Olvido García Valdés: «El consumo de libros es fundamental, pero me interesa mucho cómo y qué se lee»

Olvido García Valdés: «El consumo de libros es fundamental, pero me interesa mucho cómo y qué se lee»

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Inés Martín Rodrigo / @imartinrodrigo / abc.es/

Fue la industria editorial la que más celebró el nombramiento, el pasado 6 de julio, de Olvido García Valdés (Santianes de Pravia, Asturias, 1950) como directora general del Libro. El ministro de Cultura, José Guirao, recuperaba, así, un puesto del que había prescindido el anterior Gobierno (existía la Dirección General de Industrias Culturales y del Libro) y lo hacía confiando para ello en alguien de dentro: una poeta. Pero, tras más de cuatro meses en el cargo, García Valdés hace balance de la intensidad del tiempo transcurrido con dos objetivos: disminuir el «perfil industrial del sector» y «devolver a los creadores su lugar».

Fuente original: Olvido García Valdés: «El consumo de libros es fundamental, pero me interesa mucho cómo y qué se lee».

¿Qué balance hace de este tiempo?

Es mucho tiempo, y es muy poco tiempo. Tomé posesión el 9 de julio y, desde mi percepción subjetiva, podrían ser cuatro años. Es una densidad y una intensidad muy fuerte. En este tiempo, se han hecho muchas cosas ya. Cuando acepto esta tarea, este reto, me planteo qué es la Dirección General, que, como sabe, había dejado de existir.

Era la Dirección General de Industrias Culturales.

Sí, teníamos una Subdirección General del Libro que dependía de Industrias Culturales. Esa dependencia en el organigrama había marcado mucho la Subdirección.

¿En qué sentido?

En el sentido de la industria. El libro que me encuentro es más el de la industria editorial, que es importantísima, pero no es todo el libro. El libro es un arco entre quien escribe y quien lee. Son los dos polos decisivos. Sin el talento de la creación y sin la recepción de la lectura no hay nada. En ese arco están todos los demás elementos, que son fundamentales: editores, distribuidores, libreros, bibliotecas, ferias, congresos… Pero como la Subdirección General del Libro dependía de Industrias Culturales predominaba, casi inevitablemente, el perfil industrial del sector del libro.

Cuando dice perfil industrial, ¿se refiere a los grandes grupos editoriales?

No, no. Me refiero a la manera de percibir el libro. Si le preguntan con qué asocia el libro, difícilmente diría con la industria editorial.

Como lectora no, desde luego.

Es la perspectiva global de lo que es el libro. Otra cosa fundamental que, por ejemplo, había una Subdirección General del Libro y una Subdirección de Coordinación Bibliotecaria, pero no tuvieron nunca nada que ver cuando, en realidad, son dos cosas que tienen que estar estrechamente unidas, trabajando. Es una Dirección muy compleja. Por tanto, lo primero que hice, y sigo haciendo, es escuchar, ver qué problemas hay, ir haciéndome una composición de lugar.

Y, teniendo eso en cuenta, ¿cuáles son los principales problemas que afronta el libro en España?

Un asunto importante es devolver a los creadores su lugar, su relevancia, incluso desde un punto de vista social. Venimos de una época muy, muy dura para autoras y autores, incluso con todos aquellos problemas fiscales, terrible. Sin creación no hay nada en el ámbito del libro, pero también en los demás ámbitos.

¿Por qué cree que estos últimos años no han tenido el respeto o el lugar que se merecen?

Es una sensación de que se había degradado mucho el lugar de la autoría. Cuando hablo de autores estoy pensando también en traductores. Devolver ese lugar a la creación es fundamental.

¿Cree que se ha relegado al creador por motivos ideológicos?

No sabría decirle y no podemos buscar una respuesta unívoca. Confluyen muchos motivos y es una cuestión compleja. Creo que influye una especie de percepción social, que se va modificando casi imperceptiblemente, en la que influye mucho el punto de vista desde el que se habla. La perspectiva social que se va a creando en un mundo cada vez más vertiginoso, en el que todo acaba siendo casi puro zapping, ha afectado mucho, también a los medios de comunicación. No sé si lo comparte…

Sí, lo comparto totalmente.

Al público también le llega esto. ¿Eso qué quiere decir? Que sin atención no hay valoración.

Pues la lectura en España no pasa por su mejor momento…

Pero se lee más de lo que se piensa. La lectura para mí es decisiva, lo mismo que la autoría. Todos los demás componentes están mejor engranados. Una de las cosas que pensamos plantearnos el año que viene son algunas mesas de debate y de reflexión sobre la lectura, sobre qué es la lectura.

Piense que un 40,3% de los españoles afirma no leer nunca o casi nunca por motivos de ocio. Es un dato alarmante.

Es alarmante, pero los índices de lectura van creciendo. Los jóvenes leen mucho y es muy importante despertarles el interés por la lectura. Usted dice el 40% y, efectivamente, ese criterio cuantitativo es fundamental, pero a mí me interesa mucho el cualitativo; es decir: cómo se lee y qué se lee. La lectura es una de las cosas más decisivas de nuestra vida para ser como somos. Este modo de leer es el que cambia las cabezas, el que puede aportar un espíritu crítico para la vida. Y eso es fundamental. En general, cuando se habla de la lectura y la cantidad, estamos hablando de una lectura casi un poco producto de consumo.

Que se lee en diagonal, vamos.

Sí, un poco producto de consumo. Consumimos libros. Es una lectura consumista. Esa lectura es fundamental para el crecimiento de la industria, pero no es tan interesante como índice cultural de un país.

Pero es que la industria editorial representa un 4% del PIB en España, la cantidad es muy importante. No nos podemos olvidar del aspecto comercial.

No, no podemos y no debemos. Tenemos claro que es un factor fundamental y hay que apoyar a esa industria. Pero tampoco podemos olvidar que los modos de leer son múltiples y que, como institución que tiene una responsabilidad social, ese elemento es fundamental. Hay un compromiso con la industria que hay que mantener, pero no podemos olvidar el compromiso con la cultura verdaderamente del país.

¿Cuál es su postura respecto a que los escritores puedan percibir una pensión y cobrar derechos de autor?

Es clara, es evidente. No tiene esos problemas nadie que tenga un piso y lo alquile, solo lo tienen los creadores. Todos los grupos políticos se han puesto de acuerdo en esto. No puede haber esa escisión y esa incompatibilidad. Está en marcha el «estatuto del artista». Quizá esa denominación es problemática, sería mejor hablar de creador. Está ese informe, que ha sido aprobado, y que está en el proceso de desarrollo y de que eso se concrete. Tenemos todos la convicción de que así se hará.

¿Ve factible, por tanto, que el problema se solucione?

Esperamos que sí, porque hay varios ministerios implicados. Ahí hay un malentendido, que es equiparar creación y trabajo. Cuando se habla de esas incompatibilidades, se está pensando en el ámbito laboral. La creación no está en ese ámbito.

¿Y en qué ámbito está?

Cuando piensas en alguien que está escribiendo en su casa puede o no sentarse ocho horas diarias, pero la creación no trabaja de ese modo…

Lo que sucede es que todo el que crea, el que escribe, lo hace para vender.

Lo hace para vender y para otras cosas. No se puede equiparar creación y trabajo. Ese es el malentendido de raíz. Por eso la percepción social está equivocada. No estamos hablando de lo mismo. Por eso hay que ver cómo se va afinando y cómo se resuelve. Pero, evidentemente, se tiene que resolver.

¿Está de acuerdo con el ministro Guirao en que el Ministerio no es una caja pagadora?

Sí. El Ministerio de Cultura es una institución que tiene que trabajar la cultura con otras instituciones y entidades que están en el mundo de la cultura, y eso quiere decir crear proyectos en los que trabajemos juntos, y que cada uno ponga lo que ponga. Eso tiene que ser cooperar, colaborar. Aquí llegan proyectos que te proponen que los patrocines. Esa es una manera de colaborar, pero a lo mejor hay que proponer el proyecto y pensarlo un poco juntos, colaborar en ese sentido. El patrocinio es una posibilidad, pero no nos parece la mejor.

Antes hablaba de la percepción de la sociedad… Existe la percepción de que siempre las subvenciones, las ayudas, van asociadas al mundo de la cultura.

Para los coches hay programas de subvenciones enormes. De hecho, nos hemos acogido los que estamos aquí a un plan de esos en algún momento.

Pero esa sensación no la tiene la sociedad.

Pero no la tiene por ignorancia. ¿La banca no ha recibido toda clase de ayudas? La perspectiva está mal enfocada. Hay una diferencia respecto a la banca o a la industria automovilística, que es de fragilidad constitutiva. La cultura es constitutivamente frágil porque trabaja con el espíritu humano y con el sentimiento, la emoción, la inteligencia y todo lo que nos constituye como seres humanos. Somos una cosa muy frágil. En ese sentido, la cultura sí requiere, y no siempre se ha hecho, que sea apoyada de una manera específica, acorde con esa fragilidad. En ese sentido, las ayudas deberían crecer, no disminuir.

Hablando de ayudas, uno de los puntos de desencuentro de la Dirección General con los libreros en los últimos meses ha sido el sello de calidad de las librerías. ¿Tiene pensado impugnar el convenio?

No, para nada. Económicamente, para nosotros es un asunto relativamente menor.

131.000 euros hasta 2021.

Si sumas, será eso, pero es una cifra pequeñita año por año. Económicamente no nos supone ningún problema. El sello de calidad es una herramienta comercial muy buena, y los libreros deberían continuar con ella. Creo que es una buena herramienta. ¿Qué problema tiene la Dirección General con eso? Que hay un convenio firmado en abril, que no firmamos nosotros, que nos ata hasta 2021. Tenemos un papel de locomotora en el sello, que es una herramienta comercial, lo que nos crea una incomodidad. Las librerías que tienen el sello de calidad en este momento son 70. Hay 22 que son de una cadena, y hay cinco que son de otra cadena. Son muy pocas librerías. No me parece mal que los libreros digan que esas librerías son las mejores, pero lo está haciendo el Ministerio. Y no solo eso, sino que esas librerías son las mejores para que compre la Administración. Marcar las compras de la Administración pública a un grupo tan restringido… éticamente no podemos hacerlo. A nosotros lo que nos interesa son las librerías independientes y con fondo. No vamos a impugnar el sello de calidad. Esto que quede claro. Lo que sí hemos pedido a los libreros es que disolvamos amigablemente eso, porque no nos sentimos capaces de hacernos cargo de una herramienta comercial que consideramos injusta.

¿Y qué respuesta han tenido de ellos?

Que lo pensarían, que a final de año lo hablaríamos de nuevo. Están, a lo mejor, en vías de encontrar otra vía para seguir caminando, que hagan su trabajo…

Las librerías tienen un papel fundamental, no solo como prescriptores…

Es verdad, son prescriptores.

No le gusta la palabra prescriptor…

Es que una librería es un espacio tan libre… La lectura es un acto puro de libertad. La palabra prescripción me suena a receta médica. Es una palabra poco simpática. Desde el punto de vista de lo que es la lectura es una palabra poco simpática.

Bueno, dejémosla de lado.

Una librería es un sitio donde vamos lectores y lectoras, autores y autoras, y hay diálogos, talleres, mil cosas.

Pero las librerías tienen que sobrevivir, y para eso tienen que vender.

Vamos a ver, todo depende de si lo llamas prescripción o lo llamas invitación.

Recomendación.

Sí, recomendación, invitación. Y eso potencia las ventas, que es de lo que se trata también. Para nosotros son muy importantes las librerías, pero igual de importantes son las bibliotecas.

El último año en el que estuvo vigente el Plan Extraordinario de Dotación Bibliográfica fue 2011. Desde entonces, las bibliotecas…

No han tenido. Por parte estatal, cero.

¿Van a hacer algo?

Claro. Uno de los proyectos para 2019 es recuperar ese plan, que estuvo vigente desde 2006 a 2011. Si no recuerdo mal, el último año hubo 24 millones para libros para bibliotecas. Esos libros se compran en librerías. Este año, nuestra situación es mala y hemos puesto un presupuesto muy pequeñito: la Dirección General del Libro aporta 3,5 millones, que con otros 3,5 millones de las Comunidades son siete. Es muy poco, pero es un principio para recuperar ese plan y para que esa desactualización terrible que las bibliotecas han tenido se vaya poco a poco revirtiendo. Las librerías tienen subvenciones también del Ministerio, la ayuda del año pasado era de 120.000 y la de 2018, 320.000. Son 200.000 más.

Por aclarar: no impugnarán el convenio del sello de calidad para las librerías, pero sí quieren disolverlo.

Sí. Esperamos llegar a un acuerdo amigable.

Una de las cosas que a mí me llama la atención es que en España no se hacen públicas las cifras de venta de libros. ¿A usted qué le parece?

Es un asunto que me preocupa mucho por una transparencia deseable en todo. Se la pedimos a todo el mundo, y nos parece que están muy negados a darla. Hay mucha gente víctima de una posible no transparencia. Los libros traen un código. Por tanto, es facilísimo saber dónde están, qué se vende. Echamos de menos una mayor transparencia en este ámbito. Creo que eso es muy razonable pedirlo.

Los grandes grupos editoriales pagan por esa herramienta y su acceso es restringido.

Evidentemente, la información está disponible, pero no para el sector que debe estarlo.

¿Podría hacer algo la Dirección General al respecto?

Esto que estamos diciendo, conversar sobre ello, plantear el problema.

Sé que no es negociado suyo pero, una vez que Bruselas ha dado el visto bueno, ¿es partidaria de que se aplique el IVA reducido a los e-books en España?

Claro. Ha sido una gran noticia. El Ministerio de Cultura está en la mejor disposición posible. Todo el equipo de Gobierno está trabajando en esa dirección.

Hace unos años nos vendieron la moto de que el e-book iba a acabar con el libro en papel.

Eso ahora lo tenemos mucho más claro. Es una coexistencia absolutamente pacífica.

¿Y qué me dice de los resultados de las oposiciones a profesores de secundaria en junio, que quedaron vacantes un 10% de las plazas por cometer faltas de ortografía y gramática?

Tiene que ver mucho con la lectura. El factor determinante es el uso compulsivo que hacemos de la escritura en las nuevas tecnologías. No es tanto que la gente escriba mal como que se ha despreocupado de cómo escribe, y eso sí que es un problema.

Cuanto más y mejor leamos, mejor escribiremos.

Esa regla no falla nunca. Es una regla perfecta de formación.

Hace unos días se falló el Cervantes, que fue a parar a Ida Vitale, quinta mujer que gana el premio en 42 años.

Así es.

A mí me parece una anomalía.

No es que lo parezca, es que lo es.

¿Para usted también lo es?

Las cifras no mienten. Si es la quinta en 40 años es que algo no ha estado bien.

Porque buenas escritoras sí que ha habido en estos últimos 42 años…

Es evidente. Las conocemos todos.

Entonces, ¿qué ha pasado?

¿Qué ha pasado en el mundo? Vivimos en ese mundo, que es así.

Poco a poco, parece que se está cambiando…

Este año. 2018 ha sido un año muy importante para las mujeres. Ha pasado algo y ese algo tenemos que tener claro que ha sido como una especie de conciencia colectiva súbita que ni una más, que no nos tomen el pelo.

Hemos conseguido romper un poco ese techo de cristal, incluso con los premios nacionales: el de Narrativa para Almudena Grandes, el de las Letras para Francisca Aguirre…

Esos jurados no los nombramos nosotros. No tenemos nada que ver con ellos, y no votamos.

Tienen voz, pero no voto.

En el Cervantes tenemos voz, pero no voto. En los demás tenemos voz y voto, pero no usamos el voto por una cuestión de principios. Los jurados han sido variadísimos. A lo mejor es un poco síntoma de que la percepción está siendo ya otra.

Los jurados han sido tan variados que me gustaría plantearle una última cuestión. Teniendo en cuenta que hay que separar a la persona de su obra, en ciertos sectores no sentaron muy bien las declaraciones de Antònia Vicens, premio Nacional de Poesía, sobre el «procés».

Ahí entra en un terreno en el que no podemos entrar. Es una gran poeta. Hablo ahora como lectora de poesía, y yo mismo escribo poesía. Pero es un gran libro el que ha ganado. Es una autora que, naturalmente, tiene su vida, su pensamiento, sus propias decisiones y su trayectoria. Y tiene, como todos tenemos, una libertad de expresión soberana. En ese sentido, nada hay que decir.

 

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