Elsevier paralizó una ley clave para proteger su millonario monopolio en España

Elsevier paralizó una ley clave para proteger su millonario monopolio en España

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ANTONIO VILLARREAL / elconfidencial.com/

La revelación hace unos días en El Confidencial de los millones de euros que las universidades y centros de investigación españoles gastan cada año en suscripciones a revistas científicas (solamente unos 25 millones anuales van destinados a la principal editorial, Elsevier) ha provocado que, esta semana, el grupo de Ciudadanos en el Congreso de los Diputados haya planteado una pregunta clave: “¿Piensa el Gobierno actuar de algún modo para conseguir mejores condiciones, tal y como hacen otros países?”,

Pero, en realidad, el Gobierno lleva bastante tiempo pensando en este problema. Al menos, desde finales de 2014.

No solo porque sea bastante superior al que están pagando otros países del mundo, sino porque además mantiene paralizada la aplicación de la Ley de la Ciencia. Esta legislación, aprobada en 2011, nunca ha podido llegar a ser implementada en su artículo 37, que obliga a que los trabajos científicos financiados mayoritariamente por los Presupuestos Generales del Estado deben ser hechos públicos.

“Ese artículo es muy bueno”, explica a Teknautas Rafael de la Llave, matemático español actualmente empleado en la universidad de Georgia Tech, uno de los pioneros en denunciar los abusos de las grandes editoriales científicas y que en su momento participó en la redacción del citado artículo 37, “por desgracia esa ley nunca la han implementado, el propio Gobierno está violando la Ley de Ciencia“.

Siete años después, ni se ha habilitado un repositorio donde poder acceder a todos estos artículos libremente —al estilo del portal PubMed puesto en marcha por Estados Unidos— ni se ha avanzado demasiado en que los investigadores hagan públicos sus trabajos.

Al igual que ha ocurrido en Alemania, donde las negociaciones con Elsevier están encalladas, en nuestro país se puso en manos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) llegar a un acuerdo con el gigante holandés para empezar a abrir el camino del ‘open access’. Según fuentes conocedoras de la situación, a lo largo de 2016 se produjeron 15 reuniones “a cara de perro” entre representantes españoles y de la editorial.

Los dos objetivos de nuestros representantes eran, primero, lograr una rebaja en los servicios actuales contratados con Elsevier (Scopus y Web of Science Index, repositorios de ‘abstract’ y citas), y segundo, lograr un precio único para todas las instituciones del país del servicio Science Direct. Aquí está la madre del cordero, ya que esta suscripción es la que garantiza el acceso a las revistas científicas de Elsevier.

El dominio que Elsevier tiene en el mercado de revistas científicas impide a España poner en marcha el artículo 37 de la Ley de la Ciencia

Según se detalla en sus memorias de los últimos años, la Fecyt lleva desde al menos 2014 persiguiendo lograr de Elsevier una ‘licencia nacional’, una tarifa plana para que cualquier centro de investigación del país tenga acceso a este repositorio de revistas y estudios científicos. Sin embargo, solo pudieron obtener una rebaja en los incrementos de precio que el gigante editorial aplica cada año, siempre y cuando se firmaran con Elsevier contratos plurianuales. Según cálculos de la fundación, esta rebaja se elevaría a unos tres millones de euros en su conjunto.

Esto explica también que, como informábamos la semana pasada, varias universidades pasaran de contratar el servicio Science Direct anualmente hasta 2016 para pasar a contratar por tres años en 2017, justo hasta la entrada en vigor de la ley europea que obligará a publicar en abierto estudios financiados con fondos comunitarios.

El otro gran objetivo de España que los negociadores de la editorial holandesa hicieron descarrilar fue “iniciar el camino hacia el cambio de modelo de pago por suscribir a pago por publicar”, eso que habitualmente se conoce como‘open access’. Sin embargo, los responsables de Fecyt, en su última memoria anual, detallan que este objetivo no pudo conseguirse “dada la posición dominante de Elsevier en el mercado“.

Al asalto de Elsevier

El ‘open access’ o acceso abierto representa otro modelo de negocio, igualmente capitalista pero adaptado a la nueva realidad de la ciencia… y de la vida digital. Consiste básicamente en que el autor —o su institución— paga a la editorial una cantidad de dinero por publicar el estudio. A partir de ahí, los derechos son del autor y el fruto de su investigación es libre para ser consultado por cualquiera, siempre de forma gratuita.

Facundo Santomé es biólogo, pero actualmente trabaja en MDPI, una editorial ‘open access’ que emplea a 1.000 personas en todo el mundo. De ellas, 50 trabajan junto a Santomé en Barcelona, pero prevén doblar en un futuro próximo la cantidad de empleados en la sede catalana. MDPI fue fundada en 1996 en Basilea, Suiza, por un biólogo molecular chino llamado Shu-Kun Lin.

“Nosotros no cobramos nada en suscripciones, ni a investigadores ni a universidades”, explica Santomé, “simplemente por la publicación”

“Nosotros no cobramos nada en suscripciones, ni a investigadores ni a universidades”, explica Santomé. “Simplemente cobramos por la publicación”. Este canon está en torno a 300 euros por artículo, aunque en el caso de nuevas revistas suelen esperar hasta los dos o tres años para empezar a cobrar a los autores, una vez la revista ha sido indexada. O lo que es lo mismo, ha ganado respeto académico. El canon de una revista ‘open access’ ya madura está en una media de 940 euros.

La revisión por pares o ‘peer review’ es una de las cosas que separan las revistas de calidad del resto. En las editoriales tradicionales, esta es una tarea que otro investigador en la misma disciplina realiza gratuitamente, pero en esta editorial suizo-china lo que hacen es ofrecer a los ‘reviewers’ unos 250 euros en descuentos acumulables por artículo revisado. “De esta forma, una persona que haya revisado varios artículos no tendría que pagar nada cuando publicara el suyo”, explica Santomé.

Los actores del nuevo modelo

El modelo abierto no es perfecto, y genera dudas sobre, por ejemplo, quién debe quedarse con los derechos de autor, si el científico o la institución donde trabaja. Pero sin duda resuelve muchos de los problemas derivados de vivir en una sociedad digital. Por ejemplo, un investigador puede colgar sin problemas un trabajo suyo ‘open access’ en Facebook, LinkedIn o ResearchGate sin problemas. Sin embargo, si este artículo ha aparecido en una revista tradicional, estaría infringiendo el ‘copyright’ del artículo, propiedad de la editorial pese a que el trabajo sea una obra intelectual del científico, financiada con dinero público y cedida gratuitamente a la revista de turno.

“Es trabajo del investigador, obra suya, y le pertenece: nosotros simplemente lo publicamos”, explica Santomé.

MDPI está ahora mismo en segundo lugar de la clasificación de grandes jugadores en ‘open access’. ¿Los líderes? Springer-Nature, dos editoriales tradicionales unidas y reconvertidas al acceso abierto que están rompiendo el mercado. Mientras la clásica revista ‘Nature‘ sigue saliendo cada miércoles para devorar su parte del pastel tradicional, los responsables de la editorial están aprovechando el tirón de la cabecera para lanzar nuevas revistas en ‘open access’ como ‘Nature Communications’.

Esto ayuda a los nuevos ‘journals’ a alcanzar un factor de impacto alto, que es lo que primero buscan los investigadores a la hora de publicar sus artículos. En MDPI, Santomé concreta que tienen 27 revistas con factor de impacto y otras 110 indexadas.

Muchos otros actores están preparando el camino para saltar a la yugular de las editoriales científicas tradicionales, especialmente a partir del año 2020. La española Scipedia, por ejemplo, propone una plataforma mixta donde los científicos puedan promover sus trabajos (como en ResearchGate o Academia), publicar bocetos de sus artículos o ‘pre-prints’ (como en arXiv), o incluso crear sus propios repositorios de datos o revistas ‘open access’.

Julio García Espinosa, socio director del proyecto, tenía por delante el reto de digitalizar una revista sobre métodos numéricos en ingeniería, editada en papel y llamada ‘RIMNI‘. “Cuando tuvimos que transformar nuestra vieja revista de papel en una digital, comenzamos un debate que no hizo más que crecer“, dice a Teknautas, “y que incluía conceptos que iban más allá del ámbito de la publicación, lo que se llama ahora ‘ciencia abierta’ y que no se restringe a la difusión del trabajo sino que incorpora nuevas formas de hacer ese trabajo”.

Contra la ciencia a bulto

Este tipo de movimientos aprovecha además un momento crítico contra editoriales tradicionales, acusadas de hacer ‘fardos’ de múltiples revistas científicas para obligar a las instituciones a suscribirse a ellos, en lugar de solamente a las revistas que les interesan.

Cuatro economistas estadounidenses lograron demostrar esta oscura política de ‘fardos’ practicada por las grandes editoriales científicas en un artículo publicado en ‘PNAS’ en 2014. Para obtener los datos de editoriales como Elsevier, Springer, Sage o Wiley, Thomas Bergstrom (Universidad de California) y sus compañeros se vieron forzados a recurrir a peticiones de información pública, las conocidas FOIA, para superar las cláusulas de confidencialidad entre editoriales y bibliotecas. Entre otras cosas, descubrieron que sus precios por artículo eran tres veces superiores a los de editoriales sin ánimo de lucro como Oxford University Press o la American Chemical Society.

La UE lleva desde 2012 tratando de domar a editoriales como Elsevier para facilitar el acceso abierto. (Reuters)
La UE lleva desde 2012 tratando de domar a editoriales como Elsevier para facilitar el acceso abierto. (Reuters)

“Si soy un médico especializado en hígado, no puedo dejar de comprar una revista específica, pero solo necesito esa”, explica De la Llave, “las editoriales aprovechan y te colocan un paquete donde están esa y muchas otras que no necesitas“.

Ahora, movimientos como The Cost of Knowledge se han propuesto acelerar la transición a otros modelos de publicación. Actualmente, 16.963 científicos de todo el mundo han suscrito la protesta, comprometiéndose a no publicar, actuar como revisores o realizar trabajo editorial alguno para Elsevier. Entre ellos, por supuesto, muchos investigadores, médicos o profesores universitarios españoles

Fuente original: Ciencia: Elsevier paralizó una ley clave para proteger su millonario monopolio en España. Noticias de Ciencia.

Pero, en realidad, el Gobierno lleva bastante tiempo pensando en este problema. Al menos, desde finales de 2014.

No solo porque sea bastante superior al que están pagando otros países del mundo, sino porque además mantiene paralizada la aplicación de la Ley de la Ciencia. Esta legislación, aprobada en 2011, nunca ha podido llegar a ser implementada en su artículo 37, que obliga a que los trabajos científicos financiados mayoritariamente por los Presupuestos Generales del Estado deben ser hechos públicos.

“Ese artículo es muy bueno”, explica a Teknautas Rafael de la Llave, matemático español actualmente empleado en la universidad de Georgia Tech, uno de los pioneros en denunciar los abusos de las grandes editoriales científicas y que en su momento participó en la redacción del citado artículo 37, “por desgracia esa ley nunca la han implementado, el propio Gobierno está violando la Ley de Ciencia“.

Siete años después, ni se ha habilitado un repositorio donde poder acceder a todos estos artículos libremente —al estilo del portal PubMed puesto en marcha por Estados Unidos— ni se ha avanzado demasiado en que los investigadores hagan públicos sus trabajos.

Al igual que ha ocurrido en Alemania, donde las negociaciones con Elsevier están encalladas, en nuestro país se puso en manos de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (Fecyt) llegar a un acuerdo con el gigante holandés para empezar a abrir el camino del ‘open access’. Según fuentes conocedoras de la situación, a lo largo de 2016 se produjeron 15 reuniones “a cara de perro” entre representantes españoles y de la editorial.

Los dos objetivos de nuestros representantes eran, primero, lograr una rebaja en los servicios actuales contratados con Elsevier (Scopus y Web of Science Index, repositorios de ‘abstract’ y citas), y segundo, lograr un precio único para todas las instituciones del país del servicio Science Direct. Aquí está la madre del cordero, ya que esta suscripción es la que garantiza el acceso a las revistas científicas de Elsevier.

El dominio que Elsevier tiene en el mercado de revistas científicas impide a España poner en marcha el artículo 37 de la Ley de la Ciencia

Según se detalla en sus memorias de los últimos años, la Fecyt lleva desde al menos 2014 persiguiendo lograr de Elsevier una ‘licencia nacional’, una tarifa plana para que cualquier centro de investigación del país tenga acceso a este repositorio de revistas y estudios científicos. Sin embargo, solo pudieron obtener una rebaja en los incrementos de precio que el gigante editorial aplica cada año, siempre y cuando se firmaran con Elsevier contratos plurianuales. Según cálculos de la fundación, esta rebaja se elevaría a unos tres millones de euros en su conjunto.

Esto explica también que, como informábamos la semana pasada, varias universidades pasaran de contratar el servicio Science Direct anualmente hasta 2016 para pasar a contratar por tres años en 2017, justo hasta la entrada en vigor de la ley europea que obligará a publicar en abierto estudios financiados con fondos comunitarios.

El otro gran objetivo de España que los negociadores de la editorial holandesa hicieron descarrilar fue “iniciar el camino hacia el cambio de modelo de pago por suscribir a pago por publicar”, eso que habitualmente se conoce como‘open access’. Sin embargo, los responsables de Fecyt, en su última memoria anual, detallan que este objetivo no pudo conseguirse “dada la posición dominante de Elsevier en el mercado“.

Al asalto de Elsevier

El ‘open access’ o acceso abierto representa otro modelo de negocio, igualmente capitalista pero adaptado a la nueva realidad de la ciencia… y de la vida digital. Consiste básicamente en que el autor —o su institución— paga a la editorial una cantidad de dinero por publicar el estudio. A partir de ahí, los derechos son del autor y el fruto de su investigación es libre para ser consultado por cualquiera, siempre de forma gratuita.

Facundo Santomé es biólogo, pero actualmente trabaja en MDPI, una editorial ‘open access’ que emplea a 1.000 personas en todo el mundo. De ellas, 50 trabajan junto a Santomé en Barcelona, pero prevén doblar en un futuro próximo la cantidad de empleados en la sede catalana. MDPI fue fundada en 1996 en Basilea, Suiza, por un biólogo molecular chino llamado Shu-Kun Lin.

“Nosotros no cobramos nada en suscripciones, ni a investigadores ni a universidades”, explica Santomé, “simplemente por la publicación”

“Nosotros no cobramos nada en suscripciones, ni a investigadores ni a universidades”, explica Santomé. “Simplemente cobramos por la publicación”. Este canon está en torno a 300 euros por artículo, aunque en el caso de nuevas revistas suelen esperar hasta los dos o tres años para empezar a cobrar a los autores, una vez la revista ha sido indexada. O lo que es lo mismo, ha ganado respeto académico. El canon de una revista ‘open access’ ya madura está en una media de 940 euros.

La revisión por pares o ‘peer review’ es una de las cosas que separan las revistas de calidad del resto. En las editoriales tradicionales, esta es una tarea que otro investigador en la misma disciplina realiza gratuitamente, pero en esta editorial suizo-china lo que hacen es ofrecer a los ‘reviewers’ unos 250 euros en descuentos acumulables por artículo revisado. “De esta forma, una persona que haya revisado varios artículos no tendría que pagar nada cuando publicara el suyo”, explica Santomé.

Los actores del nuevo modelo

El modelo abierto no es perfecto, y genera dudas sobre, por ejemplo, quién debe quedarse con los derechos de autor, si el científico o la institución donde trabaja. Pero sin duda resuelve muchos de los problemas derivados de vivir en una sociedad digital. Por ejemplo, un investigador puede colgar sin problemas un trabajo suyo ‘open access’ en Facebook, LinkedIn o ResearchGate sin problemas. Sin embargo, si este artículo ha aparecido en una revista tradicional, estaría infringiendo el ‘copyright’ del artículo, propiedad de la editorial pese a que el trabajo sea una obra intelectual del científico, financiada con dinero público y cedida gratuitamente a la revista de turno.

“Es trabajo del investigador, obra suya, y le pertenece: nosotros simplemente lo publicamos”, explica Santomé.

MDPI está ahora mismo en segundo lugar de la clasificación de grandes jugadores en ‘open access’. ¿Los líderes? Springer-Nature, dos editoriales tradicionales unidas y reconvertidas al acceso abierto que están rompiendo el mercado. Mientras la clásica revista ‘Nature‘ sigue saliendo cada miércoles para devorar su parte del pastel tradicional, los responsables de la editorial están aprovechando el tirón de la cabecera para lanzar nuevas revistas en ‘open access’ como ‘Nature Communications’.

Esto ayuda a los nuevos ‘journals’ a alcanzar un factor de impacto alto, que es lo que primero buscan los investigadores a la hora de publicar sus artículos. En MDPI, Santomé concreta que tienen 27 revistas con factor de impacto y otras 110 indexadas.

Muchos otros actores están preparando el camino para saltar a la yugular de las editoriales científicas tradicionales, especialmente a partir del año 2020. La española Scipedia, por ejemplo, propone una plataforma mixta donde los científicos puedan promover sus trabajos (como en ResearchGate o Academia), publicar bocetos de sus artículos o ‘pre-prints’ (como en arXiv), o incluso crear sus propios repositorios de datos o revistas ‘open access’.

Julio García Espinosa, socio director del proyecto, tenía por delante el reto de digitalizar una revista sobre métodos numéricos en ingeniería, editada en papel y llamada ‘RIMNI‘. “Cuando tuvimos que transformar nuestra vieja revista de papel en una digital, comenzamos un debate que no hizo más que crecer“, dice a Teknautas, “y que incluía conceptos que iban más allá del ámbito de la publicación, lo que se llama ahora ‘ciencia abierta’ y que no se restringe a la difusión del trabajo sino que incorpora nuevas formas de hacer ese trabajo”.

Contra la ciencia a bulto

Este tipo de movimientos aprovecha además un momento crítico contra editoriales tradicionales, acusadas de hacer ‘fardos’ de múltiples revistas científicas para obligar a las instituciones a suscribirse a ellos, en lugar de solamente a las revistas que les interesan.

Cuatro economistas estadounidenses lograron demostrar esta oscura política de ‘fardos’ practicada por las grandes editoriales científicas en un artículo publicado en ‘PNAS’ en 2014. Para obtener los datos de editoriales como Elsevier, Springer, Sage o Wiley, Thomas Bergstrom (Universidad de California) y sus compañeros se vieron forzados a recurrir a peticiones de información pública, las conocidas FOIA, para superar las cláusulas de confidencialidad entre editoriales y bibliotecas. Entre otras cosas, descubrieron que sus precios por artículo eran tres veces superiores a los de editoriales sin ánimo de lucro como Oxford University Press o la American Chemical Society.

La UE lleva desde 2012 tratando de domar a editoriales como Elsevier para facilitar el acceso abierto. (Reuters)
La UE lleva desde 2012 tratando de domar a editoriales como Elsevier para facilitar el acceso abierto. (Reuters)

“Si soy un médico especializado en hígado, no puedo dejar de comprar una revista específica, pero solo necesito esa”, explica De la Llave, “las editoriales aprovechan y te colocan un paquete donde están esa y muchas otras que no necesitas“.

Ahora, movimientos como The Cost of Knowledge se han propuesto acelerar la transición a otros modelos de publicación. Actualmente, 16.963 científicos de todo el mundo han suscrito la protesta, comprometiéndose a no publicar, actuar como revisores o realizar trabajo editorial alguno para Elsevier. Entre ellos, por supuesto, muchos investigadores, médicos o profesores universitarios españoles.

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