Las librerías se aferran al préstamo digital para aumentar sus ventas

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Las librerías se aferran al préstamo digital para aumentar sus ventas.

2014 ha sido el peor año para las librerías desde 2011. Las ventas han caído hasta un 7,4% en estos últimos meses. Y, según los datos del Gremio de Libreros (CEGAL) hechos públicos esta semana, en el segundo cuatrimestre de este ejercicio se han vendido 12.323.555 ejemplares, el peor dato desde el segundo cuatrimestre de 2011 (15.124.300). En facturación se han sumado 180.156.427 euros. Nada que ver con los 250.782.696 euros del mismo cuatrimestre de hace tres años.

A estas cifras hay que añadir los cierres de establecimientos. En 2013 se tenían contabilizadas 5.556 librerías, de las cuales CEGAl tiene controladas en su mapa 4336. Desde hace cinco años este número ha bajado en un 21%. Malos tiempos para celebrar el Día de las Librerías este viernes.

Por esta razón, una de las últimas jugadas de este sector es agarrarse al préstamo digital de las bibliotecas gracias a un acuerdo que CEGAL-que reúne a 1600 librerías- acaba de firmar con la plataforma tecnológica y distribuidora de contenidos Odilo. Lo que se intenta es replicar el modelo en papel, mediante el cual las bibliotecas públicas compran los libros a estos establecimientos. Un modelo que para las librerías supone entre el 20% y el 30% de su facturación anual, aunque en los últimos años también atraviesa obstáculos, debido en parte a la reducción del presupuesto público, que es con el que se llenan de libros las bibliotecas. Como afirma Pilar Gallego, presidenta de CEGAL, “hubo unos años en los que el Ministerio [de Cultura] y las Comunidades ponían el 50% de esas compras, pero ahora todo se ha ido recortando. De hecho, el Ministerio ya no compra libros a las librerías”.

Ante este panorama las librerías han decidido embarcarse en el modelo digital ahora que las bibliotecas también han comenzado a desarrollar el préstamo de libros electrónicos. Odilo ha sido la plataforma elegida, después de desestimar a la plataforma de agregación de contenidos Libranda, “porque nos resultaba muy cara”, admite Gallego.

Según ella, el acuerdo con Odilo les supone “un coste cero y además no teníamos que hacer un esfuerzo tecnológico, ya que ellos ponen todo el software”. “Habrá un catálogo digital que la librería ofertará a la biblioteca y esta le comprará las licencias a la librería para préstamo. Un librero podrá ir a la biblioteca y decirle qué libros quiere. Hace de mediador. Y la biblioteca comprará las licencias que ella vea oportuna”, añade Gallego. El precio de la licencia será el que establezca el editor, puesto que en los ebooks también hay precio fijo, y la librería obtendrá un porcentaje. Es decir, el mismo modelo que en el papel. Está previsto que comience a funcionar en dos meses.

Un modelo caduco en digital

No obstante, pese a la buena intención, los conocedores del entorno digital reconocen que el acuerdo entre Odilo y las librerías es un tanto superfluo. Como afirma Julio Alonso, bibliotecario de la Universidad de Salamanca y autor del blog Universo Abierto, “de entrada desconfío de que se pueda replicar el formato analógico en el digital. Cuando Libranda empezó a vender contenidos también intentó llevar el modelo en papel al digital y no funcionó. La librería responde a un entorno tangible y en lo digital solo hay el autor y lector, lo demás es prescindible. Las bibliotecas compran sus ebooks a editores y agregadores de contenidos así que, que ahí entren las librerías es un poco raro”. Precisamente, ebiblio, el proyecto nacional de préstamo de ebooks en bibliotecas funciona de esta manera: es un catálogo de 1.500 títulos que posee la plataforma Libranda (aunque algunos pliegos también los tiene Odilo).

Jorge Portland, editor y consultor especializado en estrategias digitales, también ve extraño el acuerdo: “Desde luego, el papel del librero en la cadena digital no lo veo. En papel sí porque son los que hacen la recopilación de los libros físicos para que vayan todos juntos al bibliotecario, pero en digital se trata de introducir en la cadena de venta un elemento que no hace falta”.

Desde la plataforma Odilo, donde ya tienen acuerdo para el préstamo con más de cien bibliotecas, se defienden. Según señala su consejero delegado, Rodrigo Rodríguez, el hecho de introducir a las librerías en esta cadena es “porque nos lo piden las propias bibliotecas. Los que quieren es que las librerías seleccionen y así poder comprar papel y digital al mismo tiempo. Quieren que la librería colabore en ese proceso, porque muchas bibliotecas no quieren perder el contacto con su librería local”. Y añade: “Con el libro físico la biblioteca elige a quién le compra, en el digital pensamos que puedan ser los mismos actores: a la editorial, al distribuidor o a la librería”. Además, para él, cuando las instituciones apenas compran libros, o pagan tarde y mal a las librerías, la compra por parte de las bibliotecas en estos establecimientos es una buena ayuda.

¿Un aumento del coste?

Sin embargo, el problema que Portland observa es que, con la introducción de un nuevo sujeto en la cadena digital, puedan aumentar los costes: “Si sucede que por meter a un intermediario esto va a suponer al editor un porcentaje mayor a lo mejor tenemos un problema”. O que suba para la biblioteca. En Odilo recalcan que “el coste para la biblioteca no va a subir”, aunque todavía hay algunos flecos en el acuerdo, ya que esta plataforma tiene desde hace tiempo su propia tienda: “Todavía tenemos que ver los contenidos que tenemos nosotros y los que son de las librerías. En vez de ser Odilo el que venda directamente, que sea a través de las librerías”, afirma Rodríguez.

La otra cuestión es la de las bibliotecas que ya trabajan con la plataforma Libranda. Rodríguez, desde Odilo, insiste en que no hay ningún problema: “Hay comunidades autónomas que han comprado a Odilo a través de nuestra tienda, y así complementan los títulos que les dio el Ministerio gratis a través de Libranda”.

Y, al final, ¿es beneficioso para el lector que en la cadena entren las librerías? Es decir, ¿podrá contar con más títulos para el préstamo digital? Portland sostiene que a ellos no les va a afectar en nada. “No sé si al final va a haber más títulos. Los libros, de hecho, ya están en los agregadores. Si el bibliotecario no tiene dinero no comprará”.

De momento, es un asunto que tiene muchos puntos pendientes. No se saben las referencias que aportarán las librerías ni tampoco lo que les supondrá a los editores y a las propias bibliotecas. “Odilo es una buena plataforma y lo que quiere es tener contenido. Supongo que pretende seguir la senda de Libranda, donde están los 54 editores más importantes”, refrenda Alonso. También para las librerías es una opción a la que agarrarse tras un año que ha sido desastroso.

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