La pasión por los libros que se convirtió en red social

La pasión por los libros que se convirtió en red social

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Andrés Krom  / lanacion.com.ar/

Carlos Tramutola no podía dormir. Ese día había terminado un libro que él juzgaba muy malo y una pregunta había estado dando vueltas en su cabeza durante horas: ¿por qué nadie me lo advirtió? El año 2017 apenas daba sus primeros pasos y él, un ingeniero industrial de 44 años con una maestría en Administración de Empresas de Stanford, ya había tomado algunas decisiones de peso. Tras siete años, iba a dejar su cargo de gerente de Desarrollo Social en Techint, empresa en la que su padre también había forjado su carrera. Sentía que un ciclo se había terminado y estaba con ganas de emprender un proyecto nuevo. Tenía varias ideas en la cabeza, pero ninguna lo terminaba de convencer. Con más tiempo libre en sus manos a medida que transitaba sus últimos días en la siderúrgica, Tramutola se sumergió en su biblioteca. Y tras una lectura poco estimulante llegó la epifanía. “Me cuesta abandonar los libros que no me gustan, los termino igual. Esa noche me puse a pensar en cómo puede ser que uno no tenga a alguien a quien preguntarle si un determinado título es bueno”, comentó Tramutola a LA NACION. “En el cine, quizá, es más fácil que alguien te recomiende o desaconseje una película, pero dar con una persona que haya leído el mismo libro que vos no es tan sencillo. ¿Cómo puede ser que sea tan difícil?”

1 Investigar a fondo

“En ese momento me pareció lógico armar una red social de lectores. Puede haber 10.000 tipos que leyeron el mismo libro que vos, la cuestión es encontrarlos y reunirlos”, dijo Tramutola. Su idea era ambiciosa: la plataforma debía permitir a los usuarios calificar y reseñar libros, armar bibliotecas virtuales y armar listas de intereses. Además, tendría que contar con una pata de e-commerce para volverse rentable. Antes de abocarse por completo a esta nueva aventura, se propuso investigar detenidamente qué ofertas de servicios similares existían en el mercado hispanohablante. “Cuando a uno se le ocurre una idea siempre está el miedo de que otro la haya pensado antes. Hice una investigación que no fue corta. Me tomé el trabajo de chequear y no encontré nada parecido. Uno invierte dinero, pasión y energía en estas cosas y si se puede evitar un sobresalto, mejor”.

2 Aprender del error

En rigor, este no sería su primer emprendimiento. En el período comprendido entre el final de su maestría y su ingreso a Techint (y un paso de dos años como subsecretario de Espacio Público durante la primera jefatura de gobierno de Mauricio Macri en la Ciudad), había fundado un negocio de exportación de vino argentino y chileno a los Estados Unidos. “La idea estaba bien, era 2002 y el vino nacional todavía no había despegado, pero no funcionó -reconoce-. Tenía un socio americano que se encargaba de la venta. Un año se enfermó y tuvimos que cerrarlo. Falló la puesta en marcha y la ejecución en parte porque no pude dedicarme full time a este proyecto”. Si quería materializar este nuevo proyecto, Tramutola tenía claro que debía destinarle su atención absoluta.

3 Consultar a los íntimos

Pero ¿era una gran idea o simplemente un capricho? Más allá de su investigación, Tramutola se propuso poner a prueba su proyecto con su círculo interno, discutiendo su visión con colegas, familiares y amigos. “En un asado con amigos se me ocurrió preguntarles a los más lectores cómo elegían su próximo libro. Uno de ellos, un empresario, no dejó hablar a nadie más y me dijo: ‘Pago por un sistema que me diga cuál es el libro que tengo que leer’. Él ya había entendido todo”, aseguró. Uno de los momentos más desafiantes en esta primera etapa fue la selección del nombre de esta red social. “Se me complicó mucho”, reveló. “A esta altura ya no sos completamente libre para elegir un nombre, ahora tiene que estar libre el dominio de Internet primero”. Luego de varias sesiones de brainstorming con sus hijos, Tramutola dio por concluida la búsqueda. “Los dos son muy creativos, con ellos surgió el nombre Alibrate, que los usuarios en otros países pronuncian Alíbrate”, confesó.

4 Apostar por la experiencia del usuario

Luego de una inversión inicial de US$50.000, Tramutola lanzó el 10 de enero pasado la versión web del sitio, con vistas a lanzar apps para Android e iOS durante abril. Hasta ahora tiene 10.000 usuarios registrados de habla hispana (15% México, 14% España, 12% Argentina, 10% Colombia, etc.) y espera alcanzar los 100.000 hacia fines de año. Después de ingresar sus datos y crear su perfil, los usuarios pueden marcar los libros que han leído, calificarlos con un sistema de estrellas y escribir reseñas de los mismos. “Fuimos armando una base de datos de más de 500.000 libros en español. Para los que faltan tenemos una herramienta que te permite proponer nuevas incorporaciones. Ya hemos sumado más de 1000 libros propuestos por los usuarios”, contó el empresario. Desde el costado más puramente social, uno puede seguir e interactuar con otros integrantes de esta flamante red e incluso conectarse según las preferencias y los gustos compartidos. Alibrate cuenta con listas de usuarios con más libros leídos y más reseñas escritas. Asimismo, recomienda libros por autor y género, y permite crear bibliotecas virtuales a través de un sistema de tags.

5 Buscar múltiples vías de monetización

En el caso de Alibrate, el modelo de negocios estará centrado en la publicidad de libros. “Es el lugar indicado para un lanzamiento -sostuvo Tramutola-. Los lectores acá y la plataforma permite segmentarlos por nacionalidad y género”. Además, la firma está en tratativas con varias editoriales grandes con la meta de integrar una función de venta electrónica de libros tanto en papel como en digitales. Por el momento, Alibrate ya permite bajar libros de dominio público. Aunque el objetivo parece ambicioso, Tramutola no se desanima. “Acá estamos todos lo que amamos leer. Amamos parece una palabra demasiado grande, pero hay algo medio pasional con los libros”.

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