IV Congreso de Escritores: el libro como producto del que sentirnos orgullosos

IV Congreso de Escritores: el libro como producto del que sentirnos orgullosos

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Benjamín Recacha García / benjaminrecacha.com

La editora independiente Mariana Eguaras es la protagonista de la quinta crónica del IV Congreso de Escritores de la AEN – Asociación de Escritores Noveles. Fue la primera de las tres que contaron con mi participación, que básicamente consistió en la introducción y alguna que otra pregunta. Mariana, prestigiosa profesional con más de veinte años de experiencia, llevaba su conferencia muy bien preparada, así que lo que tocaba, sobre todo, era escuchar para aprender.

Fuente original: IV Congreso de Escritores: el libro como producto del que sentirnos orgullosos – la recacha.

La verdad es que fue una sesión muy interesante. Todas lo fueron, pero esta, titulada «Procesos editoriales», fue una de las que captó más atención, pues tocaba temas prácticos que a menudo traen de cabeza a los autores; es decir, todo lo relacionado con la postescritura: correcciones, maquetación, diseño de cubierta, publicación, etc.

El proceso creativo que da como resultado una obra escrita es sólo el primer paso de un proceso mucho más amplio que, si se recorre por completo, culminará en un libro con la calidad suficiente para que sea comercializado.

Mariana Eguaras detalló todo el camino de una forma clara y amena, lo que dio pie a numerosas intervenciones de los congresistas y a que se desarrollase un necesario debate sobre ese actor parasitario, relativamente nuevo en la escena editorial, que se reproduce al calor de las ilusiones y la ingenuidad de los autores noveles. Me refiero, obviamente, a las editoriales piratas o empresas de servicios editoriales carentes de ética profesional, que no sólo perjudican a quienes muerden el anzuelo, sino también a las editoriales de verdad y a las empresas de servicios editoriales y profesionales independientes que hacen su trabajo de forma honesta.

Ya he mencionado en diversas ocasiones el blog de Mariana Eguaras como recurso de referencia para quienes nos autopublicamos. Uno de sus artículos más valiosos fue el que dedicó a las falsas editoriales. Logró tal repercusión que, como explicó durante su charla en el Congreso, se vio obligada a retirarlo, pues provocó la reacción furibunda de varias de esas empresas. Ante las amenazas de demandas, optó por la prudencia. Los comentarios se habían llenado con las experiencias frustrantes de montones de autores, de los cuales, sin embargo, muy pocos decidían denunciar las estafas sufridas.

Mariana lamentó que sean tan pocas las personas que deciden dar el paso más allá de la queja, seguramente por la vergüenza de admitir haber sido víctimas de un engaño, y aseguró tener un listado de ciento veinte de esas editoriales piratas en el ámbito hispanoamericano.

Pero empecemos por el principio.

Más allá del valor artístico que pueda tener una obra literaria, «el libro es un producto», señaló la editora, pues se vende. Por tanto, como cualquier otro producto manufacturado, requiere de unas herramientas y de unos profesionales con conocimientos suficientes para ponerlo al alcance del consumidor con un mínimo de garantías. «Como autores, necesitamos un producto que estemos orgullosos de enseñar».

Es obvio que la calidad no asegura el éxito comercial, pero sin un contenido bien escrito, por muchas virguerías que hagamos con el aspecto formal, será muy complicado que el libro se venda. Aunque es cierto que existen obras objetivamente mal editadas a las que los lectores no parecen poner muchas pegas. Mariana Eguaras apuntó al respecto la posibilidad de que la exigencia de estos se haya relajado de un tiempo a esta parte.

A mí me molestan muchísimo las obras repletas de faltas de ortografía, mal maquetadas, carentes de corrección ortotipográfica, y más cuando llevan el sello de una supuesta editorial de las de verdad, pero es obvio que existe un perfil de lector al que no parece molestarle. No lo entiendo, pero es una realidad que hay que aceptar sin caer en la (malísima) tentación de imitar.

Mariana Eguaras identifica diez procesos editoriales que habría que seguir para conseguir una obra de la máxima calidad, y que son aplicables a cualquier modo de edición, si bien la realidad indica que a menudo varios de ellos se suprimen para ahorrar costes.

La revisión del manuscrito por parte del propio autor es el primer paso, seguido por una lectura cero o informe de lectura profesional. Aunque hay autores que no lo consideran necesario, para Mariana resulta muy útil para detectar cosas que se nos pasan por alto. En el caso de escribir ficción, esos lectores cero pueden ser otros escritores, que deberán hacer una lectura crítica del manuscrito.

El tercer paso es la edición de mesa, que se lleva a cabo mediante una comunicación estrecha entre el editor y el autor, que permitirá aclarar cuantas dudas surjan. A continuación, llega la corrección de estilo, que revisa todas las cuestiones sobre el lenguaje. Es la corrección más compleja y, por tanto, la más cara, si bien el grado de intervención por parte del corrector a menudo depende de lo que esté dispuesto a aceptar el autor. Los hay muy celosos de su trabajo, indicó Mariana Eguaras.

Los siguientes procesos serían el diseño de la cubierta y la maquetación, y, ya sobre la maqueta, se llevaría a cabo la corrección ortotipográfica, pues además de revisar aspectos ortográficos, también corrige los tipográficos (huérfanas, viudas, repetición de sílabas en líneas consecutivas, etc.), de manera que no se puede hacer sobre el manuscrito.

Mariana explicó que, puesto que la corrección de estilo es más cara, hay autores que sólo contratan la ortotipográfica. «Hay diferentes realidades económicas y, por tanto, no todos pueden gastar un mínimo de dos mil euros, si se siguen todos los procesos editoriales». Lo que no es admisible es que haya editoriales, de las supuestamente serias, que se salten algunos para ahorrar gastos, y aún menos que pululen empresas de servicios editoriales que cobran por trabajos que en realidad no van a hacer. «Hay que exigir a la editorial que cumpla con todos los procesos pactados».

Los tres últimos pasos son la creación del libro digital, la corrección de pruebas y la publicación del libro en los distintos formatos acordados.

Como editora independiente, entre los clientes habituales de Mariana Eguaras se encuentran autores que quieren autopublicar sus obras. «La autopublicación ya no es sinónimo de baja calidad, de que ninguna editorial lo quiere o de que no es bueno. Hay excelentes escritores que publican por su cuenta e incluso rechazan a editoriales porque en ese momento consideran que no les conviene publicar con ellas», relató.

Reconoció rechazar trabajos de edición a causa de su mala calidad. «A veces, simplemente leyendo un email repleto de faltas». Aunque, si el autor sólo quiere contratar una maquetación, no es necesario leer el manuscrito.

En mi opinión, y aceptando que, lógicamente, quien corrige y edita manuscritos también necesita comer, lo que diferencia a un buen profesional de un «pirata» es la honestidad que demuestre con su cliente. Hay falsas editoriales que jamás rechazan propuestas y, lo que es peor, hacen albergar esperanzas a autores que, objetivamente, no tienen la más mínima posibilidad de vender sus libros. «No puedes prometer lo que no puedes dar. Te dicen que vas a estar en El Corte Inglés y en La Casa del Libro, pero no que en realidad vas a estar en un sistema informático».

Estas empresas han hecho desaparecer de los filtros calidad que existen en la mayoría de editoriales tradicionales, lo que es un problema para todos los que participan en la industria editorial desde una posición honesta, que prima el trabajo bien hecho; obviamente, con la voluntad de ganar el dinero que les permita continuar publicando.

Como decía al principio, este tema generó un interesante debate, en el que participaron, entre otros, la presidenta de la AEN, Covi Sánchez, y la editora de Versátil, Eva Olaya (quien el día siguiente participaría en otra jugosa mesa redonda de la que también habrá crónica, por supuesto).

Covi recordó que la AEN lleva desde sus inicios batallando y tratando de llamar la atención sobre el peligro de las falsas editoriales. Sin embargo, se han encontrado con un vacío legal que deja desprotegidos a los autores que caen en el engaño a consecuencia de la ingenuidad y la ilusión por ver publicada su obra.

El escritor y abogado José Luis Díaz, que colabora con la asociación para resolver consultas legales sobre contratos editoriales, subrayó que la vía que hay que seguir ante una estafa es la penal. El problema es que acudir a la justicia es caro, cosa que disuade a muchos autores engañados.

Eva Olaya explicó que Versátil lleva diez años publicando, siguiendo todos los procesos editoriales, y lamentó la coexistencia con «productos mal acabados», que «están compitiendo con libros que llevan detrás mucho trabajo y dinero invertido». «Las editoriales somos unas perjudicadas más», resumió.

La editora recomendó a quienes busquen editorial para sus obras que se informen antes de llamar a una puerta determinada, pues es muy fácil comprobar si se trata de una empresa seria, con un catálogo profesional y de calidad, o si son «piratas».

En cuanto al contrato editorial, es muy sencillo conseguir el modelo que siguen, con las modificaciones puntuales, las editoriales serias. El contraste con el que ofrece una empresa que sólo pretende sacarnos el dinero es tan grande, que es fácil identificarlas. «Antes de firmar cualquier contrato, hay que preguntar por lo que no nos quede claro y asesorarse», fue el consejo en el que coincidieron todos.

Para acabar, Mariana Eguaras se refirió al Decálogo para encargar la corrección de un texto, de la Unión de Correctores, obra de Pilar Comín Sebastián, donde aparece toda la información que cualquier autor necesita sobre los procesos editoriales, y advirtió sobre el peligro de contratar un ISBN con una empresa de servicios editoriales «sospechosa», pues nos puede cerrar las puertas a publicar con una editorial. «Hay editoriales que rechazan libros porque ya han sido publicados por una de estas empresas, y no quieren que se les relacione».

Conclusión: como autores tenemos la responsabilidad de hacer el mejor trabajo posible, que no sólo consiste en escribir bien, sino en procurar que el producto final, el libro que pondremos a disposición de los lectores, en el formato que sea, sea de calidad. Para ello, es necesario seguir una serie de procesos editoriales y contar con profesionales que nos ofrezcan las mayores garantías. Hay que ir con mucho ojo a la hora de firmar contratos de edición, pues hay empresas que se anuncian como editoriales cuando en realidad son sacacuartos sin ética ninguna, a las que nuestra obra les importa un carajo.

Huyamos de las prisas y de los cantos de sirena, y busquemos el asesoramiento de profesionales de confianza y de entidades como la AEN, cuya razón de ser es, precisamente, el acompañamiento de quienes carecen de la experiencia y el conocimiento suficiente sobre un océano editorial repleto de tiburones.

Por cierto, que aunque ella no aprovechara su hora larga de protagonismo en el IV Congreso de Escritores para hablar de su libro (cosa que la honra), yo sí recomiendo desde estas líneas la primera obra de Mariana Eguaras: Publicar con calidad editorial, un manual muy práctico que está consiguiendo el reconocimiento de los profesionales del sector y excelentes críticas por parte de los lectores. Enhorabuena, Mariana.

Os dejo, como siempre, con el vídeo completo de la sesión, cortesía de Vanesa García Barahona, social media del congreso. Y os adelanto que la siguiente crónica será pura delicatessen literaria…

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