Noche y librerías: romance de dos berretines porteños

Noche y librerías: romance de dos berretines porteños

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Patricia Suarez / clarin.com

La noche del sábado fue, esta vez, la Noche de las Librerías 2018, el evento literario de Buenos Aires, que nos hace caminar arriba y abajo por la mítica calle Corrientes; según los organizadores -el ministerio de Cultura porteño-, esta vez participaron más de 100.000 personas.

Fuente original: Noche y librerías: romance de dos berretines porteños.

Si Buenos Aires está posicionada como una de las ciudades con mayor cantidad de librerías per cápita (según el Foro Mundial de Ciudades Culturales en el 2015), la calle Corrientes significa en el corazón del lector el lugar adonde ir a calmar su TOC de libros cuando sea, a la hora que sea. Este sábado era la noche especial: desde el Obelisco hasta cruzar Callao, en todas las cuadras estaban abiertas las librerías -incluso sacaron su mercadería a la puerta y pusieron ofertas muy tentadoras-. Además, en cada cuadra había un living: una especie de auditorio improvisado, que llevaba el nombre de algún escritor argentino como Saer, Rivera, Piglia y Liliana Bodoc y adonde se dieron participaciones muy interesantes de autores de libros. Sumado a ello, los tres grandes bares tradicionales de la zona, La Ópera, El Gato Negro y La Paz, recibieron escritores para que leyeran ficciones propias.

Noche y librerías: romance de dos berretines porteños

Ahora. Encuentro con los libros en la calle Corrientes. /Fernando de la Orden

Una cosa que queda bien clara en esta noche, es que todos los géneros literarios son literatura y por ende, nuestra cultura. Ya no se trata de que sólo son autores los Premios Nacionales que disertan sobre laberintos de la crítica, sino personas que escriben libros, historietas y guiones con los que todos nos deleitamos. Por eso, hoy era posible encontrar en la misma calle a Juan José Campanella contando a todos que “la buena idea es la que se resiste a irse. Mi primera imagen para El secreto de sus ojos fue la de un viejo escribiendo en un restaurante”, a la escritora de novelas románticas Gloria Casañas afirmando que “el amor es eterno: cambian los formatos. Yo tenía una tía que sabía que llegaba su amado porque, decía, oía retumbar la tierra; claro, él venía a caballo”, o a Carolina Aguirre que trajo la anécdota de cuando la echaron de un programa de cable diciéndole que ella “no servía para la televisión y alguna alma buena tenía que advertírselo” y hasta a la enóloga Elisabeth Checa explicando por qué el amor y la cocina van juntos.

La calle Corrientes significa en el corazón del lector el lugar adonde ir a calmar su TOC de libros

En todos los eventos habría cuanto menos cincuenta personas de público que escuchaban atentas, lo que tira por tierra aquello de que a los argentinos les son indiferentes los libros, que estamos distraídos con Netflix o la plataforma que sea. A nadie se le escapa que también detrás de cada serie hay un libro o un escritor y hoy venían a ver a los escritores, a las estrellas de la bambalina. Bastaba “escuchar el silencio” con que los lectores prestaban atención a los textos que leyeron Agustina Bazterrica o Anna K. Franco, una autora de sagas juveniles distópicas y de novelas románticas, para comprobar que la ficción escrita no perdió un ápice de interés. Claudia Piñeiro siguió en El gato negro con un cuento, rompiendo con la etiqueta de que ella es sólo una novelista y dijo algo que aparte de simpático, resulta ser la pregunta que pone en cuestión al género negro: “Me pidieron que leyera policiales, creyendo que yo escribo sólo policiales. En realidad, yo no escribo policial, sino que tengo libros con muertos”.

Noche y librerías: romance de dos berretines porteños

Celebridad. La joven autora Tiffany Calligaris firma en una librería. / Fernando Orden

Una señora entró muy apurada, angustiada, porque había temido perderse la lectura de Mariana Enríquez. Cuando supo que aún faltaba para que la gran maga del terror argentino entrara a escena, respiró profundo. ¿Cholulez o admiración, o ambas? Las personas que concurrieron a los eventos eran variopintas, y había desde ancianas aprendiendo a manejar el celular para tomar fotos de los escritores que leían hasta chicos volcados al comic. Diego Rey, historietista y dibujante de La vida nuestra, una tira cómica que hizo junto a Hernán Martignone, contó en qué consiste escribir y dibujar una vida, como la biopic de Roberto Arlt que está armando y que espera ver este año en las librerías.

Sin duda La noche de las librerías también es un sitio adonde buscar consejos, para aquellos que quieren iniciarse en el difícil oficio de la escritura. Difícil, porque el arte es difícil, y difícil porque es difícil vivir económicamente de él. No por nada Alejandro Alen Vilas, quien conducía el evento de El gato negro, alentaba a la gente a comprar libros de las escritoras que el público había escuchado, diciendo: “Las librerías están abiertas; tiéntense y compren libros. Todas estas autoras viven de lo que escriben”. Valga el ejemplo de una señora que, luego de haber oído a Claudia Barzana, escritora de novelas románticas, entró en Cúspide y gastó 1700 pesos en libros de la autora, porque quería conocerla mejor.

Noche y librerías: romance de dos berretines porteños

Amor no sólo a los libros. En un stand de la calle Corrientes. / Fernando Orden

Respecto del difícil arte de la ficción en sí, en la Librería Corregidor se llevó a cabo una mesa donde se disertó sobre Clarice Lispector, en la cual la crítica y editora Constanza Penacini, hizo hincapié en el proceso de escritura de esta gran autora brasileña: “Clarice escribía en papelitos sueltos, frases, ideas, cositas que después organizaba. No se aislaba para escribir, porque no quería que sus hijos se quejaran de que tenían una mamá escritora. Las condiciones ideales de escritura están dentro de una, algo que sólo podría afirmar una mujer que se dedique a las letras.”

Se venden muchos más libros en ferias y eventos.

Hoy por hoy, las ventas de las librerías están en baja, aunque todas las estadísticas coinciden en que se venden muchos más libros en ferias y eventos; y en este sentido La Noche de las Librerías es un empujón para la cultura del libro de Buenos Aires. Precisamente llevados por esta idea, se regalaban a todo lo ancho y largo de la avenida Corrientes, entradas para la Feria del Libro. Sol Klinkenberg, periodista de cultura y hacedora de Dionisios, programa de teatro en FM La Tribu, opinó: “La Noche de las Librerías es otra forma de acercar a la gente a la cultura. Esto hace que la gente escuche a un escritor y después vaya a comprarse sus libros, o ver sus películas”. ¿Quién dijo que todo está perdido en un pueblo que aún se detiene a oír un cuento?

Aunque la jornada empezó con el calorazo propio de marzo, terminó con un viento fresco que hizo agradable el paseo y la posibilidad de sentarse a disfrutar de Elena Roger cantando en vivo. Es que Dios debe ser lector y vela por los sitios adonde vamos por libros.

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