Librero, amigo y prescriptor

Librero, amigo y prescriptor

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María Teresa Cárdenas M / economiaynegocios.cl


Luis Domínguez entrega algunas claves del oficio en el que se inició hace más de 40 años en Madrid y que le permitió subir desde el subterráneo “hasta tocar el cielo”. Da a conocer, también, sus planes de distribuir libros chilenos e, incluso, instalar una franquicia de Marcial Pons en nuestro país.

Fuente original: EyN: Librero, amigo y prescriptor.

La actividad fluye en la librería de Humanidades Marcial Pons. Ubicada en la Plaza del Conde del Valle de Suchil, es el escenario en el que Luis Domínguez (Madrid, 1959) se mueve a sus anchas. En este local, inaugurado hace tres décadas, el carismático librero llegó a ser gerente, pero sus primeros pasos en el oficio los dio mucho antes. “Ya son 44 años”, dice en este contacto telefónico en el que revelará una singular capacidad para permanecer atento a lo que ocurre a su alrededor sin perder en ningún momento el hilo de la conversación.

A principios de los 70, Luis Domínguez recorría Madrid con unas enormes maletas. Tenía apenas 14 años y trabajaba para una distribuidora de textos italianos ofreciendo sus novedades en cada librería. “En España hoy en día no me habrían dejado trabajar”, dice riéndose. Pero entonces las dificultades económicas lo obligaron a aportar al ingreso familiar. “Una de las librerías que yo visitaba era Marcial Pons -recuerda-, y ahí un señor que se llama Carlos Pascual me dijo si querría trabajar de librero”. Siendo un “chico despabilado”, se atrevió a pedir garantías: que le permitieran estudiar. “Yo preparé todos mis exámenes en la librería. En las tardes me veían leyendo y nadie me llamaba la atención”.

Por eso, junto con su pasión por los libros, es la gratitud la que motiva su compromiso y entusiasmo. “Yo podría ser ahora mismo el repartidor más ilustrado del mundo, pero sin dejar de ser un repartidor. Estas personas me dieron la oportunidad de hacer estudios y de llegar a ser gerente de una de sus librerías más emblemáticas”, señala.

Lectores y compradores

La primera librería Marcial Pons nació en Madrid en 1948, cuando su dueño homónimo decidió establecerse como librero independiente. Poco después se trasladó a la calle Bárbara de Braganza con su tienda especializada en textos jurídicos, la que hace poco tiempo se fusionó con la de Economía y Empresa. “En Madrid tenemos tres librerías -explica Luis Domínguez-, pero una de ellas, de libros antiguos y de ocasión, no está abierta al público porque no es rentable”. Esos libros se venden por internet. Por un motivo distinto, acaban de cerrar una de las dos librerías de Barcelona. “Con el problema en Cataluña, la que teníamos en la universidad nos la han quitado”, afirma. Conservan, eso sí, la de calle Provença, librería jurídica de referencia en la región.

Pero hay más, y a la cabeza de todo están los nietos del fundador: Enrique Pascual y Pedro Pons. “Tenemos una editorial de derecho y otra de historia; una distribuidora y las librerías, con lo cual Marcial Pons cubre todo, también la búsqueda de libros agotados y de segunda mano”, señala. Y cuenta que están próximos a abrir un nuevo espacio, donde harán presentaciones. “Aquí en la librería tenemos muchas charlas, muchas conferencias, pero esto es pequeño, tiene un aforo reducido para unas 70 personas”.

-Usted ha dicho “yo no vendo libros, soy librero”. ¿Cuál es la diferencia?

“El mundo de los que leen es totalmente diferente al del comprador de libros. Ahora mismo me está llamando Alfredo Barnechea, ex candidato a la presidencia del Perú, porque necesita una ayuda. Pues ahí está un librero, alguien que le está aconsejando qué libros puede haber sobre esa materia de la que él tiene que construir un discurso. Entonces, te conviertes en esa persona que ayuda, que facilita las cosas. No es porque te han pedido el libro de tal o cual, que uno lo puede conseguir o no, sino porque tú le dices ‘no, usted está equivocado, este tema lo trabaja mucho mejor este otro’. Esa es la gran satisfacción, que durante todos estos años yo me he sentido un hombre muy libre, muy querido, muy respetado, porque no solamente vendes libros, sino que te conviertes en prescriptor. Aquí viene mucha gente que lo que más agradece es que le des lo que necesita en ese momento y no sabe que existe”.

Y hace una comparación: “Cuando uno va a la farmacia con un dolor, y el farmacéutico le pone en la mano el medicamento y le dice tómate esto cada tantas horas, ya verás cómo se te quita el dolor, uno sale de la farmacia ya contento. Ya a ese hombre le quiere uno. Pues, a mí me gustaría que la gente pensara que el librero es el que cura a veces el alma, el alma de los deseos, el alma de las ilusiones, el alma de querer saber”.

-Curiosamente, en Santiago tenemos muchas farmacias y pocas librerías.

“Pero es que ustedes tienen un problema grave, porque en Chile pagan muchísimo impuesto por ser culto. Eso no puede ser. En España hay otro problema, que es que la cultura tiene que ser gratis, los chicos hoy quieren que sea todo gratis. Ni eso ni lo otro; tiene que haber un término medio , para que todo el mundo que tenga y no tenga recursos que quiere ser culto, pueda serlo”.

Antes de estudiar Historia, Luis Domínguez ya había adquirido en las universidades algunos conocimientos que le sirvieron para ascender en el trabajo. “Yo les llevaba los libros a los grandes maestros, pero como era un chico despabilado, con mucho desparpajo, escuchaba lo que me decían y después se lo repetía al resto de España. Preguntaba ¿por qué es importante este libro, profesor? Y lo que ocurrió fue que cuando venían a la librería preguntaban por mí. Yo estaba en el sótano, haciendo paquetes, preparando mis visitas. Así empezó el jefe a decirme ‘Oye, Luis, que subas’, hasta que llegó un momento en que dijo ‘No bajes más, quédate en la librería, todo el mundo pregunta por ti'”.

Para él, sin embargo, fue más que subir a la librería: “No, ¡al cielo! Yo subí de los sótanos al cielo porque no se puede usted imaginar la cantidad de amigos que he hecho. Está el ex Presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, él me ha invitado a hacerle una evaluación del tema de la cultura en su país. Es muy bonito lo que te devuelven los libros. El que escribe, el que investiga, te conoce, y te quiere, porque estás ahí”.

Y así se lo han hecho saber. En un reportaje, Rosa Montero lo definió como “un librero genial, capaz de encontrar cualquier libro que necesites por imposible que sea, hasta el punto de que, si no lo consigue, llega a localizarte a un cliente que pueda prestártelo”. Mientras que, en su última novela, “Los pacientes del doctor García”, Almudena Grandes le agradece su colaboración en la búsqueda de fuentes históricas. La propia Almudena y el historiador Ángel Viñas protagonizaron el encuentro de este jueves en la librería. “Nos hemos convertido en un club donde se debate en torno a distintos temas”, señala. Tras la concurrida charla, Almudena Grandes debía viajar a México, ya que la Feria del Libro de Guadalajara -inaugurada ayer- tiene a Madrid como ciudad invitada de honor.

Además de este reconocimiento a Madrid, el director de la Feria de Frankfurt, Juergen Boos, acaba de confirmar que España será el país invitado de honor en 2021. “Es verdad que el mundo del libro en España es de una riqueza impresionante -afirma Domínguez-, realmente se publican más libros que nunca y nacen más editoriales que nunca. El problema es la baja de lectores, porque los chicos jóvenes yo no digo que no lean, pero es la misma franja que yo he conocido siempre, es la elite, es una minoría que lee muchísimo”.

-¿Cómo ve la realidad del libro electrónico en relación al impreso?

“El libro electrónico ha ido decreciendo; aquí, las editoriales se han dado cuenta de que es muy caro digitalizarlos y luego no se venden. Es que el libro digital en España es carísimo, no como en Estados Unidos. Un libro en papel puede costar 16 euros, y el libro digital, 12. Es muy bonito, pero muchas veces cuando vas a echar mano de él ya no está, porque cambias de modo o de ordenador. El libro en papel siempre estará contigo, nunca te pedirá nada más que lo tomes, le sobes un poquito, le quieras. Su autonomía no depende de nada ni de nadie, y no se autodestruye”.

En la conversación, Luis Domínguez muestra un especial interés en nuestro país, y adelanta algunas novedades. “No se puede imaginar la gran cantidad de gente que yo conozco de Chile, y mi gran ilusión es un día poner allá una franquicia de Marcial Pons. Lo que también se podría hacer es que si hubiera un librero como nosotros ahí, de referente, le haríamos llegar los paquetes. Alguna librería de Chile que confíe en Marcial Pons y nosotros en ella”.

Y tiene otro plan, más avanzado: “Estoy intentando, desde Marcial Pons, ser el distribuidor de libros de las universidades chilenas para que desde aquí se puedan mandar a Italia, a Francia, a Alemania”.

-¿De qué universidades?

“Pues, la Católica, y si ese acuerdo se firma, iré poco a poco con todo el mercado chileno, con todas las grandes editoriales para que no haya ninguna pérdida. Que si alguien quiere un libro de ustedes aquí no se pierda tanto tiempo en los envíos”.

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