Sobre el IVA digital

Sobre el IVA digital

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Manuel Gil / antinomiaslibro.wordpress.com/

La semana pasada algunos medios han difundido dos noticias que considero importantes sobre el tema digital, al menos a mi modo de ver. Por un lado Alemania va a imponer el precio fijo a los libros digitales, entiendo que lo acompañarán de una rebaja del tipo impositivo que pasaría del 19% (IVA al libro digital) al 7% (IVA del libro en papel), y leo que esta rebaja no se aplicaría a los modelos de suscripción, estos modelos, incomprensiblemente, están siendo ampliamente cuestionados tanto en Francia como en Alemania. En ambos casos el origen del debate se sitúa en que se considera que estos modelos bordean el cumplimiento del concepto de precio fijo fijado por el editor.

Fuente original: Sobre el IVA digital | Antinomias Libro.

Por otro lado leo con interés que Italia ha bajado desde el primero de enero el IVA del libro digital al 4%, con el objetivo de impulsar el desarrollo del mercado digital del libro. Sin embargo hay una cuestión que me preocupa, solo tendrán este tratamiento fiscal los libros editados con ISBN, los que no tengan el numerito pagarán un IVA del 22%.

La aplicación de este  tipo de política la he escuchado varias veces en España en estos últimos tiempos. Y me temo que en breve se intente aplicar también aquí.  El planteamiento de tener un IVA digital reducido para las publicaciones con ISBN y otro mucho más alto y oneroso para los que no lo llevan no es defendible. Se trata de una medida que adopta la industria para protegerse de players que no necesitan de ISBN, frenar las plataformas de autopublicación y perjudicar gravemente a pequeños autores y escritores. A mi juicio es manifiestamente discriminatorio y anticompetencial. Cuando en un algún post he planteado la vuelta del ISBN a control público me han señalado con vehemencia de que es un servicio de pago en numerosos países del mundo y de la UE, el problema es que no todo lo que viene de Europa es bueno, y en algunos casos rematadamente malo.

En España, el servicio de obtención de ISBNs fue gratuito hasta 2011,  fecha en la que de manera algo chusca pasó a control de la industria editorial a través de la FGEE, que impuso unas tarifas que obviamente perjudican al pequeño editor, y no digamos ya al autor que se autopublica, lo que era gratuito y funcionaba excelentemente bien pasó a control privado, haciendo de lo público un mercadeo inmisericorde. Usurpar lo público es el camino más corto a convertir en ideología ciertas privatizaciones de servicios esenciales.

En la página web de la Agencia del ISBN se explica a qué responden esas tarifas:
“Las tarifas de la Agencia del ISBN están calculadas para cubrir los gastos de funcionamiento de la propia Agencia”.

¿Seguro? ¿Para cubrir gastos? Vamos a hacer un cálculo aproximado de los ingresos que se han producido en estos años. Desde 2012 a 2015 los editores han comprado 362.234 ISBNs. Calculando un precio medio de 3,5 euros la Agencia habría ingresado en cuatro años 1.086.702 euros. Si el precio medio es de 5,49 los ingresos ascienden a 1.988.665. El ratio de 3,5 y 5,49 se obtiene en función del número de ISBNs que se compran, y se observa en las tarifas públicas de la agencia. Hasta aquí mis cálculos de “brocha gorda”, obviamente los ingresos han podido ser mucho más elevados, como así parece lógico, la cifra final de ingresos que la privatización del servicio ha tenido sólo es conocida por la Agencia. Además, al intentar generar un ecosistema cerrado como es ISBN-Dilve Plus, se está montando un sistema en el que todo conspira contra los pequeños editores, por cierto, Dilve también se ha montado con dinero público. Todos los ingresos que este regalo del Ministerio ha hecho a los editores se puede considerar una subvención encubierta. ¿Y tiene algún retorno social? Obviamente cero patatero.

La única manera no discriminatoria de conocer la influencia de la autopublicación es hacer que los precios de solicitud del ISBN o sean gratuitos o tengan un precio político igual para todos, obviamente muy bajito. Y esto es más fácil imponerlo desde lo público que desde lo privado. El resto de las medidas que parecen imponerse en el mercado tienen un tufillo de medida anti pequeñas empresas de autopubliación, autores y, sobre todo, anti-Amazon, que como bien señalaba la semana pasada Joaquin Rodriguez ya controla  el mercado digital (en torno a un 45% del millón de ebooks diarios que se venden en Amazon son títulos de editores autopublicados, y con unas ventas online de libros físicos de entre el 30% y el 50% del trade. Es por ello que creo injustificable que exista un IVA digital determinado para los libros con ISBN y otro mucho más elevado para los que no llevan el número. ¿Cómo justificar un tipo impositivo determinado para títulos sin ISBN? Si se les considera servicio ¿a qué viene el discriminar por la inexistencia de un numerito? Es evidente que el lobby editorial europeo tiene mucha fuerza, y la creciente demanda de títulos ajenos al ecosistema impulsado por ellos comienza seriamente a preocuparles, pero defenderse con medidas como estas parece cuando menos surrealista. Soy un gran defensor de un IVA cultural superreducido para todas las industrias, sin discriminaciones de ningún tipo. Termino con un ruego a los nuevos poderes públicos: menos IVA y más cultura.

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