La reconversión de la nanoindustria cultural

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Publicado por Joaquín Rodríguez el 16 enero, 2012

Según los datos que proporciona, de nuevo, la Panorámica de la Edición española de libros 2010 (empiezo a sospechar que solamente la leo yo), la producción total fue d 95959 libros en papel y 18500 en otros soportes, esto es, 114459 nuevos ISBN, de los cuales 89824, ni más ni menos, correspondieron a primeras ediciones, no se vayan a creer que todo se resuelve con pensar que se trata de simples reediciones. Nadie ha conseguido detener a lo largo de los últimos años  esta brutal cifra de novedades, solamente equiparable a países como Alemania o el Reino Unido. Y eso que, supuestamente, algunos editores habían cobrado conciencia del sinsentido de inundar unos puntos de venta incapaces de asumir esa torrencial bulimia editorial.

El hecho de que las tiradas medias hayan descendido, históricamente, a 1734 unidades por cada libro, demuestra hasta que punto la lógica de empantanamiento y anegación de la librería es imperante. La necesidad de alimentar un ciclo de financiación perverso que obliga a los pequeños editores a tomar el dinero que la librería les abona para sufragar su siguiente operación y la casi irrenunciable de necesidad de hacerse visibles y presentes en un mercado que penaliza la mesura y la autocontención, hacen que todos los editores se lancen a una vertiginosa carrera hacia la nada.

La tasa de devoluciones de lo que llega las librerías, de las centenares de cajas y albaranes que deben tramitarse y reembolsarse, es apabullante, superior, según se prevé en este febrero del 2012, al 50 o 60% de lo enviado. La cifra que ofrece El sector del libro en España 2010, no resulta creíble a no ser que nos conformemos con los promedios, que es otra forma de tergiversar la incontrovertible realidad: “el número de ejemplares devueltos”, dice ese texto, “alcanza los 59,8 millones de unidades —un 5,8% más que en el año anterior—. El porcentaje de devolución se ha situado en un 15,8% en el caso de libros de Texto no universitario (15,4% en 2009) y en un 31,1% en los libros de Otras materias (26,9% en 2009)”.

La realidad es muy distinta: son los pequeños editores los que hacen crecer la cifra de los libros que concurren al mercado y añaden leña al fuego de una espiral sin resolución, al menos dentro de la lógica del modo de producción actual. Recortar la compra pública destinada a la red de bibliotecas estatales, puede ser una buena medida cautelar, porque sin duda eso contribuirá a que desaparezcan un buen puñado de agentes editoriales. Ya que el autocontrol no funciona y el número de ISBN alcanza un índice estratosférico, a lo mejor va a ser que menguar los presupuestos de adquisiciones es la solución… Lo paradójico es que nadie parece pararse a pensar que esa lógica de la sobreproducción es fruto del funcionamiento desbocado de un modo de producción predigital, algo que salta a la vista cuando se lee que el número de títulos producidos bajo demanda fue, tan sólo, de 2869.

En lugar de recortar los presupuestos de las bibliotecas estatales y autonómicas, y ahora que estamos dentro de industrias culturales, ¿no sería más coherente desarrollar un plan de gestión digital integral de los contenidos que observara, adicionalmente, la instalación de máquinas bajo demanda en los puntos de venta? ¿No sería más razonable afrontar la realidad y desmantelar una lógica de la producción que muestra todas sus fallas e incoherencias estructurales sustituyéndola por un modo de producción digital apoyado por las administraciones?

Alguien tendrá que afrontar la reconversión de la nanoindustrial cultural

vía La reconversión de la nanoindustria cultural.

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