Polémica a raíz de la entrevista a Marta Ramoneda ( gerente, junto a Antonio Ramirez, de la cadena de librerias La Central) en la revista Jot Down .

Bookmark and Share

Me hago eco, gracias a un comentario de Victor Lenore en su Facebook, de la polémica desatada a raíz  de la entrevista de Jot Down a Marta Ramoneda ( gerente, junto a António Ramirez, de la cadena de librerias La Central).

—————————————————————————————————————————-

“La entrevista de Jot Down a Marta Ramoneda (La Central) provoca el primer debate cultural sustancioso de este año. Tanto por el texto como por los comentarios, donde varios ex trabajadores comparten sus experiencias: http://www.jotdown.es/…/marta-ramoneda-el-editor-publica-l…/ Llevan ya más de cien comentarios, incluyendo un comunicado de la directiva respondiendo a las acusaciones de explotación. Merece la pena leerlos todos.” Victor Lenore 

Marta Ramoneda: «El editor publica los textos que más le gustan; el librero vende los libros que prefiere».

Dice Roberto Bolaño en una de sus novelas: «Todos tenemos la librería que nos merecemos, salvo los que no tienen ninguna». Hace ya dieciocho años que Marta Ramoneda, Antonio Ramírez y Maribel Guirao pusieron en marcha La Central: una primera librería en la calle Mallorca que se les quedó pequeña casi enseguida. Hoy siguen al frente Marta y Antonio: tienen otra librería en Barcelona, en el Raval, y otra en el corazón de Madrid, en Callao; además de las librerías del Museo Reina Sofía y de la Fundación MAPFRE, también en Madrid, y las del Museo de Urbanismo y del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. Han conseguido el más difícil todavía: seguir siendo la misma librería, solo que mucho más grande, no perder la esencia del proyecto original por el camino, ser reconocibles y reconocidos, convertirse en un referente inapelable. Por otro lado, quién mejor que una librera para explicar qué está pasando en el sector del libro, hacia dónde vamos, si acaso podemos ver luz al final del túnel. 

¿Qué querías ser de pequeña, Marta?                                       

La verdad es que aún hoy no lo sé. No tenía una vocación clara ni una inclinación definida hacia lo que hago hoy. No tenía ningún referente, ningún librero o editor entre mis parientes, aunque los libros y la lectura formaban pare del ambiente familiar. Estudié Historia del Arte y Filosofía y un año de Filología. Probé a dar clases, durante un curso, y no pude, vi que no servía, me desbordaba. Me tocaron alumnos de BUP y COU, de Filosofía y Ética. Me di cuenta de que se tiene que ser una persona muy cabal para conseguirlo y yo no me vi capaz.

Surgió la oportunidad de trabajar en librerías, y aquí sí, me dije: «este es mi sitio»;  la verdad es que me lo paso muy bien.

Empezaste en Laie.

Sí, los tres primeros años trabajé ahí. Fue donde me formé como librera. Porque yo lo que sabía era nada, los libros que leía en casa. Antonio [se refiere a Antonio Ramírez, la otra cabeza visible de La Central] también estuvo trabajando en Laie un tiempo. Al cabo, lo dejó, y lo seguí. Fue cuando montamos La Central.

Sin quererlo, me ha salido redondo porque a mí personalmente me gusta muchísimo. No deja de ser lo que queremos. Tal vez parezca que siendo más pequeños es más fácil que tenga tu sello. Pero yo espero que, incluso habiendo crecido, en lo que hacemos se note estilo propio, un gusto determinado, una manera propia de presentar el contenido; son aspectos de nuestro trabajo sobre los que hemos reflexionado mucho; no paramos de darle vueltas.

Desde el principio, teníamos bastante claros nuestros objetivos. Siempre han girado en torno a humanidades: narrativa, poesía, arte, filosofía, ciencias sociales. Y en idiomas variados: castellano, catalán, inglés, francés… Esto también. Y siempre con el criterio de calidad en la selección de los libros y siempre apoyándonos en lo que nos gusta. Pero con matices: hay libros que no nos gustan pero que entendemos que tenemos que tenerlos, pues gracias a ellos podemos tener otras joyitas.

¿Cuántas horas pasas en la librería? ¿A qué hora llegas, cuándo te vas?

Suelo llegar sobre las once. Y me voy sobre las nueve. Si no estoy en una estoy en la otra. Me gusta mucho, me lo paso muy bien. No me importa estar horas y horas. Tengo también los gabinetes de lectura, etc. Es una actividad muy intensa.

¿Una librería se define por los libros que no tiene?

Sí, totalmente. Es también la manera de definir una selección. Procuramos que los que deben estar, estén siempre, y que los que estén sea porque tienen su justificación clara, que siempre sea por algo. Preferimos equivocarnos que no aceptarlo todo por si «tal vez quién sabe».

¿Cómo es la relación con las editoriales, cómo se toman este tipo de decisiones?

De entrada, algunos que se acercan por primera vez, te preguntan: «¿Por qué no tienes mis libros?». Y tal vez la respuesta en realidad sea muy sencilla: un editor publica los textos que más le gustan y un librero vende también los libros que prefiere o, en todo caso, los que cree que preferirán sus lectores. Yo no me atrevería a decirle a un editor lo que tiene que editar y lo que no, así que, por lo general, me incomoda que me digan a mí cuáles son los libros que deben entrar en mi librería. Pero la verdad es que sí, hay veces que algunos editores se molestan… Y no deja de ser un orgullo; les gustaría estar. Ocurre que si no nos esforzamos por seleccionar con la mayor exigencia, pues La Central no tendría su carácter tan definido.  Parece de perogrullo, pero conviene recordar que cada librería tiene su propio criterio de selección, es algo que alienta la variedad, siempre tan importante.

 

Me han contado que estás muy encima del fondo, muy pendiente.

Mi principal preocupación son los libros que configuran lo que llamamos el fondo, que nunca fallen. Son los que siempre nos acompañan y la razón de ser de la librería. Además, es lo que la gente más busca, lo que desde el punto de vista económico mejor funciona. Si te fijas, no damos tanta preferencia en la exposición a la novedad, al margen de las mesas principales en las que suele haber novedades, la mayoría de mesas y repisas las destinamos a los libros de toda la vida. Una cosa que nos identifica mucho, y que es muy interesante de preparar, son  mesas temáticas (por ejemplo, ahora estamos con la conmemoración de la caída del Muro de Berlín, y tenemos la librería volcada). Libros de todas las épocas. Creo que esa es la gracia, tener libros no solo de ahora, libros que te llevan a otros libros, y así conforman tu bagaje…

Abre La Central en 1996. Tampoco son tantos años, ¿no?

No quiero ni contarlos [se ríe]. Lo cierto es que en poco tiempo hemos crecido muchísimo. Eso sí. Debemos agradecer a la gente que nos ha apoyado; no son pocos los que lo han hecho desde siempre, desde el primer minuto. Tuvimos a editores, gente de la prensa, los lectores. Siempre ahí. Esto ha sido fundamental, e impecable. Cuando abrimos en Madrid igual; fuimos muy bien acogidos.

¿Es La Central lo que queríais que fuera?

Ha sido el día a día el que ha hecho que lleguemos a esto. Trabajar día a día. No es que tuviéramos un plan definido. Empezamos y, poco a poco, fuimos ampliando, sobre la marcha, según íbamos viendo. La primera fue la librería de la calle Mallorca, empezamos ampliando ese local, luego abrimos Raval y ahora, ya ves, en Callao nos encontramos.

Recuerdo que nos decían: «Duraréis un año». Bueno, hemos durado un poquito más…

¿Cuántas personas trabajan?

Casi cien. Algunas trabajan a tiempo parcial, otras por temporadas. Con seguridad, es de lo que más contenta estoy, de la gente que trabaja con nosotros. Si algo nos hace sentirnos orgullosos es haber reunido un equipo tan talentoso y entusiasta. La Central es su equipo. Evidentemente, ha ido cambiando a lo largo de los años y con algunos nos hemos entendido mejor que con otros; pero es natural…

¿Haces tú misma las entrevistas de trabajo? ¿Antonio?

Ambos. Unas veces él, otras veces yo.

¿Qué buscáis?

Tal vez lo más importante es una curiosidad y una visión amplia; no saber muchísimo de algo específico, por ejemplo, del tema particular de la tesis, y fuera de ahí, nada. Se trata de tener una cultura amplia que te permita defenderte con soltura en distintos ámbitos, sea buscando la obra de un poeta o aconsejando sobre teoría política, que sepas situar a los principales autores, los acontecimientos, las distintas corrientes literarias, etc.; que te permita incluso decir algo con sentido sobre libros que no has leído.

Suena a que sois exigentes.

Sí, la verdad que sí. Tal vez no seamos muy buenos pedagogos, demasiado impacientes a veces, queriendo que esté todo bien enseguida. Es fundamental reconocer cuál es verdadero lugar del librero; además ha de ser discreto, tiene que saber dejar a la gente su espacio para que pueda estar en la librería sin sentirse atosigada. Si alguien te necesita, entonces sí, debes estar a punto para echar una mano, si no, no.

Nuestro mayor empeño es ampliar nuestro papel como mediadores, como profesionales que acercamos los libros a los lectores. Para nosotros una herramienta fundamental es nuestro diario. Todos los libreros de La Central colaboramos con una o varias reseñas. Y es que, sobre todo, con el diario nos lo pasamos bomba. Ya hemos llegado al número diez. El mérito es de todo el equipo, escribimos todos, corregimos y maquetamos internamente.

¿Qué tiene que hacer un librero para estar al día?

Leer mucho. Esto es fundamental. Y ser capaz de dejar el libro en cuanto se da cuenta de que no vale. Porque hay mucho por leer. Cuando he llegado a la página diez y ya me doy cuenta de que no merece la pena seguir, lo dejo y continúo con otro. Tal vez me haya podido perder cosas interesantes, no digo que no… pero después de los años creo que ya sé cuándo algo merece la pena y cuándo no.

A veces, cuando los nuevos editores te explican sus proyectos, muy pronto te das cuenta de los que tienen un criterio, un hilo conductor, y comprendes que tendrán continuidad. Otras veces, enseguida te das cuenta de que el asunto no tiene calado, de que de nuevo se trata de ese ponerse sin más a editar, de esa expresión tan recurrente, «es que me gusta mucho leer», sin tener claro a dónde se dirige, por qué se hace, qué tipo de literatura se busca, a qué lectores se quiere llegar.

Parecería que todo el mundo quiere ser editor.

Sí. Ser editor es como más glamuroso. El librero es el comerciante y se le mira de otra manera, aunque cada vez somos más respetados y mejor considerados

¿Te envían textos para que los leas antes de publicarlos?

Sí, sí. Y luego se me enfadan si no los leo. Me traen para leer textos… y no siempre puedo, por una cuestión de tiempo, sobre todo. Se molestan cuando les digo que no sé si voy a poder leerlos. Pero, oiga, usted es el editor, tiene que saber usted lo que se trae entre manos. Yo soy librera.

 

¿Qué va a pasar ahora con Acantilado?

Ah, personalmente echo mucho de menos a Jaume [Jaume Vallcorba]. Pero igual… seguro que la vida de la editorial no podrá continuar igual; lo que le pasaba por la cabeza a Jaume solo le pasaba a él. Aunque estoy segura de que el nuevo equipo lo hará estupendamente, siempre será diferente. Ni mejor ni peor, sino  diferente. Jaume había logrado lo más difícil: muchos lectores confiaban plenamente en su criterio, tan suyo, tan particular.

He visto muchas veces cómo una determinada editorial publicaba a cierto autor desconocido, de gran calidad, y cómo, lamentablemente, pasaba totalmente desapercibido. Si más adelante ese mismo autor era publicado por Acantilado, entonces ya sí, los lectores le prestaban atención. Esto es lo más difícil para un editor: lograr la credibilidad. Es un prejuicio, lo sé, y quizá no siempre sea justo. Pero es algo que se construye con una trayectoria. Es el caso de Acantilado, lo que propone te lo crees, te fías. Algunos editores poseen esta especie de poder de magos, una extraña capacidad para hacernos creer en sus «piruetas»: lo tienen Anagrama, Galaxia Gutenberg, Asteroide, Periférica, y tantos otros. Cada nueva generación de lectores reconoce a sus propios «editores-magos»; por ejemplo, salvando las distancias, con Blackie Books también empieza a pasar algo parecido. Cuando los lectores se dejan llevar por unas simpatías, no hay siempre razones claras, causas objetivas, pero tampoco se trata de un apego arbitrario o fruto de un día. Más bien es resultado de una trayectoria, una sucesión de aciertos, de tanteos mutuos, de complicidad honesta, de descubrir afinidades compartidas. En realidad, hay muchas veces en que no llegas bien a comprender por qué ocurre en ciertos casos sí y en otros no.

¿Te enfadas cuando ves un libro mal editado?

Sí, sí. Libros a los que les faltan capítulos, con faltas de ortografía, con referencias equivocadas. Ya no una errata, no: una idea, un proyecto echado a perder. Es una gran pena, tantos editores que descuidan el aspecto físico de sus libros; el papel, el formato, el grafismo, la portada…

Tengo un compañero que dice que para vender libros no hace falta editar bien, ¿qué te parece?

No digo que no, pero pienso que a la larga esta osadía se cae por su propio peso. Puede ser que, de entrada, puedas vender aceptablemente bien un libro determinado; ahora bien, con el transcurso del tiempo, así nunca conquistarás la confianza de los lectores. No acabarán de creer en el proyecto, se correrá la voz. Lo que decíamos antes: la confianza de los lectores se obtiene también con la forma, con los libros bien publicados, con los aspectos gráficos y tipográficos bien logrados, estables y reconocibles para los lectores. Es así como a la larga puedes vender los nuevos títulos. En cualquier caso, yo prefiero vender los libros bien editados.

Hay editoriales como Minúscula, o las del grupo Contexto, y otras de las que ya hemos hablado, que cuidan mucho el libro en todos sus aspectos. Y están ahí. Se aprecia el esmero y convencen. Es una cuestión también de respeto al lector. No es un capricho. Un libro bien editado siempre te atraerá más que uno que no esté bien hecho.

En el último informe sobre el mercado editorial que publica el gremio de editores aparece el dato de que en el 2012 iniciaron su actividad editorial un total de trescientas sesenta y ocho empresas.

Madre mía…

El mismo informe dice que solo el 55% de los españoles compró algún libro en el mismo periodo, y aquí van incluidos los libros de texto. Es contradictorio, ¿no?

Veamos. Para representar el fenómeno podríamos recurrir a la forma piramidal pero boca abajo: en la base hay un grupo de gente que lee muchísimo, y de manera muy intensa. Es un grupo exigente, muy preparado y capaz, que sabe lo que quiere, tiene sus rutas literarias, una cosa le lleva a la otra. Es un grupo, como digo, muy reducido. Y es muy importante para nosotros. Es el que nos nutre, porque es el que busca fondo, y el que está también al tanto de lo que ocurre en el mundo editorial, con un criterio propio y sólido que le permite distinguir entre lo que merece la pena y lo que no.

Luego hay un grupo más disperso de gente que lee, sí, pero no con regularidad ni de forma intensiva. Ahí tendríamos, para entendernos, a personas que leen ficción contemporánea de aquí o traducida; por decirlo así, es un grupo todoterreno. Es un sector también importante, pero más esporádico e imprevisible. No leen tanto como los de la base de la pirámide, sus lecturas son más espaciadas y más variadas. Y, finalmente, hay un público muy disperso que comprará acaso una obra al año, incluso más para regalarla que para leerla. El más llamativo y del que más se aprende es ese núcleo pequeñito, pero muy matón; los que están abajo, en la parte más estrecha.

¿Y no leen en digital?

O sí, pero combinan. Recurren a lo digital para según qué géneros, por ejemplo para trabajos académicos; o en según qué contextos, por ejemplo, para leer en el transporte público; o según con qué fines, por ejemplo, para obras de consulta, artículos… Pero ellos mismos reconocen que para sus aficiones y sus gustos más arraigados, para sus mejores momentos de lectura siguen prefiriendo el papel.

El papel ya no es solo el objeto. Es el ir a la librería, todo lo que eso supone, pasarse por aquí un buen rato, entre los libros, curioseando. A veces sé la hora que es por la gente que hay en la librería. Es todo un ritual. Al menos en esta. Van por distintas secciones: historia, filosofía, etc. Esa es la gracia.

¿Por qué se publican tantos libros en este país, entonces? No parece que haya tantos lectores, a la vista de estos números.

Me parece que es una exageración lo que está ocurriendo. Es como dar por supuesto que todo el mundo que quiera merece publicar. Y esto que voy a decir quizá suene feo, pero es también como si se diera por hecho que todo el mundo puede escribir. Evidentemente puedes hacerlo y también publicarlo. Ahora bien, una cosa es hacerlo, y otra es proponerte hacerlo bien. Y que lo que estés ofreciendo interese y tenga un valor. Tanto valor como para que tenga sentido el fijarlo y convertirlo en un libro.

Se editan muchísimos libros. Además, ocurre que estamos dando por sentado que una editorial pequeña es buena. Y eso no siempre es así. Tan buena puede ser una editorial grande como una pequeña. Aunque el mérito de los pequeños es incontestable y siempre nos resultan más cercanos, lo importante es que lo que se publique sea interesante y esté bien editado. El tamaño no es decisivo.

Las editoriales independientes.

Independiente es quien tiene los recursos necesarios. Si esto te permite mantener los criterios propios y poder decidir a tu gusto, ¡pues bienvenido sea! Pero no siempre lo que se hace desde esa independencia está justificado.

Jorge Herralde decía en la entrevista que le hizo Ramón Lobo para esta casa que es por las nuevas tecnologías, que hacen que sea muy barato editar. Gustavo Bueno se remonta a los orígenes de la imprenta.

Claro. Ahora es muy fácil editar un libro, publicarlo. Es más económico y muy accesible. Para imprimir en digital no necesitas tampoco hacer una gran inversión. Y sí, el resultado es que hay una cierta saturación. Pero al final acaba quedando lo que de verdad merece la pena, lo que pasa una criba. Físicamente en una librería no cabe todo lo que sale. No podemos tenerlo todo. Podríamos decir que la edición digital, con las opciones que ofrece a los escritores espontáneos o diletantes, parece una gran oportunidad para el libro en papel: permite que la edición «a la ligera», por los bajos costes, se derive hacia el formato digital y el papel se reserve para los textos bien trabajados, digeridos y procesados con la paciencia que siempre necesita un buen libro.

Ahora es un momento difícil, de todas formas. El mercado del libro, todo el mundo lo dice, pasa por un momento muy malo, en lo que a ventas se refiere. ¿Qué se puede hacer para salir adelante? ¿Qué tiene que hacer un editor para que su editorial sea viable económicamente?

Ante todo hay que tener en cuenta que el del libro es un mundo en el que tampoco nunca se ha movido muchísimo dinero. Es un mercado discreto. No son las librerías comercios que generen grandes beneficios. No hay libreros millonarios. A los editores les suele venir de familia. [Risas]

Creo que por un lado ha habido un cierto interés en decir que se acaban las librerías, que se va a imponer lo digital, sobre todo por parte de ciertos medios. Pero ahora resulta que no, que no acaban de desaparecer del todo. ¿Que es una resistencia muy frágil? Sí. Lo es. Si hay un día bueno luego hay otro regular… No te puedes confiar.

Ser viable económicamente es algo relativamente sencillo. Ahora pueden trabajar apenas con dos personas, la editora o el editor y su pareja, o amigo o algún familiar. Si no pretendes vender miles de ejemplares y haces tiradas muy ajustadas, creo que perder no pierdes. Se trata de ajustar gastos. Ahora bien, el misterio de por qué un libro se vende bien y otros no se venden nada o casi nada es siempre irresoluble.

¿Hay que ilustrar los libros para que se vendan?

Temo que pueda haber una burbuja con todo este auge de los libros ilustrados. Ahora ya todo se ilustra. Pero tampoco todo está logrado. Además, puede resultar caro. Tengo la sensación de que todo se hace ilustrado, desde clásicos, libros menos clásicos… Algunos me parecen una exageración. Tal vez ahora comienza a haber ya demasiados, como si lo raro fuera no ilustrar cada libro con dibujos.

Tal vez se trata de fidelizar a un determinado público, si la venta del libro de bolsillo ha caído por el auge de lo digital. Intentar hacer libros que no sean trasladables, que se tengan que «consumir» en papel.

No estoy de acuerdo con la afirmación de que la venta del libro de bolsillo haya caído de forma generalizada. Tal vez sí ha caído lo que los americanos llaman el mass-market: las novelas populares, románticas, de misterio, de leer y tirar. Pero el libro de bolsillo bien editado y con clásicos de toda la vida… este no falla. Para nosotros sus ventas permanecen muy estables. Debolsillo, Alianza, Compactos de Anagrama, por ejemplo. No fallan.

Decía Beatriz Moura que el problema del sector es que la gente está dejando de leer. Chus Visor también decía esto mismo. ¿Estás de acuerdo?

Esto no lo podría decir. Las encuestas, en la medida en que sean fiables, muestran que España es de los pocos países europeos donde los índices de lectura han mejorado en las últimas dos décadas. Creo que se lee de manera diferente, las generaciones intermedias leen más; también muchos jóvenes.  Y no creo que vaya a cambiar. Veo que en la librería entra tanto gente mayor como joven, chavales.

Pero es una realidad que se venden menos libros. ¿A qué se debe?

En primer lugar llevamos ya unos cuantos años de crisis económica, creo que son siete, una caída muy fuerte en el consumo, en el gasto de las familias. El sector del libro, como el resto de sectores, se ha visto afectado. En segundo lugar, no todo el sector se ha visto afectado de la misma manera: han caído las compras institucionales, los supermercados han retirado libros de su oferta; me parece que es en las grandes superficies donde las ventas han caído más, o  mucho más que en las librerías. Tal vez se trate de que la gente hoy tiene más y más cosas por las que interesarse, que la competencia por su atención es cada vez más dura. Pero seguimos siendo muchos los que pensamos que pocas entre esas mil cosas superan la variedad de satisfacciones que se logran con un buen libro, sean ilustrados o no. [Risas] Y una vez que lo has probado, es difícil cambiar de opinión.

 

El tono con que me hablas es optimista, no hay derrotismo.

No, claro. Es que el mundo está muy mal, y nosotros, en ese sentido, somos afortunados: tenemos todo esto —la librería— y nos podemos rodear de gente con la que se aprende un montón, hacemos cosas muy dignas… ¿Qué más quiero? Visto el panorama, los mangantes que nos rodean, la nuestra es una zona privilegiada. Me lo dicen algunos clientes: «Vengo aquí porque es un sitio donde se puede estar en calma».

¿Cuál es el papel del librero en la sociedad?

Ah, yo como librera me siento muy importante. Nosotros estamos con todos: el autor, el editor, el distribuidor, el lector. Estamos en contacto con todas las patas en las que se sustenta este sector. Y esto no tiene desperdicio, comprenderás. Todo acaba pasando por la librería. Eso es fantástico.

Aparte, creo que una población sin una red variada de librerías es muy triste. En Madrid, Barcelona, hay tantas, tan diferentes, grandes, pequeñas. Eso es fabuloso.

Han cerrado muchas. Hace nada cerró una librería emblemática de Barcelona: Catalonia.

Y han abierto otras. En el barrio de Gracia han abierto muchas librerías, y por Madrid hay algunas recientemente abiertas que ya dan mucho que hablar… eso es bueno.

¿Van prosperando?

Se mantienen. Pero es que hoy en día eso ya es algo, el poder vivir de tu trabajo, no depender de nadie.

¿No se necesita a la vez poner una cafetería dentro?

Hay algunas que solo son librerías. Algunas ya están bastante asentadas. Creo que prosperarán, sí, que pueden mantenerse en el tiempo. Ahora bien, si todo el mundo de pronto abre una librería… Ese es el peligro. La moda. En Nueva York y Berlín se ha dado mucho, un tipo de librería más tradicional, librería de barrio regentada por una sola persona. Se está imponiendo aquí, y creo que sitio para algunas que corresponden a este modelo sí que hay.

Ocurre que el tema inmobiliario ha hecho estragos. Competir con tiendas de ropa por un alquiler no es viable para determinados comercios, como lo son las librerías. Son precios inasequibles, por algunos locales se  piden cantidades desorbitadas que tan solo pueden asumir las franquicias de moda. Y esto ha hecho mucho daño a la vida de nuestras ciudades.

El margen que se lleva una librería por la venta de un libro no es nada despreciable, está en torno al 30/35%. Hay grandes compañías que incluso se llevan más, se puede llegar hasta el 45%.

Sí, la media será el 35%. Pero en otros sectores hay más margen. En ropa, por ejemplo, es espectacular.

El librero, dentro de lo que es toda la cadena, se lleva un porcentaje nada desdeñable.

No es que se lo «lleve el librero»: debe asumir los costes de funcionamiento de su negocio, el alquiler, el personal, etc. Raramente, ni en los mejores momentos, los beneficios de una librería superan el 2 o 3% de su facturación.

En vuestro caso habéis hecho una fuerte inversión en el espacio, en las librerías de Barcelona, tanto en la del Raval como en la de la calle Mallorca. Son sitios muy acogedores, están muy pensados los interiores, el mobiliario. En la de Callao, aquí en Madrid, igual. Para esta contasteis ya con capital de fuera, el grupo editorial italiano Feltrinelli. ¿Cómo es que entre alguien de fuera en un negocio tan personal como este?

Con Feltrinelli mantenemos una amistad muy sólida y una simpatía mutua. Carlo Feltrinelli tiene mucho interés personal y profesional por España y los países de ámbito hispano. Así que el acuerdo entre ambos ha sido muy plácido: ellos pusieron una parte del capital con el que pudimos abrir Callao pero justo con el propósito de que nosotros continuáramos trabajando a nuestra manera. No intervienen en el día a día y sí nos respaldan. Seguimos siendo independientes en nuestra manera de hacer las cosas, siguiendo nuestro criterio. Y es lo que a ellos más les interesa.

Aquí en Madrid editores, lectores… todo el mundo nos ha acogido muy bien. Ha sido fantástico. Estamos muy a gusto. Llevamos poquito, en realidad, no llega a tres años.

Y al lado de la FNAC.

Sí, y creo que no es malo, al contrario. A los lectores les gusta ir un día a un sitio, otro a otro. Para muchos, visitar librerías es seguir un circuito que cuantas más paradas tenga mejor.

Me parece que todos tenemos ahora una sola competencia. No lo citaré, pero comienza por A., y se reconoce porque pretende quedarse con todo y sin pagar impuestos. Así que el resto vamos todos a una. Si a unos nos va bien a los otros también. Creo que esto es importante: que nos pueda ir bien a todos. Lo que nos dará estabilidad y seguridad es que haya un tejido cuanto más denso mejor. Bien es cierto que Madrid y Barcelona son ciudades grandes. Quizás en ciudades más pequeñas resulte más difícil. Pero aquí creo que hay para todos. Bastante frágil está todo ahora como para que entre nosotros no nos llevemos bien.

Los libros los vendes uno a uno. Digo frágil en este sentido. No es poner una pila de libros y que desaparezca sola. Eso pasa con Marías y con pocos más… El resto hay que trabajarlo: «Pongo este al lado de este otro que me gustó…». Pensar al detalle.

 

Los editores de Nevsky nos decían que es más complicado vender los libros escritos por mujeres, en general.

A mí me cuesta pensar en esos términos. No por nada… es que no lo veo.

Fabio de la Flor, editor de Delirio, decía aquí que los hombres se ofrecen para escribir y las mujeres para trabajar. ¿Por qué a las mujeres les cuesta tanto y a los hombres tan poco ponerse a escribir?

Tal vez porque las mujeres tenemos más cosas que hacer.

Mira, por ejemplo, en los gabinetes de lectura que hacemos siempre son mayoría mujeres. Suelen ser personas que están haciendo siempre un montón de cosas. A los hombres les veo más pendientes de su trabajo, y poco más. Las mujeres, sin embargo, están constantemente moviéndose, su trabajo, su familia, sus actividades. No paran. Supongo que es porque siempre han tenido que esforzarse especialmente para llegar a más. Tal vez lo hacemos, escribimos, pero nos cuesta más mostrarlo. En este sentido, entiendo que no es tanto si se hace o no, sino cómo se esparce.

Y volviendo a si venden más que los hombres, creo que las mujeres compran de todo, sin distinción de sexo. Y los hombres no: compran más a hombres que a mujeres… Pero no lo sé, no me he parado a pensar en esto mucho.

Editoras hay un montón. Y agentes.

¿Tal vez sea que las mujeres han ido asumiendo roles masculinos sin ser capaces a la vez de desprenderse de las obligaciones que tradicionalmente tenían asignadas?

Exacto. No tenemos reparos a la hora de cargarnos de trabajo.

¿Qué opinas de la guerra Hachette vs. Amazon?

Les deseo la mejor de las suertes… Pero, vaya, me parece que la posición de Amazon roza el chantaje. «Si no haces esto no expongo tus libros». Ahora Amazon tiene tanto poder que se siente seguro de poder imponer las reglas de juego, para todos, y es algo que no puede traer consecuencias positivas para el conjunto, para los lectores. Una empresa global que pretende suplantar a toda la cadena: desplazar a otros vendedores de libros, suplantar a los editores, prescindir de los agentes. Eliminar a todos los intermediarios. Es un propósito sobre todo destructivo; una cosa, en mi opinión, es que montes tu negocio para que te vaya bien; otra, distinta, es que lo montes pensando en cómo deshacerte de los demás. No pueden estas prácticas ser buenas ni para el que las hace ni para los demás. Y creo que esto no será bueno para nadie. Además, todos deberíamos trabajar en igualdad de condiciones, es decir, pagar impuestos como se nos exige a todos.

No usas como Marta Ramoneda las redes sociales.

No. Es La Central.

¿Qué te parece que se tomen decisiones editoriales (publicar a alguien) teniendo en cuenta sobre todo los seguidores que se tienen en Facebook o Twitter? ¿Se tiende a confundir al lector con el seguidor?

Sí, eso crea confusión, claro. Una cosa es que te lean un comentario, una frase graciosa. De ahí a que luego vaya esa misma gente a la librería hay un trecho. Que seas muy simpático o gracioso no quiere decir que tu libro vaya a funcionar. Son registros distintos y creo que es un error equipararlos.

Por otro lado, cuando veo a alguien con una presencia insistente, muy participativo, me pregunto cuándo se forma, cuándo lee, cuándo pule lo que escribe. Esto creo que está empezando a hacer algo de mella. Es una ficción esta, la que se crea en torno a los seguidores.

También es cierto que por parte de los libreros, por nuestra parte, ha habido un poco de dejadez. A veces no estás preocupado por las cosas nuevas. Es un sector que se ha quedado apalancado. Incluso, en cierta época, algo casposo… Y creo que tanto el hecho de que haya editoriales nuevas como librerías, modelos diferentes, ha hecho que se espabile un poco todo el mundo.

Luego está el tema de la inmediatez, que creo que no es buena. Hay que reflexionar sobre lo que se está haciendo. No se puede demostrar todo de una vez y luego pasar a otra cosa y así, sin detenerse a pensar en nada.

 

Háblame sobre La Maleta de Portbou. Tiene una reputación envidiable, todo el mundo habla maravillas de esta publicación. Tú intervienes.

La dirige Josep Ramoneda, mi hermano. Lo edita Galaxia Gutenberg. Es una idea que tenía él desde siempre. Una vez que dejó el CCCB, que le acaparaba todo su tiempo, se sintió casi liberado, más contento que nunca y muy dispuesto. Y consiguió socios que le financiaran. Nosotros ahí estamos como asesores, más que nada, y para criticarle un poquillo, claro. Es un proyecto muy suyo, muy personal. El contenido es de reflexión humanística, incluyendo el ámbito artístico, científico y económico. También teníamos muy claro que el diseño debía estar muy cuidado, que fuera agradable y atractivo.

Hemos llegado al número ocho y acabamos de cumplir el primer aniversario. Y podemos estar contentos.

¿Cómo se promociona una publicación como La Maleta?

Esto sí es importante. Yo le dije que no dejara de ir a ningún sitio, por pequeña que fuera una librería, que no se centrara solo en las grandes ciudades. Cervantes en Oviedo, por ejemplo, la presentó. Se lo pasaron genial, acudió mucha gente. También en Auzolan, Pamplona. Y esto es lo que hace que un proyecto de este tipo se vaya asentando.

Es decir, sirven las presentaciones de libros. Hemos hablado de esto en alguna ocasión,  aquí, con Jekyll&Jill, por ejemplo.

Las presentaciones de libros son algo diferente… Ya no te sabría decir. Las presentaciones son sobre todo un acto social; si el presentado tiene familia, es decir, si acompañan al autor, la madre, la familia, los amigos… entonces parece que el asunto funciona. Por lo demás, nadie te garantiza nada. Muchas presentaciones son una oportunidad para mostrar el agradecimiento del autor a sus amigos y para sus amigos, el cariño, la solidaridad, hacia el autor, así siempre funciona. Excepto en los casos donde el  autor es muy conocido o su presencia en la ciudad muy poco frecuente.

Hace poco hemos tenido aquí en Callao actos con muchísimo público y no solo por eso nos han dejado muy buen sabor de boca: uno con Edgar Keret y otro con Yasmina Kadra. Sobre todo fue el interés que despertaban ellos, su posición en el momento actual, han sido los dos actos muy emocionantes, por la actitud del público y por el contenido mismo.

En el caso de las actividades de La Maleta, la verdad es que no se trata de presentaciones al uso, como eventos sociales. Josep reúne a intelectuales que tienen cosas que explicar y las intervenciones y la discusión suelen ser por sí mismas muy interesantes. Eso a la gente le gusta. Por eso han funcionado bien. No es presentar un libro y ya está. Es algo diferente. Es enriquecedor.

¿Qué te gusta  hacer en tu tiempo libre, aparte de leer?

Me gusta mucho andar. Por donde sea, la ciudad, el campo. Salir a andar. Correr no. También me gusta mucho la música. La música antigua y la época de la Velvet. Viajar. Pero viajar a sitios que conozca un poquito por referencias librescas, a sitios sobre los que he leído… Y comer. Cocinar no, porque soy muy impaciente.

Haznos alguna recomendación de librera.

Ahora ha salido un libro que me ha gustado muchísimo, Días felices en el infierno de György Faludy. Lo han coeditado Pepitas de Calabaza y Fulgencio Pimentel. Es un libro precioso. Han aprovechado un cartel soviético y lo han compuesto a su manera… Les ha quedado genial. Son las memorias de un poeta húngaro que estuvo deportado en un campo de concentración, tras una vida apasionante entre París, Marruecos y EE. UU., pero una vida terrible, al fin y al cabo. En cambio, lo vas leyendo, y es como un libro de aventuras, con una gran ironía y humanismo. Es trepidante; a la vez que te está contando peripecias, descubrimos a una persona cultísima. Puede recordar un poco al Limonov de Carrère, pero el personaje no es tan turbio. Lo recomiendo encarecidamente. Y no tiene dibujos [Se ríe].

Otro libro que está muy bien, que da para mucho es Andar, de Frédéric Gros. Es filosofía, pero de trato asequible. Otro que me ha gustado es la edición que Trotta acaba de publicar con una selección de ensayos sobre literatura de Hannah ArendtMás allá de la filosofía.

Personalmente, lo que más ilusión me hace es que al parecer los clásicos no decaen: Dante, las sagas artúricas, los trágicos griegos… Raro es el día que no se vende Los ensayos de Montaigne.

Dejo que acabes como tú quieras.

Creo que hoy es importante que los libreros valoremos nuestro trabajo, que pongamos de relieve su importancia. A veces hay quien te dice «¿Y para ser librero tienes que ser licenciado?». Pues sí. No es tanto el título como el haber estudiado. Durante mucho tiempo el oficio de librero no ha estado valorado. Y debemos empezar, en mi opinión, por valorarlo nosotros mismos antes. Para nosotros es el objetivo diario de La Central, está detrás de iniciativas como el o los gabinetes, los cursos, los talleres, y otras muchas actividades que organizamos aquí, y que también se hacen en otras librerías; me parece que  así podremos conseguirlo.

Valorar las librerías es valorar a los lectores. Eso es lo que yo intento aquí. Es lo fundamental.


Fotografía: Begoña Rivas

—————————————————————————————————————————-

122 comentarios

  • La cita de Bolaño no se extrae de una novela, sino del libro “Entre paréntesis”, recopilación de textos heterogéneos.

  • Enhorabuena por la entrevista. Excelente contenido.

  • Todo eso está muy bien, pero me encantaría que hablara también de la política anti sindical que existe en La Central, que ya ha costado el trabajo a varias personas al intentar montar secciones sindicales o al pedir convocatoria de elecciones.

    Lamentable que la imagen “progre” se quede en puro márketing. Pero el mercadeo con la cultura es lo que tiene.

    Y lo he vivído en mis propias carnes…

  • entrevista de la librera de La Central muy interesante

  • Menciono a los malos pero no les doy nombre. ¡Que la mano invisible del mercado nos proteja!

  • Totalmente de acuerdo con el comentario de Luis. Cualquiera que haya conocido a alguien que trabaje o haya trabajado en La Central sabe las lamentables condiciones laborales que impone a sus empleados: salarios miserables, horarios infames, además de un trato denigrante por parte del jefazo, el tal Ramírez. Estaría bien que de vez en cuando JotDown rascase un poco en los fenómenos tan extrañamente exitosos de modelos como el de La Central, en vez de publicar relatos tan ,progremente’ edulcorados.

  • ¿Por qué censuran un comentario en el que critico el lamentable trato que La Central dispensa a sus trabajadores¿

  • Sería importante que se aclarase la cuestión de las condiciones laborales de “La Central”. Compro habitualmente en esta librería y estoy harto de negreros.

    • Yo no compro habitualmente pero me gustaría saberlo porque la honestidad de un sitio al final solo se ve a través de la realidad laboral de sus trabajadores. Al igual que tú, estoy cansada de esa falsa “progresía” que vive de vender lo que no practica, por no hablar de los masajes periodísticos y panegíricos disfrazados de reportaje que reproducen la opinión del director del centro. Con esto no me refiero a Raquel Blanco cuyas entrevistas y artículos aprecio enormemente. Pero en esta España del siglo XXI, la única forma de conocer la “realidad” de una empresa o institución es a través de las condiciones laborales de la mayoría de sus empleados. Todo lo demás es humo.

  • Con Feltrinelli mantenemos una amistad muy sólida y una simpatía mutua. Carlo Feltrinelli tiene mucho interés personal y profesional por España y los países de ámbito hispano. Así que el acuerdo entre ambos ha sido muy plácido: ellos pusieron una parte del capital con el que pudimos abrir Callao pero justo con el propósito de que nosotros continuáramos trabajando a nuestra manera. No intervienen en el día a día y sí nos respaldan.

    …quizás aquí resida el quid de la cuestión… yo no me meto en tu línea comercial, pero a mí me dejas el pastoreo de los beneficios… así a los trabajadores los estabula mi menda, con mis acreditados métodos de sumisión a mayor gloria de la cuenta de resultados

    • Según yo sé, así fue. Con la compra de Feltrinelli cambiaron las condiciones laborales. Ahora, el ogro del Antonio Ramírez este no lo hizo Feltrinelli, ya venía así de su alta cuna.

  • “Me parece que todos tenemos ahora una sola competencia. No lo citaré, pero comienza por A., y se reconoce porque pretende quedarse con todo y sin pagar impuestos.”
    No es necesaria la cita. Está clara la respuesta:
    A…mazon.
    De nada.

  • Leo “El margen que se lleva una librería por la venta de un libro no es nada despreciable, está en torno al 30/35%….”
    ¿Perdón? He sido librero. En dos ocasiones, a lo largo de mi vida. Esa afirmación es absolutamente falsa, pienso que merece una rectificación o una explicación.

  • A mí el criterio editorial de La Central me parece cuidado e inteligente . Por lo demás me sumo a la petición de explicaciones sobre sus condiciones laborales para pensar si seguir comprando allí.

    De Feltrinelli conozco sus librerías en Italia que son una maravilla.

  • Soy cliente asiduo tanto de Jotdown como de La Central. Y hasta hoy, he recomendado ambos canales culturales a mucha gente. Si es cierto que existe explotación laboral en las librerías de La Central, esta entrevista no estaría completa, y unos cuantos dejaríamos de comprar allí. No estaría nada mal que la propia gerencia de la librería se explicara.

  • Al igual que Salvador espero que la gerencia de “La Central” se explique sobre estas acusaciones. Obviamente, Jotdown tiene la obligación profesional de intentar obtener una respuesta y dar cumplida información sobre las gestiones realizadas. Mirar hacia otro lado sería una muy triste opción.
    Sin perjuicio de ello, intentaré hacer averiguaciones.

  • Me sumo a la petición realiza por varios lectores mas, sobre que la entrevistada de explicaciones sobre la política laboral en La Central.

  • Ya no son los sueldos ni los horarios, que aceptas al entrar a trabajar allí, es el trato directo que reciben los empleados: se les asusta, se les niegan derechos y se les falta al respeto. Una dirección de empresa despreciable que se esmera en vender una imagen falsa. Lo malo es que lo consiguen. Mal Jot Down.

  • Todo lo dicho sobre el trato a los trabajadores se queda muuuuy corto. Es un secreto a voces que en La Central se humilla y denigra a los trabajadores de una forma muy habilidosa. Progres de salón. Los sueldos y los horarios no son peores que en otras librerías, pero el maltrato psicológico a los trabajadores está a la orden del día. Conocimiento de primera mano.

  • Suscribo los comentarios que estoy leyendo.
    La Central es una de mis librerías favoritas en Madrid.
    A veces aprovecho para desayunara allí cuando estoy de compras por el centro.
    Y por supuesto subo las escaleras, curioseo entre su cuidada propuesta de libros, y compro.
    Me gustaría que aclararan lo de las condiciones laborales.
    Si explotan a sus trabajadores, que no cuenten conmigo.
    Cerca de la Central está Fnac, la Casa del Libro, o La Buena Vida (Calle Vergara), que tienen una oferta igualmente interesante.

    • Elena, yo quiero explicaciones sobre el trato laboral a sus trabajadores. La Central es una de mis librerías de referencia y, en caso de confirmarse, dejaría de serlo.

      Sin embargo, poner a FNAC y La Casa del Libro como alternativas es un garrafal error, puesto que explotan y denigran a sus trabajadores igualmente. Para más referencias, te recomiendo que busques más información en internet sobre un tema que también ha sido publicado en medios informativos.

      Lamentablemente, no es fácil encontrar alternativas éticamente solventes en un sector tan presionado por gigantes sin escrúpulos como el que empieza por A, pero seguro que lo logramos.

      Feliz 2015,
      Luis

  • Sra. Marta Ramoneda, es obvio que està leyendo estos comentarios pero no se digna a contestar.
    De hecho al no contestar ya está diciendo mucho, para mi ya es suficiente.

  • pas gauche, pas divine…
    La clientela de la Central volem explicacions.

  • Otro tema interesante es qué pasó con la base de datos de Laie.

  • Pues para Año Nuevo, entre propósitos nuevos, tengo cerca de casa la “Lliberia La Ploma”, especializada en África y, cómo no, la Laie. Y ya puestos me paso también por la Casa del Libro. Puestos a pagar a seres injustos mejor hacerlo a aquellos que, por lo menos, no van como iconos de la justuicia social. Muy mal Marta.

  • Mi primera intención fue la de no participar activamente en este foro de comentarios, pero he sentido más que la oportunidad, la obligación moral de compartir mi opinión por ser una opinión de primera mano. Sí, han ocurrido y me consta que ocurren cosas muy graves. El maltrato psicológico a algunos de los trabajadores es un hecho, junto con abusos de poder, incumplimiento de la normativa laboral, robo de horas a los trabajadores. El mobbing es la causa del bajo índice de despidos dentro de esta empresa. Se le hace la vida imposible a un trabajador hasta que este no puede más y decide marcharse, sin paro, sin indemnización, sin nada.
    Paralelamente, se han ido ‘apropiando’ (aunque la responsabilidad es colectiva) de una serie de autores críticos con el sistema. No me cabe duda de que también ellos (Marta y Antonio) se perciben a sí mismos como críticos. Es curioso cómo han conseguido hacer un trabajo de neutralización tan perfecto. Aunque parece que no lo es tanto y que al final a todos se nos puede caer la máscara.
    Me alegra mucho ver que los clientes de La Central son igual de sensibles a los buenos libros que a las condiciones laborales de los empleados.

  • Por cierto, me gustaría destacar la total libertad de Jot Down para expresar libremente y con respeto nuestra opinión. Saludos.

  • Gracias por la información. Escribiré sobre ello. Siento vergüenza por haberme creído el discurso de “La Central”. Creo que se van esclareciendo las cosas. Gracias de nuevo, aunque Jot Down debería dar respuesta a nuestras inquietudes.

  • Yo a esta que esta señora no responda a todos los comentarios aquí vertidos sobre las deplorables condiciones de trabajo a la que presuntamente somete a sus empleados, no pienso comprar un libro más en La Central.

  • Yo trabajé cinco años en La Central, antes de la crisis, por suerte pude irme. Sufrí coarción psicológica de la jefa y coarción psicológica y violenta de parte del jefe. Pensé que nunca encontraría un lugar donde explicarlo, por suerte jot down da esta oportunidad. A los clientes ingenuos que esperan explicaciones de Marta respecto al trato recibido a los trabajadores, no sean tan ingenuos. Cuando son tantos los comentarios en contra de una empresa, no debe haber dudas. Yo hace más de cinco años que no piso la Central, y la cultura sigue, tú!

  • Gracias por la información de primera mano, ex trabajadora.

    Deberían seguir apareciendo testimonios que expongan cuáles son las condiciones laborales y el trato que reciben los trabajadores de La Central. Nadie de la librería va a salir a desmentir lo ha contado, sencillamente porque es absolutamente cierto.

    Yo hace tiempo que no compro en ese cortijo de la ‘divine gauche’.

  • Llevo años oyendo de primera mano hablar del trato que en La Central reciben sus trabajadores en Madrid, primero en la del Reina Sofía y ahora en la de Callao. Yo hace años que no compro allí después de saber las vejaciones que sus trabajadores padecen, la inestabilidad absoluta, el pago en libros por actividades como el club de lectura, o la arbitrariedad en el disfrute de sus vacaciones. Casi prefiero la caspa clásica del empresario español que no reviste la explotación que defiende con bonitas palabras, que la pose de estos señores.

  • Déjense todos de postureos y, si quieren comprar a libreros de verdad, vayan a las librerías pequeñas, a las que no se casan con nadie. Seguramente tienen una en su barrio…

  • Si mal no recuerdo La Central abre con la base de datos que su gerente robó a Laie.

    • Recuerdas bien, ademas es Maribel quien se pasó unos meses picando todos los isbn, titulos, autores… Y al cabo de los años, el tal gerente la hechó de mala manera. Ella salió por patas y diciendo a voces que este hombre es un GRAN ESTAFADOR (al principio era socia a partes iguales).

  • como ex trabajador doy fe de los comentarios anteriores. El jefe, Antonio, siempre me presionó para cumplir horas extras no remuneradas o realizar horarios inflados (lo de los honorarios era otro tema, pagaba diferente a cada trabajador, siempre mal y provocando una competencia innecesaria entre nosotros). Todo esto nos lo pedía porque teníamos que hacer un esfuerzo para sacar adelante una librería tan especial (y mientras tanto, con el dinero que nos birlaba, se hartó a abrir sedes nuevas como Reina Sofia, Callao, Macba,…)

  • Mi experiencia en La Central fue decepcionante; Antonio Ramírez es un ser despótico, intratable, áspero, rudo. Las condiciones laborables no son modelo de nada, ni tienen nada que ver con el buen hacer con el que se llenan la boca en las entrevistas; la arbitrariedad con la que te tratan como trabajador es inaudita. Son buenos libreros, pero pésimas personas

  • (A continuación, el mail de despedida de una persona que “se fue” de La Central)

    Compañer@s:
    >
    > Algún día tenía que llegar este día. Lástima que haya tenido que ser de
    > esta manera. Sé que muchos de vosotros sabéis a qué me refiero con “de
    > esta manera” (han sido ya tantas las personas que han salido así por la
    > puerta de atrás… ¿no?). Me marcho porque uno, al fin y al cabo, tiene unos
    > principios y tiene que aprender a vivir respetándolos. No voy a decir que
    > no me siento mal, he de ser sincero con vosotros, después de casi cuatro
    > años dándolo todo aquí, invitarte a salir de esta manera es penoso y
    > miserable. Pero qué se puede esperar de la clase dominante, al final ellos
    > tienen el poder y tú, en este sentido y sólo en este sentido, eres un cero
    > a la izquierda. Por muchos años, esfuerzo y compromiso que hayas
    > depositado. Tengo la seguridad de haber tomado la decisión correcta. En
    > esta empresa estaba aprendiendo valores que no iban conmigo. No sé, la
    > frivolidad, la doble moral, el hacer aquí no ha pasado nada, el trato
    > altivo y pedante hacia las personas… Y luego por ejemplo toda esta
    > mierda de La Maleta, la nueva revista de pensamiento crítico*… No sé, toda
    > esta hipocresía. Pensamiento crítico, humanidades, emancipación,
    > izquierdas… ¡Pero si son unos pijos! ¡La Maleta está llena de dinero!
    > ¡Pobre Benjamin! Eso es lo más triste de todo, de verdad, ese sentimiento
    > de a qué clase de personas estoy vendiendo mi tiempo y mi trabajo.

    (A continuación, la respuesta de la entrevistada en envío masivo a todos los trabajadores de la librería. He eliminado nombres propios por respetar anonimatos)

    A tota LaCentral

    Com que m’he quedat força desconcertada, us agrairé que si algú opina com (****), m’ho digui amb tota franquesa.

    Como me he quedado bastante desconcertada, os agradeceré que si alguien
    opina lo mismo que (****), me lo diga con total franqueza.

    …..

    Ustedes están pidiendo explicaciones a Marta y a la gerencia de la empresa. No es su estilo dar la cara. Prefieren mangonear a sus esbirros para no ensuciarse las manos. Para el caso que nos ocupa, quizás estén preparando un patético spot en el que algunos de sus trabajadores se presten a hacerles la camarilla en defensa del honor de la empresa y de una irrisoria mejora de condiciones.
    En efecto, a nivel de rrhh se lo han currado, es un equipo tan bien formado como insolidario. Y lo peor, formalmente hay un comité de empresa pero ningún trabajador está al tanto. Esa es la razón por la que niegan a la mayor parte de sus trabajadores la posibilidad de participar en acciones formativas para trabaadores bonificadas por el Estado: La hoja de inscripción de los cursos incluye la identificación y firma de los representantes de los trabajadores.

  • Sí, todo lo que dicen mis excompañeros es cierto. Lo más suave que se puede decir de Antonio Ramírez es que es un déspota o un prepotente. La Central es una excelente librería, pero se levanta sobre una gran hipocresía y cierta falta de respeto hacia sus trabajadores y su labor.

  • Antonio y Marta crean un ambiente de trabajo asfixiante, donde se sospecha, se desconfía y se presiona, de forma gratuita y obsesiva, al trabajador. A veces consiguiendo hacer verdadero daño. Felicitan poco, y deberían hacerlo más porque sin el pedazo de equipo que tienen y han tenido, La Central no sería lo que es. Si todos los extrabajadores, que son cientos, hablaran…

  • Era de esperar. No se puede ir acumulando cadáveres en el armario durante tanto tiempo sin que al final la puerta se te venga encima.
    Y sabéis qué, que me siento feliz de ver que, aunque sea de esta manera, todos esos muertos nos hemos levantado para señalaros como lo que sois; unos déspotas que de manera sistemática amenazan al trabajador con el despido ante la mínima petición de mejora, unos hipócritas que hacia fuera se llenan la boca de supuestos valores y que de puertas para dentro hacen malabares con los derechos de los empleados. Eso entre otras muchas cosas que me callo.
    Gracias Jot Down por darnos voz.

  • No seáis tan duros con Marta Ramoneda, hay cosas en las que tiene razón : 1 )que tienen un equipo de trabajadores talentosos y entusiasta ( al que ella y Antonio Ramírez se encargan personalmente de ir destrozando poco a poco hasta que consiguen que se vayan de la empresa ). Eso hice yo y desde entonces soy feliz.
    2) Las entrevistas las hacen los dos, y de los despidos se encargan los dos también, por razones tan profesionales como “No me gusta la cara que tiene X. Despídela “.
    3) Se pasa muchas horas en la librería, para desgracia de los que trabajamos en Barcelona.
    4) La Central no es nuestro “equipo” y no nos lo pasamos “bomba”,de hecho la gente no quiere ni ir a las cenas de Navidad por no ver a estos dos impresentables. Marta es la persona más falsa que he conocido en mi vida.
    Este momento iba a llegar, gracias, Jot Down. Espero que esto llegue a más medios de comunicación para seguir quitándoles la careta a estos sinverguenzas y explotadores que cometen toda serie de irregularidades laborales y morales.
    Muchas gracias

  • Trabajar en la Central es muy duro, Marta Ramoneda y Antonio Ramírez se encargan de ello, bien por el clima insostenible que se esfuerzan en crear, o bien de forma personal, con comentarios y ataques muy hirientes que no reproduzco aquí para proteger la identidad de las personas a quien fueron dirigidos. El mobbing está a la orden del día,es cierto que hay pocos despidos para que los dueños se ahorren indemnizaciones. La gente se marcha de aquí sin tener paro ni indemnización, y en un país con 6 millones de parados. Creo que eso lo dice todo.
    Gracias Jot Down.

  • Yo trabajo en la Central desde hace años, y por desgracia todo lo que estoy leyendo es verdad.
    Espero que los clientes recapaciten y opten por dar su dinero a pequeñas librerías en lugar de a estos explotadores que nos tratan como si fuéramos muebles.
    Lo que más nos duele es la imagen progre que ofrecen de puertas afuera : libros sobre la república, sobre los trabajadores, sobre las mujeres en las brigadas internacionales…qué pensarían esas mujeres de una librería en la que sólo se promociona a los hombres ?? en las que las mujeres cobran menos ?? La Central es así. Mujeres =cajeras/Hombres =libreros.
    Es cierto que cada persona cobra según les caiga a estos dos hipócritas, y cobramos una miseria comparada con el dineral que se factura gracias a nosotros. No cuenta la antiguedad ni la categoría profesional. Los sueldos llevan 3 años congelados y muchas actividades extra las pagan en libros o incluso tickets restaurante.Te promocionan prometiéndote una subida salarial ridícula que nunca llega y puedes pasarte años reclamando mientras te ignoran, o hasta te gritan diciendo que no hay dinero.
    Los horarios son imposibles e incompatibles con la vida personal: un día por la mañana, tres por la tarde, jornadas de hasta 11 horas tres días seguidos, 11 días trabajando para librar 3. Se trabaja todos los Domingos y festivos por el mismo precio. Nos cambian los horarios cada dos por tres, suponemos que para que no trabajes en otra cosa o no puedas estudiar.
    Para ser tan de izquierdas se beneficiaron muy bien de la reforma laboral porque acto seguido nos dejaron de pagar los festivos y las horas extra, y nos quitaron los tickets restaurante ( que eran parte del sueldo )
    Hay contratos indefinidos y hay trabajadores que llevan dos años o más con la incertidumbre de que les renueven cada 6 meses.
    Algunos tenemos vacaciones pendientes desde 2013 y otros desde 2014, algunos hemos tenido sólo dos semanas al año y separadas. La excusa ? siempre les viene mal que faltemos, siempre hay mucho trabajo y poco personal. Las vacaciones te las confirman una o dos semanas antes de que las disfrutes.
    Es muy frustrante ver cómo despiden a compañeros y cómo disminuyen tus derechos laborales para que a tus jefes les lluevan las felicitaciones por abrir nuevas librerías como la de Callao. Si continúan creciendo es a base de quitarnos a los demás.
    Estamos cansados y decepcionados.
    Animo a mis compañeros a que escriban.
    Mil gracias Jot Down

  • Entre todos los buenos propósitos que sin duda vamos a hacer al iniciarse el 2015, tendríamos que añadir el que creo más importante: No colaborar con nuestro consumo con empresas que utilizan al ser humano como si fuera un producto desechable. Que no os engañen con decoraciones y diseños hipster-progres. Los negreros de Louisiana también lucían un bigote irónico.

  • ¡Uff! Esto es irrespirable. Vaya basura de progresismo. Voy a romper mi tarjeta de cliente.

  • Sin ánimo de ofender ¿por qué no denunciáis los abusos?
    Mi situación es la misma, os leo y es idéntica. Yo no denuncio y eso que tengo todas las de ganar, aún así no lo hago y no lo entiendo. Es así ¿verdad? Te anulan y te dejas anular. Será el miedo a no encontrar otro trabajo, eso me digo. Si nadie denuncia, nada cambiará. No ha servido de nada pasar por unos estudios superiores, todos somos adultos y nos dejamos pisotear, hay algo que se me escapa.

  • Al principio todo fue mas o menos así: “si, no sé, raro, la entrevista algo rara, pero bueno, empiezo el lunes”, “no nos dan pagas extras, nos dan un ticket regalo para comprar en la misma Central”, y hasta en ocasiones le buscaba el lado optimista diciendo “me han pagado las horas extras en tickets restaurante, te invito a comer algo rico” y así nos olvidábamos un rato de lo duro que era para ella estar allí. Luego llegaron frases como “me he agobiado un poco cuando Antonio dijo que como estamos todos en el mismo barco tendremos que tirar con lo que nos toque y hacer todos un esfuerzo”, o “esto es un túnel sin salida, si me quedo me hundo, si me voy ¿qué hago?” y por momentos me daban ganas de ir a decirle a ese impresentable que la persona que estaba tratando tan mal era la misma con la que yo había elegido compartir mi vida, que era un insensible, y que ya puestos porque no me decía a mi en la cara y en plena calle lo que decía dentro de su cutrepalacete de cartón pintado en el que no tenían ni aire acondicionado para los días de verano.
    Por fin…el milagro llegó en forma de despido, bueno…de no renovarle el contrato.
    Hoy la miro y está radiante, feliz con su actual trabajo. Tanto que me había olvidado de todo esto, y siento vergüenza por olvidar, porque el olvido es la mortaja de la justicia. Porque cada vez que veo gente saliendo de esa librería taaaaan moderna, taaaaaaaan progre, taaaaaaaaan en pro de la cultura, yo sigo viendo lo mismo de siempre. Pan y circo.
    Así que desde aquí, un saludo inmenso a todos los excelentísimos trabajadores que se desloman y deslomaron en La Central, porque si hay tanto cliente satisfecho es pura y exclusivamente por su trabajo. Un abrazo fuerte a todos los que no saben como salir del túnel. Y enhorabuena a todos por esta oportunidad.

  • Sí, las condiciones de trabajo en La Central son duras y éste es el resultado.
    Son tantos ya los trabajadores que han pasado por ahí que el escenario se hace cada vez un poco más dificil de sostener.

    Algunos ejemplos:

    -Jornadas habituales de: 11 horas (teniendo 1 para comer) o bien de 7 horas seguidas (una tras otra) sin descanso.

    -Vacaciones acumuladas de hace 1 y 2 años, no hay momento ni personal para disfrutarlas.

    -Reducción de los salarios justificando pérdidas en la empresa para menos de un año después abrir la librería de Callao en un palacio histórico en el centro de Madrid….¡qué extraño!

    -Negocias un aumento de salario que no llega porque nunca es apropiado hablar de dinero y si has aguantado lo suficiente y has tenido el talante requerido, unos años después puede que veas tu salario en aumento un 5%.

    -Por sistema allí funciona la relación con el trabajador a través del miedo, la amenaza es el estímulo constante que allí se aplica para que trabajes más y más.

    -Te dicen que para que tú ganes más tus compañeros deben ganar menos….¡buen rollo!

    -Si pueden hacerte un favor es probable que no te lo hagan.

    -Si quieren despedirte te complican las condiciones: cambios de horario permanentes, hostilidad, vacío…pero ésto es mejor que pagar una indemnización.

    En mi caso entregué en La Central hace años mi CV porque desde fuera me encantaba, era tan bonita, tan interesante, tan-tan! y sí, esa parte la hacen bien, han creado una marca a partir de una Librería y eso parece meritorio y ésa es la clave: Parecer y no ser

  • Lo más triste de todo es que hasta a mí me ha atrapado la entrevista. No quiero ni pensar hasta qué punto se lo puede creer alguien que jamás haya trabajado allí. Porque sí, somos todos unos entusiastas, y así es fácil confundir las cosas y aguantar lo inaguantable. Pero después de todo lo vivido, no puedo dejar de apoyar lo que se está diciendo, simplemente porque es la pura verdad. Mis compañeros eran de las mejores y más trabajadoras personas que he conocido en mi vida, sin exageración alguna, y eso que he trabajado en muchos sitios (incluida la despreciable Fnac). Para eso deben de tener un don. Para reconocernos y atraparnos. Y para luego destrozarnos sistemáticamente (es duro vivirlo y uno no lo entiende, pero con el tiempo atas los cabos). Yo también lo había olvidado ya, pero para muchas de mis compañeras y todavía amigas, el día a día era traumático. Y no es por nada, pero ¿qué les cuesta tratar bien a toda esta gente que lo da todo? ¿Y hacer las cosas bien? ¿Y no defraudar a los que creen que van a un sitio que vale la pena, como a mi también me gustaría creer? Ánimo a todos los que siguen en las barricadas. Y millones de gracias a todos lo que se han preocupado por saber la verdad. Me habéis devuelto la fe en la humanidad.

  • Que esto no quede en una simple pataleta virtual. Dejemos de consumir en las empresas que ya sabemos de sobras que explotan salvajemente a sus trabajadores: La Central, Fnac, H&M, Zara, Mango, tiendas TIGER, Nike, Adidas… ¿De qué sirve pasarnos el día hablando de política si luego salimos a la calle y somos nosotros los que fomentamos la esclavitud con nuestras compras sin conciencia?

  • Lo mejor que podéis hacer es hablar entre vosotros y un día no ir a trabajar, ya veréis cómo cambia la cosa. ¿Son algo sin vosotros? Me imagino que es su pesadilla, ¿qué les supone un día sin facturar? ¿Un desastre? Pues así, a lo mejor empiezan a saber que no son tan poderosos como se creen. Mucho ánimo e insisto, no os dejéis maltratar. He comprado mucho en La Central, demasiado por lo que leo. Ni un céntimo más y eso os lo digo ya, se hará extensible a mi mujer, amigos… etc. Es un horror que esta gentuza se ponga la careta de defensores de la cultura, de gestores culturales, lo que son es lo que hemos leído: explotadores y maltratadores. Ni un céntimo más.

  • Yo hace tiempo que dejé de comprarles libros a los pseudointelectuales estos de la Central. Deberíais hacer como los trabajadores del Fnac de Barcelona, que por Sant Jordi los dejaron con el culo al aire.

  • Todo lo aquí expuesto por ex-compañeros míos es cierto

    No quiero entrar al trapo, por desgracia sigo teniendo amistades trabajando en La Central. Son personas a las que aprecio, les tengo afecto. Cuando nos vemos no puedo más que sentir lástima por su situación y todo lo que tienen que soportar a diario.

    Por suerte yo pude cerrar esa puerta, y ya forma parte de mi pasado.

    Una empresa que incita a que los propios trabajadores practiquen mobby con sus compañeros, les responsabiliza de la pésima gestión de sus gerentes, criminaliza a las empleadas que quedan embarazadas, utiliza listas negras de trabajadores para hacer limpieza de librerías, etc… podría seguir largo y tendido, pero no me apetece.

    Quiero pensar que el tiempo pone a todos en su sitio, tarde o temprano.

    Espero que el tiempo ponga al Gerente de La Central en el sitio que le corresponde, la más triste de las miserias. En la soledad más oscura.

    Jot Down buena entrevista, lamentablemente todo el mundo en el sector editorial ya conoce este savoir faire por parte de la Gerencia de La Central. A más de uno, igual que a mí, le habrá entrado la risa al leer tal cantidad de bonitas frases y buenos propósitos que son reflejo de la fachada de falsedad y hipocresía del pseudo-intelectual imperio de La Central.

  • Si a todo lo que he leído aquí en los comentarios le sumo el pésimo servicio de venta on line / atención al cliente -ahora encaja todo- ya he terminado por convencerme: bye La Central. No necesitamos más negreros en esta sociedad.

  • Em consta que la direcció de la Central està molt al corrent de tots els comentaris que s’estan postejant en aquesta entrada i preocupats per la seva possible viralització.

  • alucinando estoy con los comentarios
    Buena entrevista y gracias JotDown por permitir que la gente opine
    Saludos

  • Mi novio trabajó allí años y doy fe de que todas las críticas son más que fundamentadas.

    • a riesgo de comerme mis palabras. ¿A qué viene llamar progre a esta persona? Ha manifestado ser de izquierdas? Y no me digáis que es porque ataca a Amazon, que los taxistas están que trinan con Uber y no son nada progres por lo que oigo en sus coches.

  • bueno, pues otro sitio más donde no comprar. Voy sumando: Amazon, FNAC , La Central. …. y estas navidades cerró Paradox. Siempre nos quedará la Antonio Machado. Espero.

  • Soy Antonio Maestre, periodista de La Marea, me gustaría poder contar la situación que los trabajadores denuncian. Así que si alguien quiere contar su historia este es mi correo maestrehernandez@gmail.com

  • La Central es una de esas librerías donde da miedo preguntar si tienen un libro; te echan los perros si los interrumpes. Ahora se entiende todo…

  • Todo lo malo que se ha dicho es cierto. Cada vez que me veian leyendo un libro de Crepusculo me arreaban con uno de Céline.

    Lo podría denunciar pero prefiero decirlo en los comments de una entrevista, que tienen mucha fiabilidad.

  • Como se ruega más arriba, también animo a Jot Down a que de continuidad a la entrevista con un artículo sobre la situación de los trabajadores en La Central. Los indignados comentarios de los clientes de La Central, de los lectores de Jot Down y, ante todo, la lluvia de testimonios de los extrabajadores, lo hacen imprescindible.

    Añado mi testimonio: una buena amiga que trabajó allí suscribe todo lo que arriba se cuenta. En su caso además, tardó años en ser bendecida con la condición de “indefinida”, hasta entonces vivió en la precariedad de no saber si la iban a renovar hasta el día antes de que venciera su contrato.

  • “Si algo nos hace sentirnos orgullosos es haber reunido un equipo tan talentoso y entusiasta. La Central es su equipo.” dice Marta Ramoneda.

    Si La Central fuera “su equipo”, sería una librería poco considerada, maltratada y cuyos libros se venderían con rebajas de liquidación, igual que sus empleados: mal considerados, maltratados y que venden sus horas de trabajo con rebajas de liquidación a cambio de un sueldo de risa.

    Jot Down debería tomar muy en cuenta los comentarios que han ido apareciendo en este artículo y tener a bien hacer seguir a la entrevista un pequeño reportaje sobre la verdadera situación de los empleados de La Central. Al fin y al cabo, ellos son los verdaderos libreros.

  • 2 temas

    1) no caer en el cinismo. Amazon seguro que es peor y librerías como “la ciutat invisible” seguro que lo hacen mejor, no caigamos en un no hay nada que hacer.

    2) me encanta ver a la clase pija expresando lo mucho que le gusta su trabajo, lo que disfruta con él y lo duro y intenso que es, …

    en fin esta pija seguramente no ha trabajado en la vida, hace lo que le gusta y seguramente viene de buena familia y se lo puede permitir. Al resto nuestro trabajo nos asquea porque nosotros no le podemos “endosar” a otro todo el monton de trabajo desagradable

  • Suscribo punto por punto los comentarios que han hecho las personas que estuvieron y están allí trabajando. Las condiciones son totalmente precarias, jornadas de trabajo de hasta doce horas, llevándonos a la extenuación sin tener en cuenta los descansos de ningún tipo. Hasta diez dias trabajados seguidos y muchos con contratos de menos de mil euros, con lo que no se puede vivir de forma digna. No se tiene en cuenta que hay personas detrás, capitalismo en estado puro que exprime a los obreros para después descharlos cuando ya no los necesita, o los renueva por otra nueva tanda de obreros sin más

  • maestrehernandez@gmail.com Este es el correo de un periodista de un medio digital (creo que “la marea”) y que además tiene mucha difusión en twitter que esta interesado en la situación laboral de la que estáis hablando.

  • Que digo yo que si los mismos trabajadores vais por vuestra cuenta, salvandoos como podéis y sin hacer frente común ante lo que llamáis vida laboral imposible, poco derecho tenéis a patalear.

    Habéis pensado en lugar de venir a un foro como críos pequeños que se quejan a su mamá, hacer unión e ir a denunciar estos hechos laborales a un juzgado? Porque las cosas que se han leído son bastante fuertes, vamos, digo yo.

    Mucho decir que estamos subyugados pero poco hacer.

    • La Central no es ninguna excepción. Hay multitud de centros culturales y sociales beneficiándose de la situación laboral de la mayoría de sus empleados. Dadas las cifras de desempleo y precariedad en España, y que esta afecta fundamentalmente a los sectores más desregulados y con menor protección, es extremadamente complicado conseguir la unión de esos trabajadores para la denuncia (que puede llevar años). Sería lo ideal, pero la ausencia de perspectivas para conseguir otro empleo hace que las personas se piensen mucho acudir a un juzgado.

      Por otro lado, la legislación laboral existe para algo. Si todos estamos obligados a cumplir la ley, también las empresas. ¿Cuántas empresas pasarían en España una inspección laboral? No hablo del sector estable sino de ese “elefante en la habitación” sin apenas derechos laborales que es el sector precario (contratados por obra o servicio, a tiempo parcial, subcontratados, becarios, falsos autónomos, etc.). Hay demasiado interés por muchas partes en hacer la vista gorda con este tema, y lavarse las manos mientras no les toque, y es una bomba de relojería que, tarde o temprano, va a estallar.

  • Yo también quiero conocer las condiciones laborales de La Central, espero un artículo al respecto.
    Es lo mínimo después de esta entrevista.

  • Aquí otro que ya no va a comprar más en La Central. Qué pena.
    Y esperando el día en que se destape lo que hay dentro del Instituto Cervantes…

  • Viralicemos esta entrevista y sus comentarios. Colguémosla en nuestro Facebook, Twitter, etc. Hablemos de lo que ocurre en La Central a nuestros amigos y familiares. Escribid en gacetas universitarias, o donde sea. Que no acabe todo en humo y en buenas intenciones.

  • Boicot por explotadores y por hipócritas. Difundid!

  • Otro cliente que pierde La Central. Pensaba hacer una presentación de libros en la librería de Callao; pero después de leer los comentarios, y por lo que he podido escuchar de otras fuentes, no pienso darles ni un euro a Marta Ramoneda y Antonio Ramírez. Ya tenemos explotadores de sobra en este país, gracias.

  • Quizás deberíamos haberlo intuido. Cuando todas las librerías están cerrando o aguantando como pueden, La Central iba abriendo local tras local en los mejores sitios. Macba, Filmoteca, y muchos locales en centros culturales de la ciudad eran apuestas arriesgadas para cualquier empresario.
    En estos 16 ó 17 años, yo compraba en el local del Raval cuando ellos aún no habían empezado, les he visto crecer y crecer… mientras cerraban muchos.
    Era casi imposible de entender. Excepto si se trata de negreros que explotan a los trabajadores, así cualquiera triunfa. Bye, bye, escrúpulos si quieres mantenerte.
    Cómplices también los consumidores, que nos dejamos llevar por tanta lucecita falsa y acabamos comprando jerseys a 10 euros hechos por esclavos o entrando en una librería guay y creyéndonos igual de “guapos” sin enterarnos de lo que pasa alrededor.
    Para el 2015 pidamos conciencia como ciudadanos y consumidores. Yo soy la primera que hago propósito de enmienda.

  • Como lector asiduo de Jot Down (y comprador en La Central), me sumo a lo muchos que consideramos necesario un artículo explicando un poco más los entresijos de esta cadena, un poco a la manera de aquel artículo sobre El Corte Inglés.

    Gracias y ánimo a los trabajadores

  • Pues y y haciendo por viralizar todo lo que se pueda los comentarios y experiencia de los sufridos trabajadores.

    Sí, una cliente menos.

    La Central, cinismo ilustrado.

  • Hola.

    Con comentarios anónimos en una web o en caralibro poco se va a conseguir. Eso se logra con denuncias a Inspección de Trabajo y con juicios ganados.

    Desde aquí mis ánimos a los trabajadores explotados para que den ese paso, el único que demostrará la realidad de esa empresa. Ese tipo de respuesta puede servir de ejemplo a otros trabajadores… y como aviso a empresaurios de que NO TODO VALE.

    Un saludo.

  • Difundidlo: #BoicotLaCentral

  • Es obvio.
    Cualquier libreria/tiendadediscos/cosaculturalsupercool tiene una finalidad hacer dinero. Y cuanto más grande sea, más dinero quiere hacer.
    Te lo ofrecen con exclusivo-alternativo-megaculturista pero es mentira.
    Es un circo que te ofrecen para hacerse con el control del sector y por extensión del poder social y político (que indudablemente consiguen)
    Si quieres apoyar a la cultura compra en la librería de tu barrio (que casi seguro será familiar) y en la tienda de discos más próxima que fijo que el chaval sabe más de música que cualquier dependiente de la Fnac.

    A todos los modelnos les encanta “Alta fidelidad” ” mi pequeña lavandería” pero al final son solo unos cínicos que van de exclusivo y no saben que sólo son consumidores de grandes superficies

  • Si els amos de La Central són uns pocavergonyes, cal que se sàpia en el món del llibre.
    Solidaritat amb els represaliats!
    Rafel

  • Sólo he comprado una vez y me costaba volver, por la impresión que me dejo el ambiente que se respiraba; más concretamente en la de Mallorca. ¡Quizás fuera por lo que he leido en los +80 comentarios!
    Y teniendo en cuenta que, de por si recurro en casi todo a comercios de barrio, ahí sus quedáis.
    Por cierto, es@s pánfil@s de la llamada “gauche divine”, salvo escasas excepciones siempre han tenido lo que se conoce como el “síndrome pujol” que consiste en envolverse en una bansera de cualquier causa que les viene grande, para intentar crecer un pelín.
    ¡A tomar viento l@s progres de pacotilla! ¡No les déis vuestro dinero!!

  • El anonimato aquí de muchxs ex-trabajadores, incluso años después, delata que aún existe cierto miedo a La Central. Yo trabajé allí cerca de tres años y funcionan con el miedo y el desconcierto militar.

  • La Central es probablemente la mejor Librería de Barcelona. El servicio al cliente es lo único que importa en una empresa y yo salgo muy feliz cada vez que compro allí. Creedme que si un empresario cree que el trabajo de alguien tiene valor hace todo lo posible para que ese trabajador esté a gusto. Otra cosa es que igual todos éstos resentidos niños de mamá que están saliendo por aquí no tienen ni idea de lo que significa trabajar de verdad, servir, innovar, producir, como el 98% de la población de éste país. Quejicas y pedigüeños que creen que por leer novelitas ya son útiles en un negocio en torno al libro. Me gustaría a mí ver el negocio cultural que alguno de éstos heridos serían capaces de montar y mantener.
    Visca La Central per molts anys, voy corriendo para allá a comprar regalos de reyes para todo mi bloque.
    Saludos y feliz año.

    Pedro

  • ¿Cuántas denuncias hay de los trabajadores en el juzgado? ¿Hay trabajadores sindicados¿ ¿representación de los trabajadores? Anteriormente indican que algunos días trabajan 11 horas seguidas varios días. ¿El resto hay compensación de horas? Un comentarista se queja de que a veces trabajan sieten horas seguidas sin descanso, guau, qué barbaridad. Se quejan del sueldo, ¿pueden especificar el sueldo?

    • Teje, nuestra legislación laboral todavía prohíbe trabajar más de seis horas seguidas sin hacer un descanso de 15 minutos. Está en el punto 4 del artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores. Ese que se saltan alegremente tantos empresarios.

  • Ante la aparición de ciertos comentarios en un fórum de internet durante los días pasados en los que se pone en cuestión la equidad y legalidad en las condiciones de trabajo en nuestras librerías, la dirección de La Central quisiera expresar su perplejidad y realizar las siguientes puntualizaciones:

    1) En la gestión de las cuestiones laborales y la definición de las condiciones de trabajo, ha sido siempre compromiso de La Central cumplir escrupulosamente con todos y cada uno de los puntos estipulados por la legislación laboral vigente y recogidos en el Estatuto de los Trabajadores; en las librerías los contratos de trabajo se rigen por el convenio de “Comercio de Artes Gráficas”, y en el Bistró y la cafetería, por los convenios respectivos de hostelería, con el convencimiento de que ningún punto de nuestro reglamento interno contraviene ni la legislación ni dichos convenios.

    2) Ningún trabajador, sin excepción, carece de contrato ni percibe salario ni complemento salarial alguno al margen de la legislación. Ningún trabajador tiene días de vacaciones pendientes de disfrutar devengados antes de los últimos doce meses. Ni los horarios ni los períodos de descanso contradicen lo que establece la legislación.

    3) La plantilla actual de la empresa se compone de 121 personas, de las cuales el 77.5 % están contratadas de manera indefinida, un 9% en modalidad “obra y servicio” y un 13.5% en modalidad “temporal”, incluyendo aquí las personas de refuerzo para la campaña de Navidad.

    4) Las mujeres representan el 61.5% de la plantilla, los hombres el 38.5%; el “staff” lo componen 6 mujeres y 3 hombres.

    5) La antigüedad media de la plantilla en las librerías es de 6.5 años; el 85% de la plantilla de La Central de Callao es la misma desde su apertura, hace dos años y medio. Y durante los últimos cuatro años, tan sólo se ha renovado un 12% de la plantilla de las librerías de Barcelona.

    6) En el restaurante y la cafetería, los sueldos se rigen por los convenios de hostelería respectivos. En las librerías, los sueldos superan lo establecido en el convenio de “Comercio de Artes Gráficas”. El sueldo más bajo (para el puesto de cajero en su primera incorporación) es proporcional a 1.000 euros brutos por 14 pagas (14.000 anuales). El más alto (el de esta dirección) es 2,8 veces mayor. Desde el año 2012, se han mejorado algunos sueldos, particularmente entre los más bajos. En estos cuatro años de crisis, los únicos recortes que se han adoptado son la supresión de los vales restaurante, la no sustitución de algunas bajas voluntarias y la reducción de algunas jornadas laborales, de manera puntual.

    7) Como es natural, reconocemos la plena legitimidad de la aspiración de mejoras en los ingresos por parte de los trabajadores (una aspiración que, por cierto, esta dirección comparte). Confiamos en que estas aspiraciones se podrán cumplir al menos parcialmente y de forma paulatina en cuanto los resultados económicos de la empresa mejoren. Respecto al resto de condiciones laborales, hemos puesto en marcha mecanismos de diálogo para recoger las principales inquietudes y tratar de encontrar soluciones de consenso.

    8) Lamentamos y respetamos los sinsabores o la decepción que el paso por La Central pudo haber dejado en algunos ex trabajadores. No obstante, rechazamos los insultos y muchas afirmaciones injuriosas que se han vertido. Por lo demás, tenemos clara constancia de que no pocos entre los antiguos libreros continúan frecuentando nuestras librerías y algunos incluso colaborando esporádicamente con nosotros.

    No quisiéramos dejar de reiterar lo que ya hemos manifestado en público otras veces: si algún mérito puede atribuirse a esta dirección es el de haber logrado reunir, en el presente y en el pasado, un equipo humano tan valioso. La fuerza y el empuje de La Central proceden enteramente del talento, creatividad, compromiso, entusiasmo y saber hacer tanto de su equipo de libreros como también del equipo responsable del restaurante, la cafetería y el resto de actividades. Estamos seguros que muchísimos clientes lo han podido comprobar de primera mano cuando han visitado nuestras librerías recientemente. Como hemos manifestado a la plantilla, procuraremos que las inquietudes y el estupor que pueda haber surgido estos días a raíz de las cosas dichas en la red, nos brinden la oportunidad para consolidar y mejorar las relaciones entre la empresa y sus trabajadores; y estamos convencidos de que todo ello redundará en beneficio de nuestros clientes y amigos. Así empezaremos el año con buen pie.

    Marta Ramoneda i Molins
    Antonio Ramírez

    La Central

    Barcelona, 31 de diciembre de 2014

    • 1) Aunque es cierto que las condiciones laborales son las del “Comercio de Artes Gráficas” por ejemplo La Central de Callao abre 282 días al año (todos a excepción de Navidad, Año Nuevo y Reyes) y los trabajadores no tienen domingos o festivos libres “por derecho” ni perciben un extra por trabajar esos días (actualmente si trabajan un festivo tienen “horas” para disfrutar, pero la actual responsable de la librería no lleva control alguno de las horas que se les deben a los trabajadores en la denominada “bolsa de horas” y ningún trabajador sabe las horas contabilizadas por la empresa). Cuando corresponde, los trabajadores tienen una hora para comer (no remunerada) pero no tienen ningún tipo de descanso a pesar de poder realizar jornadas de 11 horas de trabajo. Un trabajador puede estar más de 6 horas sin poder salir de caja o moverse de su puesto.

      2) Es rotundamente falso que ningún trabajador tenga días de vacaciones pendientes o días libres u horas sin gastar del año 2014 o del año 2013. Se perciben complementos salariales tales como vales en libros para gastar en la propia librería. Todo siempre revierte en la empresa.

      3) La plantilla contratada como de “obra y servicio” es la plantilla para refuerzo en campañas y también aquella que trabaja en algunos museos como en la Fundación Mapfre, donde todos los trabajadores a excepción de la encargada de la librería son despedidos (finalización de la obra) cuando no hay exposición.

      4) Aunque considero que el staff es parte de la plantilla de la empresa las mujeres representan el 61,5% de la plantilla, pero el porcentaje de mujeres libreras es mucho menor, siendo habitualmente su rol el de cajeras o están en actividades de administración y gestión.

      5) En la apertura de La Central de Callao el equipo inicial de la librería lo formaban 25 personas, de las cuales únicamente siguen 14, lo que supone el 56% de la plantilla y no el 85% tal y como afirman Antonio y Marta. En el caso de El Bistró, únicamente el actual responsable estuvo contratado en los primeros meses de funcionamiento, el resto del personal de camareros y cocineros ha desaparecido.

      6) El sueldo actual de auxiliar de caja es inferior a 800€ al mes, el de auxiliar de librero inferior a 900€ al mes.

      7) Los mecanismos de diálogo únicamente han aparecido a raíz de los comentarios de esta entrevista y movidos por el miedo a la mala prensa y a perder clientes. La Central carece de una representación sindical o comité de empresa a pesar de contar con 121 trabajadores (para dicho volumen de trabajadores debería tener 9 componentes en el comité de la empresa).

      8) No ha habido insulto alguno por parte de los comentaristas y tampoco afirmaciones injuriosas, sino comentarios de trabajadores en la sombra, amigos y ex trabajadores que por una vez se atreven a decir las cosas en voz alta.

      • Lo grande de Internet es que a quienes llevan décadas con la sartén por el mango, cada vez les cuesta más mantener la mierda debajo de la alfombra. Yo no trabajo ni he trabajado para La Central, pero algunas de las cosas que comentas las conozco perfectamente porque, como ya dije, La Central no es ninguna excepción. En el paraíso Occidental del desempleo, donde la legislación laboral no se aplica a todos los trabajadores por igual, este es el “pan nuestro de cada día”. Gracias, Manuel, por compartir esta información. Si los hechos y los datos están de vuestro lado, ninguna campaña de marketing va a poder enterrarlos. Os lloverán palos, especialmente de quienes disfrutan de todos los derechos y protección laboral, y consideran que la precariedad no tiene nada que ver con el momento de entrar al mercado laboral ni el contexto socioeconómico.

    • Sí,yo lo que he podido comprobar es que a la gente que trabaja allí no se la ve muy feliz.Las dos veces que he ido a comprar he salido con la misma impresión y algo huele raro.El karma flota en los sitios y,al final,si no hay justicia eso se respira.He trabajado en sitios parecidos,llevaos por supuestos modernos progres y buen rollistas que ,en el fondo,son explotadores y pijos.No vuelvo a comprar allí.Creo lo que dicen l@s trabajador@s y les doy las gracias por decirlo.

  • Yo trabaje 15 días n la central de Callao en la cafetería…. Indecible el ambiente, el mal rollo entre los compañeros, y el volumen de trabajo.37 mesas,una barra enorme,solo dos camareros.con la sonrisa puesta y dsndo graciss por trsbajar en un stio tan ” guay”y las continuas amenazas q decían venían del jefe q si no se facturaba se cerraba el bistro y ponía estanterías, q sacaba mas dinero.a mi me dejaron después de un dia de trainning al cargo del local. Ni yo les cuadre ni ellos a mí.

  • El comunicado tiene fecha del 31 pero parece que se ha publicado hoy día 1.
    http://www.lacentral.com/blog-imgs/20150101145553_comunidado.png

    Este comentario no aporta nada, casi lo mismo que el comunicado de datos “macro” que firman Marta y Antonio.
    Me parece crítico aclarar la situación de las elecciones sindicales y el comité de empresa, ya que lo de “cumplimos la ley” apesta.

  • Por que no se organiza una Kdd en La Central de Callao para un día concreto en el que manifestar nuestro malestar por este caso de los trabajadores y ver que los clientes además de comprar libros y pagar en caja queremos que La Central sea clara en este aspecto?

    Lo movemos vía Twitter para una fecha de este mes?

    (Recordad que hace poco se hizo una Kdd repulsa ante un caso de discriminación con una pareja homosexual que expulsaron de un McDonald’s en Madrid)

  • Venga, todos a lucir bolsa de la Central por Lavapiés, que es lo más y hay muchos negros. Súper petimetre.

  • Si en esa librería buscan lectores que valoran el compromiso social, la igualdad y la solidaridad no deberían tratar mal a sus empleados porque cuando esas cosas llegan a los oídos de sus clientes, éstos son los primeros en rechazar esas prácticas y por tanto dejar de comprar allí.

  • Vivo en Madrid y nunca he ido a la Central como tampoco voy a FNAC o Casa del Libro. Aunque sean pocas en Madrid aún quedan librerías pequeñas donde puedes comprar igual de bien. Te recomiendan, te hacen precio especial y te buscan el libro que quieres y te llaman cuando está. Yo compro en Miraguano, en la calle Hermosilla, pero hay unas cuantas más. Comprar en librerías y dejar las enormes superficies que “siempre” buscan el beneficio económico

  • Comprar en la Central es de hipsters, pero si os hace ilu yo me sumo a un escrache/piquete/como lo queráis llamar. Podrían aclarar los patronos si es cierto que hay o no representación sindical. Por cierto, la denuncia a la inspección laboral puede ser anónima, no?

  • 121 trabajadores. Recuerdo intentar organizarnos sindicalmente en una empresa más pequeña, donde teníamos ya suficientes contratados para tener peso en la representación. Todos cobrando poco. Las respuestas de los trabajadores oscilaron entre el “ya está el rojo” y el “cucha tú el sindicalista, pues no son mierdas, son tós iguales”. Resultado, todos fueron cayendo uno a uno.

    En una empresa tan grande como La Central significa ni más ni menos que nadie hace nada y luego vienen las quejas de diseño y el escandalito ante la puerta, en lugar de tomar vías que requieren lucha a diario, diálogo con los jefes, reuniones… trabajo, vamos.

    Por otra parte es interesante ver cómo funcionan estas cosas de las redes sociales y comentarios en publicaciones. Ciento y pico empleados, un montón de gente que ha pasado por ahí… y por algo más de una docena de respuestas anónimas (puede ser el mismo una y otra vez, o tres, o cinco), parece que estamos ante la esclavización en unas minas de sal en la Bolivia del XIX. Y a pesar de eso se provoca una crisis de reputación.

    Estas cosas pueden ser peligrosas, ya que se deja sin defensa a alguien ante los argumentos victimistas y las quejas que siempre venden más ante un poderoso. Algo semejante a lo que ocurre, por ejemplo, en Mercadona, donde algún sindicato minoritario movió mucho una serie de quejas repetidas y parece que aquello es el infierno, cuando en realidad sus condiciones no están nada mal.

    De ahí que en este caso sea más fiable enterarse de las denuncias reales puestas o cómo funciona la representación de los trabajadores. No por nada, pueden ser ciertas sus quejas, pero hay que contrastarlas más allá de la queja anónima. Quiero decir, que si con cientos de trabajadores en nómina más otros tantos que han pasado por ahí y no tenemos nada tangible… Y si tampoco hay organización ni queja alguna expresada mediante representación legal teniendo la oportunidad al ser una empresa de tamaño considerable… que donde sí que se está mal es en la pequeña empresa o el comercio familiar, donde el trabajador tiene pocas posibilidades de hacer fuerza. Pero en estos casos no, y sin embargo no hay nada en ese sentido.

    Yo es que he flipado al comentar que ni siquiera los trabajadores saben lo que llevan en la bolsa de horas. Si partimos de que ni siquiera se preocupan por algo así a pesar de echar 11 horas…

    Tampoco nadie ha explicado cuándo se echan esas 11 horas y si luego compensan. Claro que si las echas y luego tus propias horas te resbalan…

    • ¿Con un 24% de desempleo en España y la tasa de desempleo juvenil más alta de la zona euro (supera el 50%) de verdad sorprende que no haya más denuncias? ¿Pero somos conscientes de lo que suponen esas cifras? Entre el subempleo y la nada, ¿qué eliges? ¿Es casualidad que esa ausencia de denuncias se produzca en los sectores más desprotegidos laboralmente? Es fascinante lo rápido que cambia el discurso cuando a quien le toca padecer ciertas condiciones laborales es a uno mismo y no a los demás.

    • Semanalmente casi todos los trabajadores “doblan” (trabajan mañana y tarde) una o dos veces por semana haciendo esas 11 horas (y teniendo una hora para comer).

      En La Central no se ficha, a diferencia de FNAC. El control de las horas extras se debería hacer por parte de la empresa y no de los empleados. No obstante por mucho que un empleado diga que la empresa le debe X horas poco importará ya que la empresa no tiene mecanismos para decir si eso es verdad o no.

      En una empresa donde tu jefe te vigila por las cámaras de seguridad desde otra ciudad para ver qué estás haciendo y llama a los empleados por teléfono para amenazarlos es complicado organizarse para hacer algo sin miedo a que decidan prescindir de ti.

      La Central no es el peor sitio para trabajar del mundo, en todos los trabajos hay cosas malas, pero eso no deja de ser motivo para exponer lo que sucede a diario allí dentro y que hasta ahora nunca se había comentado abiertamente.

  • Jo ja fa molts anys que ho sento dir. Treballo en el món dels llibres i se sap, fa molts anys que aquesta és la fama que té La Central.

    Personalment no he conegut ningú que hi treballés, però sí un parell o tres de persones que hi tenien un amic o la seva parella que hi treballava. Els comentaris eren semblants als que es llegeixen en aquest fòrum. A mi, quan en parlaven, em donava la sensació que en aquesta llibreria s’hi devia estar com en un quartel militar.

    També conec algú que hi va anar a fer una infructuosa entrevista de feina. Em comentava que s’havia sentit menyspreada per l’entrevistador, un home. Gairebé plorava, ella, una persona cultíssima, educadíssima, amb tres llicenciatures, d’una vàlua personal i professional introbables.

    Bé. Si tant se’n parla deu ser que alguna o molta cosa hi ha de cert en tot això.

  • Només volia dir-vos que ací hi ha una resposta de La Central, al seu bloc.

    http://www.lacentral.com/blog/comunicado-106371

    Salut, justícia i pessetes

    Rafel

  • ¿Pero quién os dice que un comentario anónimo ha de ser forzosamente cierto? Puede ser alguien rebotado por un despido que repite seis veces el mismo mensaje, puede estar contando una visión muy sesgada de lo ocurrido, puede incluso ser alguien de la competencia, pongamos la Fnac, que aproveche para desacreditar a esta empresa.

    Me asombra la credulidad de la gente y lo dispuestos que están todos a hacer boicots, escraches y lo que haga falta sin haber hecho ninguna comprobación previa.

  • Para los que os preocupáis por la veracidad de estos comentarios amparados por el anonimato solo dos consideraciones: queda clara que la queja principal es por trato abusivo de parte de la directiva con especial énfasis en lo psicológico (más allá de que los sueldos que se han comentado son miserables, y que el tema de las horas y las vacaciones está por aclarar), por otro lado a estas alturas del pollo, si no fuese así y se estuviese cometiendo una injusticia alguno de los 120 empleados se habría posicionado en sentido contrario. Parece que el silencio en este sentido ha sido bastante elocuente.

  • Antonio Maestre, que es un buen periodista, se ha ofrecido para recabar información. Hay ciertos hechos y datos que se pueden probar, así que aquellos que puedan afrontar las repercusiones laborales o demostrar afirmaciones aunque ya no formen parte de la plantilla, sin son ciertas, deberían ponerse en contacto con él.

    A pesar de la “crisis” del periodismo, hay muchísimo trabajo por hacer. Es necesario dejar de reproducir las versiones oficiales y hablar con las plantillas, conocer las entrañas de multitud de instituciones, empresas y centros que llevan años viviendo de una imagen de color de rosa proporcionada por la visión de sus responsables y los panegíricos de la prensa tradicional.

  • La Central tiene 121 trabajadores. Ni un solo comentario ha defendido la ética profesional de los dueños de la librería. Supongo que los 121 trabajadores saben lo que está pasando en esta página. Ergo…

  • Efectivamente, estoy de acuerdo con C. Un caso paradigmático es el de Mercadona. Con 74.000 empleados y condiciones bastante aceptables, tienen, como es lógico, problemas laborales. Yo mismo los he tenido, y muy graves, en varias empresas donde estábamos cuatro gatos. No digamos con 74.000. Son pocos casos convertidos en memes y publicitados por una cuestión ideológica unas veces, otras seguramente por acción de la competencia.

    Lo objetivo es que no hay denuncias, no hay representación de los trabajadores, no se ponen los sueldos (sólo el más bajo, para ahondar en el victimismo) y no se aclara lo de las horas. Los demás son en realidad pocos comentarios teniendo en cuenta los trabajadores que hay. Muchos de ellos manifiestan que son ex-trabajadores, lo que inciden en la posibilidad de rencor.

    Por otra parte no es muy coherente dar validez a las protestas porque no surge defensa. ¿Quién va a molestarse en defender un trabajo corriente y moliente? “Hola, soy trabajador de esta librería y me gustaría decir que este trabajo es del montón, voy a trabajar y cobro a final de mes y echo mis horas y ya”.

    Pues hombre, en estas cosas el que no exista defensa por parte de los trabajadores no quiere decir que tengan validez las protestas, no seamos infantiles.

    Por otra parte sigo esperando las aclaraciones de sueldos, horarios, compensaciones de las once horas. A estas horas no han salido.

    Por otra parte se habla del trato, pero tampoco se concreta.

    Sinceramente, estos comentarios cada vez me parecen más sospechosillos.

    Menos mal que Antonio Maestre, el periodista justiciero, lo aclarará todo en pos de su tan merecido Pulitzer.

  • La Central vende una imagen y la gente compra esa imagen. Hay infinidad de librerías pequeñas por todo Madrid, de libreros que sólo se explotan a sí mismos para poder sobrevivir. Sin embargo, la gente prefiere comprar los libros en La Central, en la Fnac, en la Casa del Libro y en El Corte Inglés. También los editores prefieren presentar en ellas sus libros porque es más “guay”. Aquí están las librerías de Madrid. Si los de La Central son unos cabrones, vayamos a otras: http://statics.madridiario.es/uploads/f011339cdcd74472ec2d8d5903061e8e

  • En este país está muy mal visto hablar bien de tu empresa, so pena de ser acusado de pelota y cómplice necesario de las tropelías del capitalismo, aunque sea progre.

    Independientemente, yo sí me creo los comentarios de los trabajadores, cobrando eso que cobran y teniendo las aptitudes que la propia Marta admite que tienen, no me extraña que estén cabreados. Si a eso le sumas que fijo que estos dos se lo tienen muuuuuy creído y lo harán notar cuando puedan, jornadas maratonianas y detalles tipo remuneraciones vía vales descuento de la empresa, pues poco me parecen unos simples comentarios aquí. Tendría que haber salido a la luz esto mucho antes y por otras vías, tipo denuncias o algo.

    Por otra parte, muy interesante la repercusión que pueden tener las personas a través de internet, y cómo se achantan enseguida los que nunca lo habían hecho.

  • suelo dejarme un presupuesto mensual en libros: ya sé donde no voy a comprar de nuevo.

  • Yo también pienso escribir, como Antonio Maestre, sobre este tema. Y como él quisiera corroborar y profundizar en los detalles. Tanto desde el punto de vista laboral (si sois tan amables de escribirme a taunesco@gmail.com) como desde el punto de vista de la veracidad del auto-retrato de Marta Ramoneda. Por ejemplo, ¿en qué dirección ha influido Feltrinelli en La Central? O menos importante: ¿hasta qué punto dice toda la verdad sobre sus inicios, eso de que nadie de su familia se dedicaba al mundo de los libros hasta que ella y su hermano (digo yo, que edita en Tusquests, Edicions 62 y ahora La Maleta de Portbou) se pusieron a ello?

  • Croquetiforme, es loable tu esfuerzo por ser garantista pero en tu razonamiento condescendiente se te escapa un detalle, no sé que extraña y gris imagen te haces de un trabajador, pero una acusación de despotismo y abuso a tus jefes es lo suficientemente grave como para tomar parte, aun siendo el tuyo un trabajo corriente y moliente. Pero obviamente es terreno de la especulación, pero la tuya es peor.

  • Me encantan esos community managers de La Central entrando al quite con el capote y sembrando la de “zagales pijeras que no saben lo que es agachar el lomo y currar!!, como el 98% de los españoles!!!”.

    Por favor, contadnos más de vuestras experiencias peleando a mano descubierta por un pedazo de pan en las calles de Calcuta o cosiento camisetas en un taller de Bangladesh.

    Puro amor.

  • Comprad en Librería Delirio de Móstoles. Buscad por ahí sus actividades; o en Traficantes de Sueños, otra librería en la que las cosas se hacen de otro modo.

    Nos pasamos la vida protestando de la cantidad de dinero que tiene Amazon o estas cadenas de librerías (donde, por cierto, me fue imposible encontrar un Tirant (!!!) con texto original en valencià (había varias ediciones vertidas al català), y no apoyamos los proyectos culturales emprendidos por colectivos de libreros solidarios y que hacen un trabajo activista irreprochable. Y así nos va.

Artículos relacionados