies of the World’s Knowledge, una investigación de 2011, mapeó (literalmente) las desigualdades de la representación de la producción científica del mundo. El análisis tuvo en cuenta 9,500 revistas indizadas en 2009 por la Web of Science, en los campos de la ciencia y la tecnología, las humanidades y las ciencias. La conclusión de los autores es que los Estados Unidos y el Reino Unido publican conjuntamente un mayor número de revistas indizadas que el resto del mundo en conjunto. Los datos mostraron que el “resto del mundo” apenas y estaba representado, y que, por ejemplo, Suiza ocupa una porción tres veces más grande que todo el continente africano. Pero ¿es una coincidencia que todos los editores mencionados operen en los países occidentales y, preferiblemente, en aquellos de habla inglesa?

El problema de la “crisis de las publicaciones periódicas” y del costo de los paquetes de suscripción a revistas y bases de datos es, en realidad, la punta del iceberg. La cuestión crucial radica en la relación entre el papel que juegan los oligopolios, la clasificación de la evaluación de producción y la investigación que realizan las universidades. De acuerdo a un artículo en InfoAut, la clasificación de las universidades se ve influenciada por la evaluación de la producción científica (y viceversa), generando un círculo vicioso que pone a las multinacionales de las publicaciones científicas en la parte superior de la pirámide de la gestión del conocimiento. Las opciones por parte de muchos sistemas nacionales de evaluación —por ejemplo, la ANVUR en Italia (Agenzia Nazionale per la Valutazione dell’Università e della Ricerca)— se reducen a adoptar Web of Science y Scopus como puntos de referencia para la evaluación, lo que implica legitimar este tipo de “gobierno secreto” de la investigación mundial. Un gobierno concentrado en algunas zonas del planeta y que se puede superponer perfectamente a las dinámicas geopolíticas actuales.

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Finalmente, llegamos a la información anunciada en el principio de este texto, relacionada con la venta de la industria editorial de Thomson Reuters. Uno de los dos compradores, BPEA, es un fondo de inversión con sede en Singapur, que opera principalmente en el escenario de la geo-economía china, aunque también con oficinas en la India, Japón, etc. Algunos comentaristas han subrayado la creciente “sed de conocimiento” de algunas regiones de Asia, que se ha vuelto cada vez más competitiva en el campo de la educación universitaria. Por otro lado, 2014 había marcado la entrada en el top ten publicación global de dos gigantes chinos, Phoenix Publishing y China South, una muestra de que ahora el “hambre de China” ya no se limita sólo al sector agroalimentario, al tecnológico o al energético. Otras señales son, por ejemplo, el movimiento que condujo a la India a rechazar Facebook Free Basics a favor de la neutralidad de la red, y mostrar la vitalidad democrática de millones de asiáticos que , a diferencia de los europeos “avanzados”, rechazan el universalismo colonialista del Silicon Valley, el otro cuerno de los monopolios del conocimiento: la dimensión digital.

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Entonces, ¿qué está pasando? Es evidente que la facturación astronómica de Thomson Reuters es la principal razón del interés de los fondos de capital privado. Pero, tal vez, alguien en China se ha dado cuenta de que, además de ser un negocio rentable, el control de la Web of Science garantiza un lugar en la mesa de la sala de la ciencia. Es cierto que es prematuro concluir que Asia (y China en particular) se están preparando para subir a los principales peldaños del conocimiento global, sobre todo por la resistencia a los Frightful Five. Pero sería ingenuo ver estos eventos sólo como operaciones comerciales y financieras. Por el contrario, son claras señales políticas y de conciencia —quizá no inconscientes de Gramsci— de lo que significa la hegemonía cultural. Una conciencia que tanto los Estados Unidos y Europa, resquebrajados, asediados, presas del otoño sombrío de sus élites, parecen haber perdido o probablemente eliminado.

[1]    El colega Ernesto Priego y yo publicamos un resumen de nuestra propuesta para The Toronto School: Then | Now | Next International Conference, en el cual hacemos un balance de la situación e indicamos críticamente los principales problemas. La presente intervención se deriva de nuestra colaboración y agradezco a Ernesto por permitir que yo utilice este material y las reflexiones comunes.

[2]   Basta recordar que en el ranking anual de Publishers Weekly se incluyen a 57 grupos editoriales, pero los 10 primeros, casi todos concentrados en el ámbito educativo o científico, representan el 54% del total de ingresos en el mundo.

(Traducción de Ariel Morán)

Versión revisada y ampliada del artículo “La sfida dell’Asia ai monopoli della conoscenza”

publicado el 18 de julio de 2016 en

Infolet (Informatica e Letteratura): Blog dedicado a las Humanidades Digitales y a la Cultura Digital, a cargo de Domenico Fiormonte y Paolo Sordi.

http://infolet.it/2016/07/18/monopoli-della-conoscenza/

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