La mutación de las librerías

La mutación de las librerías

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 / lavanguardia.com

En primer curso de todas las facultades de periodismo enseñan eso de que si un hombre muerde a un perro, es noticia. Por eso lo es también que una librería pequeña se mude a un edificio de tres plantas que antes ocupaba una tienda de ropa. Lo que parece un cuento de Navidad es un hecho real que se acaba de producir en el barrio barcelonés del Poblenou, donde la librería NoLlegiu, que abrió sus puertas a finales de octubre del 2013, se trasladará, a finales de enero, al número 3 de la calle Pons i Subirà, a la antigua sede de La Juanita, una tienda de ropa fundada en 1920 y en la que llegaron a trabajar doce personas.

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La mutación de las librerías.

Actualmente, en su sede de la calle Amistat, NoLlegiu ocupa 65 metros cuadrados. En La Juanita, contará con tres plantas de ochenta metros cuadrados cada una, más la terraza, que de momento estará cerrada pero que planea abrir al público cuando llegue el buen tiempo.

La capacidad de almacenaje actual –4.500 libros– pasará a ser de unos 10.000, aunque la prudencia del librero, Xavier Vidal, le hará no colmarla y seguir siendo –al menos de momento– un comercio de stock reducido.

“El local se nos había quedado pequeño –cuenta, sonriente, Vidal–, la asistencia a las actividades desbordaba el aforo y, cuando estas tenían lugar, no podíamos vender libros a la vez”. La idea es que el espacio ganado convierta el sitio en un centro cultural. En la planta baja, se encontrará la librería tradicional y una pequeña barra donde se servirán bebidas. En la planta superior –a la que se accede subiendo por una imponente escalera de caracol de madera– habrá una sala de actos, la zona de lectura con wifi –en la que se mantendrán los sofás, probadores con cortinas de terciopelo e incluso algunos maniquíes–, el área de exposiciones y el apartado de poesía, que cobrará un gran protagonismo. “En la sala de actos no sólo se presentarán libros, sino que haremos proyecciones y debates, y además estará abierta a las otras dos librerías del barrio”, explica Vidal, refiriéndose a La Petita (infantil) y La Retrobada (de segunda mano), que se encuentran a una distancia de unos 20 metros. A esa planta podrá acudir cualquiera que desee simplemente sentarse a leer un libro, aunque se lo traiga de casa, o a trabajar en su portátil, como si se tratara de una biblioteca.

La segunda planta es la zona destinada a oficinas y coworking, que de momento ocupará la Fundació Catalunya Europa, presidida por Pasqual Maragall, aunque “queremos que vengan todo tipo de empresas relacionadas con el debate cultural”.

Estos días, el interior de la futura librería parece haber sido víctima de un bombardeo: tablones quebrados que se amontonan en desorden, cascotes, vidrios rotos de los espejos donde las clientas se probaban los vestidos de novia… Pero la intensa actividad de los operarios indica que allí se está construyendo, no destruyendo.

Fuera, la fachada de cerámica verde, característica de los años de la transición, tiene un aire a la serie Cuéntame. El rótulo que indica “Juanita” sigue ahí y “lo vamos a mantener, por supuesto”, asegura Vidal. La tienda se remodeló en 1975 “como si fuera una boutique parisina” y el edificio llevaba vacío unos dos años, desde que Juanita se mudó a la calle Pujades. A pesar de que los dueños han recibido ofertas para hacer un hotel o apartamentos turísticos, han preferido que se cree un equipamiento cultural en el barrio. Como apunta Vidal, “los procesos de gentrificación empiezan siempre con propietarios que venden sus inmuebles a multinacionales pero también los hay que prefieren que las cosas se hagan de otra manera”.

El cambio de la NoLlegiu se produce justo cuando Barcelona acaba de obtener la condición de capital literaria que le ha otorgado la Unesco, y justamente uno de los retos que se plantea el Ayuntamiento de Ada Colau es consolidar la red de pequeñas librerías que han aparecido en los últimos años. Para ello, se ha reunido en varias ocasiones con los libreros. “La base de todo es económica –sintetiza Abel Cutillas, de La Calders– porque, ante todo, somos un negocio basado en la venta de libros. Ya existen subvenciones para negocios de este tipo y están intentando implementar otras nuevas”.

La mayoría de los pequeños libreros consultados coinciden en que afrontan problemas económicos, por la caída del consumo, pero también en que detectan síntomas de recuperación. “La crisis del sector no ha desaparecido, pero se ha detenido”, dice Cutillas. Los pequeños libreros deben conformarse con el 30% del precio de venta del libro, mientras que las grandes cadenas y almacenes consiguen condiciones más ventajosas. Algunos han abierto sus cafeterías, donde los márgenes de beneficio son mucho mayores, “y fácilmente se puede facturar la mitad del total”, apunta Maite, de la librería + Bernat. Varios abren los fines de semana y, en el caso de La Calders, “son los días que más vendemos porque por Sant Antoni hay mucha gente de paso”.

Vidal admite que “a nosotros nos ha ido bien en el tema de las ventas”. La ampliación de local se produce gracias a la entrada de dos nuevos socios. A través del crowfunding recogen, además, fondos para mejoras en los servicios (ayer, ya llevaban recaudado un 84% de los 6.000 euros que solicitan).

La idea de convertirse en una especie de centro cultural coincide con la práctica de otras librerías, de casi toda la vida como Documenta o Jaimes, o más nuevas como La Calders, que abrió en abril del 2014 y que se ha convertido en un elemento dinamizador del barrio de Sant Antoni. Cutillas explica: “Nuestro balance es muy positivo, aunque los momentos iniciales siempre son complicados. Teníamos muy claro que queríamos un escenario y organizamos cuatro o cinco actos cada semana, no solamente presentaciones de libros, sino muy variados, muchos de ellos incitaciones nuestras. Nos trae público que va más allá de los que entran a curiosear en una librería. Así, hemos celebrado una semana argentina, una semana del libro checo, un ciclo de la edición independiente… Este enero, planeamos una semana dedicada a la literatura rusa. Y eso nos mueve mucho el fondo de libros…”

Su socia, Isabel Sucunza, apunta que “se ha producido un cambio en las librerías, que responde a un cambio social. El consumidor cultural ya no es solamente lector, también es espectador, y agradece que un experto le venga a hablar de Faulkner. Nosotros hemos activado mucho la sección de poesía, asesorados por gente como Martí Sales o Eduard Escofet, y hemos organizado recitales poéticos, que tienen un público apasionado. Nuestras actividades nunca pierden de vista las ventas. Por ejemplo, nuestro libro más vendido fue durante un tiempo Fulles d’herba de Walt Whitman porque habíamos organizado un recital”.

La Calders también tiene una zona de coworking, básicamente, explica Sucunza, “de gente del sector, hay una editorial, una revista, una traductora, una chica que ofrece servicios lingüísticos… Eso nos crea también más vida literaria”.

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