Tiempo de aprendizaje. Texto de Gonzalo Pontón explicando su experiencia en la editorial Ariel

Tiempo de aprendizaje. Texto de Gonzalo Pontón explicando su experiencia en la editorial Ariel

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Gonzalo Pontón. Anuario Artes del ensayo. Revista internacional sobre el ensayo hispánico. ISSN Electrónico: 2462-5035

La editorial Ariel había sido fundada a principios de los años cuarenta por dos universitarios catalanes, republicanos, purgados por los vencedores de la guerra civil: Alexandre Argullós, licenciado en derecho, y Josep Maria Calsamiglia, licenciado en filosofía, profesor ayudante de Ramon Xirau en la Universidad Autónoma de Barcelona —la que presidíó Bosch Gimpera— antes de la guerra. Eran una pareja extraña. Argullós, enjuto y encorvado, nervioso y zangolotín, era como un molinillo girando al viento. Soltero entonces, vivía con sus padres, propietarios rurales del Vilosell que le habían dado una carrera para que desertara del campo. Como tantos abogados de souche terrienne, tenía una cultura precaria, ningún conocimiento del mundo y un penchant por soltar latinajos macarrónicos que seguramente se le habían pegado de los manuales de Derecho romano. Pero desde algún fondo oscuro de su genética brotaba una pasión incontenible por convertir el papel en libros, en cualquier libro. Calsamiglia, en cambio, era alto y desgarbado, feo, muy católico y nada sentimental. Nunca había dejado de estudiar, tenía una memoria borgiana, una cultura extensa y un batallón de hijos. Son insondables las razones por las que un Monsieur Jourdain de las Garrigues se ocupaba de los asuntos editoriales y el demoniejo de Laplace de los talleres de imprenta y encuadernación.

Porque, en realidad, ambos socios empezaron comprando la vieja imprenta de los Casanovas, de la Ronda de Sant Pau, que pronto trasladaron a los bajos del edificio modernista propiedad de la editorial Montaner y Simón —en la calle Aragón— de la que adquirieron una vieja maquinaria tipográfica que estaba pidiendo a gritos la jubilación: una enorme máquina plana de imprimir LM, un par de Koenig Bauer mediocres, dos linotipias Mergenthaler, una cizalla y cajas y chibaletes con tipos que manipulaban con destreza dos viejos cajistas honrados de insigne tradición. Imprimían allí, aparte de la remendería del barrio, los (pocos) libros y revistas que se editaban en la Barcelona de posguerra. Pero también los apuntes de clase de sus compañeros de promoción que habían sido premiados con cátedras y prebendas por su fidelidad a la España eterna. Estos apuntes constituían los textos que los alumnos debían estudiar obligatoriamente para aprobar (de hecho eran el único texto de cada asignatura) y los vendían los bedeles de las facultades: los ingresos iban, íntegros, a los catedráticos. Otra miseria de un viejo país ineficiente.

A lo largo de los años cincuenta, los dueños de Ariel llegaron a acuerdos para convertir los apuntes en libros pagándoles a los catedráticos del 15 al 20% del precio que se cobraba a los estudiantes. Poco a poco, el negocio fue creciendo y la actividad editorial se amplió, tímidamente, a libros que ya no eran textos estrictos, sino obras de pensamiento, ensayo —el maléfico género liberal— y divulgación científica, que fue el nicho editorial que Ariel cultivó fielmente a lo largo de su historia. Como que apenas había hecho incursiones en la literatura de ficción —los poemas de Màrius Torres o de Salvat Papasseit— Ariel se mantuvo ajena a la concurrencia de las pocas editoriales que producían libros en la España de los 50: unas estrictamente literarias (Janés, Caralt, Bruguera, Sopena, Salvat…) que retomaban la publicación de los momotombos inocuos para el Régimen: Azorín, Marañón, D’Ors, Menéndez Pidal… y otras —las del «Movimiento»— estrictamente propagandistas y desinformadoras: Ediciones Españolas, Yunque o Jerarquía, que se convertiría en Editora Nacional. Entre estas, alguna comenzaba a editar falangistas menos brutales que Ledesma o Giménez Caballero, como Antonio Tovar, Dionisio Ridruejo, Gonzalo Torrente Ballester o Pedro Laín, que desandaban las rutas imperiales sacudiéndose de las solapas la ceniza de los luceros mientras se pudrían en las zanjas removidas los muertos de mil en mil.

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ISSN Electrónico: 2462-5035

Artes del ensayo. Revista internacional sobre el ensayo hispánico es un anuario dedicado al estudio del género ensayístico, su desarrollo y manifestaciones tanto en España como en América Latina. Propone un acercamiento dinámico y abierto a la prosa de ideas que comprende los ámbitos de las prácticas creativas, la industria editorial, el diálogo con ensayistas actuales o la presencia y avatares del ensayo en internet.

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