Las mujeres del libro plantan cara a sus dragones

Las mujeres del libro plantan cara a sus dragones

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, Barcelona

“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”. Son las palabras de Emily Dickinson escogidas por las Mujeres del libropara su manifiesto del pasado 8 de marzo, un reivindicativo día en el que hicieron precisamente eso: ponerse en pie. “Al principio éramos cinco. Hicimos un boceto del manifiesto y se lo enviamos a Paula Bonet. A las dos horas se había venido arriba y nos había hecho una ilustración”, explica Patricia Escalona, editora y cofundadora de la asociación Mujeres del Libro. A los pocos días, más de 1.800 empleadas del sector habían firmado el texto.

Fuente original: Las mujeres del libro plantan cara a sus dragones.

Un manifiesto que consideran necesario, a pesar de que la mayoría de trabajadores del sector son mujeres. La autora de cómic Raquel Córcoles (Moderna de pueblo), la poeta María Leach, las traductoras Inga Pellisa y Natalia Zarco, la ilustradora Sara Morante y la librera María F. Serra aseguran a La Vanguardia que existe paridad en sus empleos. Aunque, en realidad, en este sector las mujeres suelen ser mayoría. Según el propio escrito, las cifras del gremio señalan que la media de trabajadoras en cualquier editorial oscila entre el 70 y el 80 por ciento. “El problema es que las mujeres desaparecen a medida que subimos los escalones de responsabilidad”, explica Pellisa. Está en lo cierto: el 80% de estos puestos está ocupado por hombres.

La media de trabajadoras en cualquier editorial oscila entre el 70 y el 80%, pero el 80% de los puestos de responsabilidad está ocupado por hombres

La visibilidad de las mujeres en el sector del libro también mengua cuando se habla de premios. Desde 1975, tan solo cuatro han ganado el Premio Nacional de Ensayo, las mismas que se hicieron con el Premio Nacional de Literatura Dramática, que se entrega desde 1992. En 40 años de Premio Nacional de Narrativa, solo tres mujeres se alzaron con el galardón. Igual que en el Premio Nacional de Poesía, celebrado también desde 1977. Pero si se trata de Narrativa Juvenil, la cosa cambia, aunque solo un poco: desde 1978, ha sido otorgado a diez mujeres.

La explicación a esta tendencia, según argumenta Serra, es que durante mucho tiempo y de forma errónea, el libro infantil y juvenil ha sido “tratado como un menor”, y fue ahí cuando se permitió la entrada de autoras. Aunque la presencia de la mujer a lo largo de la historia tampoco ayuda. “Las pocas que escribían lo hacían bajo pseudónimo o como anónimo”, señala. Una idea que comparte Zarco, quien considera que “los genios han sido aquellos que han tenido tiempo para dedicarse a ello porque no estaban criando niños o en otros menesteres”.

Por otro lado, Escalona denuncia que en la mayoría de los casos los jurados están compuestos casi exclusivamente por hombres. “Y lo normal es que los referentes literarios de estos hombres sean otros hombres”, detalla. Además, según expone Morante, a pesar de que existen grandes autoras, “en pleno siglo XXI se sigue percibiendo que una mujer escribe de una manera floja, blanda. Es un prejuicio ridículo”. Y eso, según apuntan Zarco y Leach, se cambia desde la cultura, la educación, la formación. Coincide con ellas la escritora y comunicadora Natza Farré: “Cuando estudiábamos prácticamente no había ninguna mujer en los temarios”.

La percepción de Farré no es errónea. Según el informe “Análisis de la ausencia de las mujeres en los manuales de la ESO: una genealogía de conocimiento ocultada”, a cargo de Ana López-Navajas, la presencia de las mujeres en los libros de texto es tan solo del 12’8%.

Esta ausencia deriva, según Escalona, en la problemática social y psicológica de que las mujeres no tienen aspiraciones a ascender en su puesto de trabajo porque a penas hay referentes. “Si no estamos visibilizadas raramente habrá otras mujeres que quieran formar parte de este mundo”, apostilla.

Leach añade la necesidad de que los niños entiendan que hay una igualdad y una diversidad, puntos de vista distintos que son igual de válidos. “Hay que educar de otra manera, no para mirar el mundo desde un solo prisma, sino que cada persona cree el suyo propio”. Para las generaciones que continúan arrastrando el machismo, Moderna de pueblo aboga por “desaprender lo que nunca deberían habernos enseñado” y romper así los estereotipos que rodean a la mujer y los tics machistas que recaen sobre ella continuamente.

La “literatura femenina”: ¿las mujeres escriben para las mujeres?

Esos mismos estereotipos, entre otros factores, son los que han originado otro de los lastres del sector: la “literatura femenina”. O lo que es lo mismo, la idea generalizada de que las mujeres escriben para mujeres. Farré defiende que en este concepto va implícita la afirmación de que “la literatura sin adjetivo, es masculina y es la buena”. Y es que, como dice Leach, “el escritor siempre es escritor, y la escritora es escritora mujer. Siempre lleva una etiqueta que al hombre no se le pone”.

Moderna explica que el origen de esta errónea idea es que desde pequeñas “nos acostumbramos a identificarnos con el protagonista, que siempre era un hombre listo”, mientras la mujer quedaba relegada a un segundo plano en la historia. “Por eso nunca nos ha costado ponernos en la piel de un personaje masculino, en cambio a ellos sí. Ven un libro de una autora o protagonizado por una mujer y creen que no va consigo”, explica.

Sobre esto recuerda Morante una anécdota de un librero de Madrid al que un señor le pidió un libro y, cuando le recomendó una obra de una autora, le espetó: “Yo no leo a mujeres”. “Es un prejuicio que hace muchísimo daño”, manifiesta la ilustradora. Y es visible en todas las edades. La librera María F. Serra explica que está muy catalogado que el hombre compre ensayo y la mujer se decante por novela o narrativa. “Con los niños también lo ves mucho, y algunos dicen eso de ‘No, hombre, no, esto es de niña’”.

Estos prejuicios, sin embargo, no solo existen en los hombres. Los tics machistas están tan incrustados en la sociedad que incluso las mujeres los adoptan. “Han formado parte de mi educación, pero hago el esfuerzo diario de quitármelos”, admite Moderna de pueblo. Farré, por su parte, señala que el machismo en las mujeres es “normal” porque “venimos de siglos de dominación masculina”. “Nos lo han metido en vena”, asegura.

Este concepto de “literatura femenina” contrasta con que la mayoría de lectores son mujeres. Según el último informe del Observatorio de la Lectura y el Libro de junio de 2017, la tasa de lectura anual en mujeres alcanzaba el 66,5%, frente a un 57,6% de los hombres.

La conciliación, una tarea pendiente

La conciliación entre empleo y familia es otra de las trabas que impiden la llegada de la mujer a las altas esferas en el sector del libro. “Para llegar a los puestos de responsabilidad hay que estar dispuesto a entrar en una carrera de fondo que no da tregua”, observa Pellisa, quien precisamente solo ha podido hacer la entrevista por escrito por su condición de madre y el alto ritmo de trabajo, así como las condiciones que lo acompañan. “La edición tiene que ser tu vida las 24 horas del día, y sino que se lo pregunten a nuestras grandes editoras”, destaca. También Leach reconoce haber tenido que renunciar a cosas para poder conciliar y denuncia que son muchas las veces que una mujer “adopta roles masculinos para poder subir posiciones”.

Para lograr esa paridad en la conciliación, Natza Farré señala que el permiso de paternidad debería ser obligatorio. Moderna de pueblo (Raquel Córcoles) coincide con la escritora, y agrega que esta medida evitaría, en cierto modo, que una mujer que ronde la treintena acuda a una entrevista de trabajo y “tenga la sensación de llevar un cartel en la frente que diga: ‘me queda nada para quedarme embarazada’”.

La poeta María Leach conoce bien esa sensación. Relata que una de las condiciones con las que se encontró para acceder a un empleo era comprometerse a no quedarse embarazada durante un año. “Cogí el empleo porque necesitaba trabajar y estaba en una etapa en la que no me planteaba ni a corto ni a largo plazo la maternidad”, confiesa. Algo similar vivió María F. Serra, aunque nunca llegó a aceptar el trabajo. “Me preguntaron en dos entrevistas si iba a ser madre. Me levanté y me fui”, asevera. También Morante fue víctima de discriminación por género. Antes de ser ilustradora fue despedida por quedarse embarazada. “Fui a juicio, gané y me reincorporé porque me parecía indignante”, denuncia.

Señalar el problema, el primer paso para lograr la igualdad en el sector

El primer paso para lograr la igualdad en el sector y principal objetivo de Mujeres del libro es señalar el problema, para lo que reclaman conocer las cifras exactas de la brecha salarial mediante una ley de transparencia de sueldos. Farré sugiere una legislación efectiva, apoyada por la presión popular y el feminismo, como la única vía para cambiarlo. En cuanto a la conciliación familiar, igual que Moderna de pueblo, sostiene que “se tienen que hacer leyes que obliguen a las empresas a cumplir con esta paridad”; mientras Zarco apuesta por la mejora de las condiciones de los ‘minijobs’ como una posibilidad para la conciliación igualitaria; y Morante se decanta por la equiparación de sueldos como condición imprescindible.

Las mujeres del libro reivindican que se les dé más visibilidad, en especial en la Diada de Sant Jordi. Que todas las personas que son reticentes a abrirse a las lecturas de autoras empiecen a descubrir este universo. Que se le pierda el miedo a los libros para eliminar los lastres de la sociedad, como el machismo. Que se cuide la educación para el sector de la cultura deje de ser tan elitista y se abra a todas las clases sociales…

Que las mujeres se pongan de pie y, juntas, maten a sus dragones.

El cartel de las mujeres del libro para la Diada de Sant Jordi
El cartel de las mujeres del libro para la Diada de Sant Jordi (Paula Bonet)

Estos son los libros que nuestras entrevistadas recomendarían aquellos lectores que quieran ahondar en el feminismo y entender el porqué de las reivindicaciones de la mujer:

Patricia Escalona: Bel Hooks, ‘El feminismo es para todo el mundo’ (Traficantes de sueños)

María Leach: Júlia Bertran, ‘M’estimes i em times’ / ‘Amar y timar’ (Bridge Books)

Raquel Córcoles: Moderna de pueblo, ‘Idiotizadas: Un cuento de empoderhadas’ (Planeta); Kate Bolick, ‘Solterona: La construcción de una vida propia’ (Malpaso Ediciones)

Sara Morante: Virginia Woolf, ‘Una habitación propia’ (Seix Barral)

Natza Farré: Rebecca Solnit, ‘Los hombres me explican cosas’ (Capitan Swing); Natza Farré, ‘Curs de feminisme per a microones’ (Ara Llibres)

María F. Serra: Chimamanda Ngozi Adichie, ‘Todos deberíamos ser feministas’ (Literatura Random House)

Natalia Zarco: Nuria Varela, ‘Feminismo para principiantes’ (Zeta Bolsillo)

Inga Pellisa: Angela Davis, ‘Mujeres, raza y clase’ (Akal), y W.I.T.C.H. (Conspiración Terrorista Internacional de las Mujeres del Infierno), editado por La Felgue

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